Lucidez Chapter 94
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Chapter 94

Volvía de regreso del callejón cuando de pronto me abordó una persona.

—¿A dónde cree que va? —dijo un hombre que aparentaba unos treinta años, con voz firme y un deje de amenaza.

Se interpuso en mi camino, bloqueando cualquier intento de avanzar.

Su peinado raso, rubio como el trigo bajo la luz de la farola, y la cazadora de cuero estrecha de color azabache le daban un aire de agresividad calculada.

Me miró con desprecio y, al devolverle la mirada, sentí un extraño déjà vu, como si su rostro me resultara vagamente familiar, aunque no lograba identificarlo.

—Déjame pasar —exigí con frialdad, tratando de mantener el control.

—Usted no va a ninguna parte —replicó.

El desconocido dio un paso al frente y se me encaró, mostrando una sonrisa socarrona que no presagiaba nada bueno.

—No te acerques tanto —le advertí, apartándolo con la mano. Él reaccionó con un manotazo que desvió mi brazo, solo para volver a acercarse sin inmutarse—.¿Qué quiere?

—Soy el inspector Cristian, de la policía municipal —dijo, mostrando una placa que reflejaba la luz amarillenta de la farola.

—Ya le he contado todo lo que sé a sus compañeros.

—Esos no son mis compañeros, señor Andrés.

—¿Qué quiere? —volví a preguntar.

—¿Qué hace por aquí a estas horas de la noche? Es un poco sospechoso que merodee cerca de la escena del crimen.

—He venido a buscar el coche —aduje, retrocediendo un metro para ganar espacio.

—¿En este callejón?

—Me he perdido —mentí.

—Ya —dijo Cristian, guardando la placa y metiendo las manos en los bolsillos—. A mí me huele a que está usted tramando algo.

—En absoluto —dije, apretando más la bolsa contra mi pecho—. ¿Qué busca exactamente?

—¿Yo? Busco muchas cosas. Busco respuestas, y busco hundirle en la miseria — afirmó, aferrando mi cazadora por el pecho y tirando de mí con fuerza—. Voy a acabar contigo, malnacido.

—¡Suélteme! —escupí, empujándolo bruscamente, lo que lo hizo retroceder dos pasos. —Una cosa que debe saber sobre mí, inspector, es que no me queda mucho por perder. He vivido el infierno en la tierra, y si cree que puede asustarme, es que no sabe lo que es el miedo.

—Mire, detective —dijo, un dejo de desprecio en la voz—. A usted y a mí nos unen muchas cosas. A mí tampoco me queda mucho por perder. De hecho, diría que tiene usted más cosas que perder que yo.

—¿Quién es usted en verdad, y qué quiere de mi?

—Pronto lo sabrá —respondió Cristian, dando media vuelta y empezando a alejarse. Antes de desaparecer en la negrura de la noche, añadió—: Lo tengo en el punto de mira, Andrés. Tarde o temprano, acabará por pagar la deuda de sangre que tiene conmigo.