Chapter 18
importaba más que aquella sensación de estar vivos, libres y temerarios, aunque la ilusión durara apenas un instante.
Admito que aquella noche habíamos bebido más de lo habitual, y Cristian comenzaba a balbucear palabras ininteligibles, clara señal de que llevaba un par de cervezas de más.
Discutíamos alguna nimiedad sin importancia cuando vimos salir a una de las francesas, que se encaminó hacia el parque cercano.
La muchacha se sentó bajo la única farola encendida y prendió un cigarrillo con gesto pausado.
Recuerdo su atuendo con nitidez: una falda de rayas que le llegaba a las rodillas, calcetines altos y una blusa azul celeste; llevaba el cabello recogido en un moño discreto y un rubor intenso coloreaba sus mejillas.
Jacky la observaba con un interés evidente, y enseguida entendí por qué le resultaba tan atractiva.
Yo, en cambio, experimenté una mezcla de curiosidad y un leve desasosiego ante la situación que se avecinaba.
Entre bromas y sonrisas nos acercamos al banco. Jacky, notoriamente cohibido, le dedicó una sonrisa tímida mientras escondía las manos en los bolsillos.
─Hola, preciosa ─saludó avanzando un paso.
La joven nos miró con suspicacia y permaneció inmóvil, como si evaluara en silencio si representábamos algún peligro.
─No entiendo español ─respondió con un marcado acento francés.
─No te preocupes guapa, que yo te enseño.
Jacky se dejó caer a su lado y pasó un brazo por detrás de su hombro. El gesto no fue del agrado de la chica, que intentó tomar distancia, forzando una sonrisa nerviosa. Al principio aquello me resultó gracioso, tal vez por que yo lo consideraba uno de nuestros juegos habituales.
─Vamos, no seas tímida ─añadí, sentándome en el extremo contrario del banco .
─Por favor ─susurró la chica sintiéndose arrinconada. Hizo amago de levantarse pero Jacky la retuvo por los hombros.
Cristian sacó un cigarrillo de su cajetilla, lo encendió y se lo ofreció. Ella lo aceptó a desgana, lanzándonos miradas que parecían súplicas silenciosas.
─¿No te apetecería pasar un buen rato conmigo? ─preguntó Jacky mientras deslizaba la mano sobre su rodilla.
La muchacha esbozó una sonrisa forzada, aunque sus ojos revelaban una verdad muy distinta. Ahora sé que debí haber puesto fin a aquello en ese preciso instante. Pero entonces no lo vi claro; era joven, estaba ebrio, y en mí hervían la locura y la lujuria.
Como solo sabe hacer una chica, apartó la mano de Jacky con un gesto sutil, aunque él regresó al instante, más atrevido, y esta vez buscó su muslo bajo la falda. Ella mantuvo aquel mismo semblante ambiguo, una máscara que oscilaba entre la sonrisa fingida y una súplica muda.
─Vamos mujer, no te hagas la estrecha ─soltó Jacky, buscando su cuello con los labios.
La muchacha empezó a farfullar en francés, cada vez más alto y visiblemente enfadada; ya no había rastro de sonrisa, ni quedaba imploración en su mirada, solo rabia y una indignación creciente.
Fue levantando la voz, cada vez más alto, y Jacky intentó tranquilizarla tapándole la boca con la mano.
La chica, en su desesperación, respondió con un mordisco feroz, arrancando de Jacky un grito de dolor.