Chapter 42
—Yo tampoco puedo recordar la cara de mi madre. Para mí es prácticamente una desconocida.
Maribel recuperó la cajetilla de tabaco de la mesa y se encendió un cigarro. Cerró los ojos e inhaló una calada profunda.
—No sé lo que es el amor de una madre.
—¿Qué es lo que te preocupa? —me aventuré a preguntar, con la esperanza de que se abriera del todo.
Maribel apagó el cigarro en el cenicero, arremangó la manta para envolverla alrededor de su cuerpo y dejó escapar una sonrisa fingida, a medio camino entre la pena y la incertidumbre.
—Tengo miedo de no ser capaz de dar el amor que yo no conocí —dijo, mirándome fijamente.
Al principio no supe descifrar lo que quería decir. Pasados unos segundos, me incliné sobre la mesa, frunciendo el ceño y tratando de articular una pregunta que diera sentido a lo que sentía.
—Estoy embarazada —evidenció al fin.
Me quedé mudo, sin palabras ni pensamientos claros.
Un torbellino de emociones me atravesó: alegría, ilusión, miedo extremo, vértigo.
No encontré modo de expresar lo que bullía en mi interior.
Sentí sudores fríos y, al instante, un calor sofocante.
Maribel seguía observándome, esperando mi reacción.
Al fin conseguí dibujar una sonrisa y busqué sus manos entre las mías. Las tenía frías, y yo las sostuve con fuerza. Intenté serenarme, buscando la manera de abordar lo que se nos venía encima. Aún ensimismado, la escuché preguntar:
—¿Qué vamos a hacer?
No os voy a mentir: estaba cagado de miedo.
Debo aclarar que ya bastante difícil me resultaba cuidar de mí mismo, y la idea de tener un bebé me superaba por completo.
Mis conocimientos sobre niños eran tan limitados como los de un carpintero en ingeniería aeroespacial.
Y respecto a Maribel, estaba convencido de que sería una buena madre, pero nuestra relación se resumía en aquellos encuentros nocturnos, así que imaginarme con un hijo de pronto me abrumaba y me hacía sentir totalmente desbordado.
Durante los primeros días mantuvimos todo en secreto. El comisario no sabía que Maribel y yo teníamos una relación, y darle semejante noticia de golpe habría sido un shock para él.
Maribel y yo hablamos largo y tendido, analizando cada detalle y sacamos varias conclusiones.
La primera, y la menos problemática, era que contábamos con estabilidad económica, así que afrontar los gastos no sería un problema.
También discutimos dónde debíamos vivir: mi pequeño apartamento quedaba descartado.
Concluimos que lo mejor sería buscar un hogar más amplio, cómodo y seguro.
Luego, abordamos el tema del compromiso. Hablamos durante horas sobre si lo más sensato sería casarnos y, finalmente, coincidimos en que esa debía ser la decisión adecuada por el bienestar de nuestra familia.
En cuanto pudimos, nos pusimos a buscar una nueva vivienda. Durante el último año había estado ahorrando, así que contábamos con algo de dinero para la entrada. Gracias