Chapter 20
había tomado un camino que yo no estaba dispuesto a recorrer. A veces la lealtad se enfrenta a la moral, y aquella noche aprendí de la manera más dura cuál de las dos debía priorizar.
Me fui al orfanato y me encerré en mi habitación. Durante horas no salí más que para comer y para hacer mis necesidades. No tenía ánimos para nada más.
A los dos días, el diario anunció que una chica había desaparecido. De origen francés, nadie sabía nada de ella desde que se la vio por última vez en la residencia de intercambio. Jacky y Cristian tampoco habían dado señales de vida, así que me puse en lo peor.
El miércoles por la mañana, Ángela apareció por el orfanato y pidió hablar conmigo en el aula de tutoría. Nada más verla supe que estaba molesta. Ahí viene, pensé.
─Llevo sin verte más de un mes ─me reprochó. Estaba tan enfadada que le temblaban las manos─. De verdad que no te entiendo, Andrés. Desapareces días enteros, según el director, y hasta pasas la noche fuera. ¡Tienes dieciséis años y soy responsable de ti! ¿En qué coño estás pensando?
Golpeó la mesa con la palma, soltando un —joder—, y se dio media vuelta para tomar aire. Saqué la cajetilla de tabaco y me llevé un cigarro a los labios. Lo encendí y exhalé una calada fuerte.
─¿Y ahora también fumas? ─preguntó al oler el humo, dándose media vuelta─.
Dame uno.
Me pilló por sorpresa.
─No sabía que fumaras ─musité, ofreciéndole el cigarro. Ella lo encendió y soltó una sonrisa breve mientras exhalaba.
─Intentaba dejarlo, pero los chicos como tú me lo ponen difícil. Alcé una ceja.
─¿Qué? ¿Acaso crees que me dedico solo a ti? ─añadió─. Soy tutora de muchos críos, pero tú eres, con diferencia, el peor.
─Pero si apenas me ves ─repliqué, quitando hierro al asunto─. Y ni siquiera me meto en lo que haces con mis cosas.
─¿Qué cosas? Si no tienes nada, chico ─Ángela cruzó un brazo sobre la mesa mientras sostenía el pitillo con la otra mano─. Vale, ¿quieres jugar a este juego? Llevas todas las de perder conmigo.
Se llevó el cigarro a los labios y dio una calada profunda.
─Escúchame bien, porque solo te lo diré una vez.
Para empezar, quiero que te centres en arreglar lo que te queda de vida y uses todos los medios a tu alcance para terminar los estudios.
Consigue las herramientas necesarias para construir un futuro: uno donde tenga cabida una vida normal, donde puedas formar una familia e incluso aspirar a la felicidad.
»O bien sigues como hasta ahora y me demuestras que no mereces ni un minuto de mi tiempo.
Puedo solicitar que te asignen otra asistencia social si lo prefieres, una que te permita autodestruirte y hundirte como un parásito mientras el mundo te ignora.
─Dejó caer el cigarro y lo aplastó con la punta del zapato─. Así de simple.
Me quedé en silencio. Tenía razón. Durante demasiado tiempo había dejado que la ira y la pena moldearan mi vida. La influencia de Jacky no ayudó, pero no podía echarle toda la culpa a él.
─Tienes razón ─admití, agachando la cabeza─. Debo cambiar mi vida. Ángela sonrió, pero en sus ojos se leían a la vez triunfo y tristeza.
─Más te vale, chico, porque han estado preguntando por ti ─dijo de carrerilla.
─¿Quién? ─pregunté, adivinando la respuesta.