Chapter 30
─Bueno… ─la pregunta me había pillado desprevenido. Me quedé pensativo unos segundos, hasta encontrar las palabras adecuadas─. Supongo que la alternativa era delinquir.
─¿Y era la única alternativa?
─No, claro que no. Pero las otras opciones implicaban trabajar en lugares que no me gustan.
─Mucha gente trabaja en oficios que no les gusta —replicó ella con una media sonrisa.
─Supongo que yo no estoy hecho de esa pasta. ¿Te molesta que trabaje de policía?
No había querido sonar brusco, pero me salió sin filtros al sentir que estaba siendo juzgado.
─Solo intento comprenderte —dijo ella—. Con un padre policía, sé bien lo que implica ese tipo de vida.
─¿Así que sabes lo que implica ser policía?
─Sí ─repuso, con una media sonrisa que no dejaba de fascinarme—. Ves mucho más de lo que imaginas y aprendes rápido que cada decisión tiene consecuencias.
Me quedé un instante en silencio, evaluando sus palabras y dejando que el aroma de su perfume y el tintineo lejano del jazz llenaran la pausa. Había algo en su mirada, en la forma en que me observaba sin prisa, que hacía que cada palabra adquiriera peso y cada gesto pareciera medido.
─Supongo que entonces comprendes mejor por qué a veces es complicado ─dije, intentando sonar casual.
─Lo comprendo —contestó, y al inclinarse ligeramente hacia mí, la luz del bar acarició sus ojos verdes—. Pero eso no significa que me guste; solo que puedo entenderlo.
─Y aun así me sigues mirando —susurré, casi sin darme cuenta.
─Sí ─replicó con un toque de picardía─. Porque veo que algunas cosas no cambian con el tiempo.
Hubo un silencio cómplice, un choque de miradas que contenía más secretos y promesas que cualquier conversación que pudiéramos mantener.
─¿Y tú de qué trabajas? ─pregunté para recuperar el control de la conversación.
─Soy fiscal.
─¿Abogada?
─Más o menos.
─¿Papá coge los malos y tú los metes en la cárcel?
Maribel se echó a reír, ligera y musicalmente.
La camarera llegó justo después, posando las copas sobre la mesa.
Saqué un billete de cinco pesetas y pagué, ofreciéndole que se quedara la vuelta.
Sosteniendo el cigarro entre los dedos, Maribel dio un sorbo al brandy mientras me observaba por encima del borde de la copa, con una mirada que parecía desarmarme.
─Después de que desaparecieras, pensé que no volvería a verte ─dijo, cambiando de tema y reconduciendo la conversación─. Todo el mundo hablaba de ti y de lo que ocurrió aquella noche.
─No creí que fuera capaz de llamar tu atención.