Luces de ciudad Chapter 19
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Chapter 19

Algo malo por dentro

―Si era un confidente nuestro estamos bien jodidos ―dijo Garanto mientras se llevaba una copa de ginebra a la boca―.¡Cómo lo sabes!

―Las fuentes nunca se revelan jefe, ya lo sabe.

―¡Hijos de puta! ―dijo el comisario negando para sí―. Habla con el inspector de Madrid, al que enviaron a solucionar el caso, ¿cómo te dije que se llamaba?

―Vicente Vela.

―Cítalo aquí en Zaragoza, que venga lo antes que pueda y que se traiga al otro inspector con el que vino a llevar el caso, dile que quiero hablar con ellos con urgencia; pero no les digas nada de esto.

Era la primera vez que se veía con Garanto en un sitio con estilo. Era un club del centro con sillones de cuero negro y camareros vestidos de uniforme que atendían a una clientela selecta.

―Puede que liquidaran a Yousef en la cárcel porque se enteraron de que era un soplón ―dijo el comisario.

Juan decidió guardar silencio, el caso estaba complicado y no quería entrar en un sinfín de elucubraciones con Garanto.

―Todo lo que necesites me lo pides, escuchas, vigilancias o incluso mandar a policías para sacarle información a alguien, lo que sea. ¿Me oyes?

―Gracias comisario, de momento me apaño yo solo; pero lo tendré en cuenta.

Garanto tenía infinidad de problemas, se comentaba que había surgido un nuevo candidato a ocupar la Jefatura Superior de Policía en Aragón, un tapado que había sabido esperar paciente y jugar bien sus cartas: el comisario provincial de Huesca.

Había hecho su carrera en un lugar tranquilo y trabajando bien los despachos de la Delegación y la Subdelegación del Gobierno.

Buenas relaciones con los políticos. Garanto echaba humo.

Juan entendió que lo último que necesitaba su antiguo superior era que se descubriera que el caso de Itziar se había cerrado en falso, eso sería como un torpedo directo a su línea de flotación justo en el momento crítico en la lucha por la jefatura. Garanto suspiró.

―Sigue investigando el asunto y ándate con pies de plomo; ni se te ocurra hablar con la prensa o te despellejo vivo. Y a la madre de Itziar lo justo. ¿Estamos?

―Estamos jefe.

Ambos quedaron en silencio, bebiendo sus copas con parsimonia.

―Escucha, creo que los políticos de aquí me quieren hacer la cama, no les gusto ni ellos me gustan a mí.

Hay una guerra entre dos facciones, por un lado los jefes de la policía en Madrid y por otra el poder político regional, unos me apoyan a mí y los otros tienen su propio candidato.

Si descubres algo escabroso y lo das a conocer mi carrera se acabó, quizá me hagan adjunto o me manden a una comisaría provincial en el interior.

Cuéntame todo lo que averigües y ya decidiremos qué hacer con la madre de Itziar.

Garanto miró fijamente a Juan, que estoico le sostuvo la mirada.

―Pensaba que quería que descubriera la verdad.

―Y quiero que la descubras; pero dame esa información solo a mí, yo veré cómo emplearla. Ayúdame con esto y te cubriré de dinero y de más casos.

Juan asintió lentamente. Bebió su copa y se despidió de Garanto, que se quedó embelesado fumándose un cigarro solo en una mesa discreta del magnífico club.

***

A Juan le entraron unas ganas horribles de beber hasta perder el conocimiento; pero consiguió controlarse.

Se fue paseando hasta la Jefatura de Policía, donde estaba emplazada la Brigada Judicial.

Era tarde pero el horario para un inspector de la judicial era algo ilusorio.

El agente del mostrador sin decir palabra tiró sobre la mesa una acreditación.

Juan la cogió pero no se la colgó del cuello.

Las formalidades le ponían enfermo. Cuando entró en las dependencias de la brigada vio a su antiguo compañero Manuel Boned.

Estaba revisando con interés unos papeles, cuando vio acercarse a Juan levantó la cabeza y torció el gesto.

―Eres pájaro de mal agüero.

―¿Tienes media hora para hablar? Necesito saber cosas.

La cafetería de la comisaría no era el lugar idóneo para hablar de ciertos asuntos así que salieron a dar un paseo.

―¿Qué cojones le pasa a Garanto?

Manuel sonrió.

―Está metido en plena guerra por la sucesión del viejo, ¿te parece poco?, mucha presión, mucho estrés. ¿Te está presionando con lo de Itziar?

―Algo así ―dijo Juan encendiéndose un cigarrillo.

―A Garanto le apoya alguien poderoso de Madrid, por eso enviaron a esos dos súper inspectores para resolverle el caso Itziar, querían que ganase puntos para la sucesión del viejo; pero claro, donde hay unos siempre hay otros, hay una camarilla de políticos de aquí que apoyan al candidato de Huesca, los encabeza el Delegado del Gobierno y el Subdelegado en la provincia de Huesca.

El candidato no es mal policía, se jugó el cuello en el País Vasco en los ochenta, aunque lleva muchos años jugando al juego del politiqueo, le ha salido bien.

Parece que no está claro quién va a sentarse en el sillón del viejo.

―Ya… ―dijo Juan mirando a un vagabundo sentado en un portal abrir una lata de lentejas y comenzar a comérselas―. Todo politiqueo.

―¿Has descubierto algo del caso Itziar?

Juan miró a su viejo amigo, tiró el cigarrillo y lo pisó. Después exhaló el humo y afirmó con la cabeza.

―Necesito que me ayudes con eso, necesito varias cosas; pero me urge que compruebes la salida desde Barajas o desde Torrejón de Ardoz de un vuelo chárter con dos inspectores de policía a bordo, necesito que me digas qué día y a qué hora salieron de Madrid y cuándo llegaron a Zaragoza.

Busca en la semana del nueve de diciembre del año pasado.

Estos son los datos de los inspectores ―dijo dándole un papel manuscrito.

―¿Algo gordo?

―Solo intuiciones. Garanto teme que el caso de Itziar se cerrara en falso.

―Eso acabaría con su carrera.

―Y él lo sabe.

―¿Qué vas a hacer?

―Seguiré investigando, y le ayudaré claro. Creo que se lo debo por todo lo que ha hecho por mí.

―Y ¿qué pasa con la madre?

―No lo sé. Veremos hasta dónde llego. ¡Tú búscame eso!

―Oye, hoy he quedado con los chicos para ver al Madrid ―después del trabajo y cuando había fútbol los chicos de la brigada tenían la excusa perfecta para juntarse y beber unas cervezas―. Estoy seguro de que les gustaría que vinieras.

―Te lo agradezco; pero tengo cosas que hacer.

Los dos viejos amigos se despidieron. De camino a casa paró en varios bares.

Cuando llegó a su piso ya había bebido varias copas y tres o cuatro cervezas.

Abrió el mueble bar y sacó una botella de Cutty Sark, sin vaso ni nada, bebiendo directamente de ella.

Sentado en su sillón, encendió la televisión, pensó en la programación pero no sabía muy bien qué día de la semana era, daba igual, miraba la pantalla sin verla, porque pensaba en ella, en Martina, su preciosa exmujer, en cómo la perdió, en cómo se empeñó en alejarse de ella porque se sentía culpable de lo que había pasado.

Una niña soltándose de su mano corriendo hacía un paso de cebra.

Después de eso no pudo a volver a mirarla a la cara con dignidad.

La culpabilidad lo devoró. Se fue alejando de ella, y al final la dejó porque no era capaz de estar con ella sin sentirse culpable.

Pudo salvar la relación con aquella maravillosa chica; pero prefirió dejarlo todo atrás.

Pasar página como si todo aquello hubiera sido otra vida. Fue un maldito cobarde.

Se quedó dormido. Cuando despertó no sabía si había dormido unas horas o un día entero.

Salió de casa y se metió en el coche. Sabía su dirección porque había consultado la base de datos del padrón, instrumentos con los que contaba la asociación de detectives privados.

Cuando llegó detuvo el coche. Era un barrio bonito, de clase media, lleno de familias.

Muy parecido al barrio dónde ellos se habían mudado cuando llegaron a Zaragoza con su pequeña.

Se quedó aparcado cerca del portal. No sabía muy bien por qué estaba haciendo eso, quizá solo quería machacarse a sí mismo.

No tuvo que esperar mucho para verla. Salió del portal con un niño pequeño y un hombre joven.

Estaba preciosa, su melena morena le caía por uno de los hombros, había cogido algún kilo que la hacía más mujer.

Cuando pasó la mano por la cintura de su pareja Juan sintió como si lo acabaran de vaciar del todo.

Tan solo era ya un recuerdo negro en la mente de aquella hermosa mujer.

Derrotado volvió a coger el coche y regresó a su casa.