Chapter 16
¿Un mundo mejor?
El despertador comenzó a sonar, ruidoso e inoportuno, Lucas tanteó a ciegas la mesilla en su busca hasta que al fin pudo apagarlo.
Bostezó y observó divertido a su compañera, Sara seguía completamente dormida a su lado, con ese gesto en los labios que le hacía tanta gracia.
Se levantó y se asomó al balcón, la callejuela estaba tranquila, sin borrachos ni peleas.
Bajó a comprar algo para desayunar, quería obsequiar a Sara con algo rico, las madalenas del obrador de debajo de casa le encantaban.
Después preparó café, cuyo aroma pareció despertarla.
Risueña le saludó con un beso. Desayunaron compartiendo miradas cómplices y sonrisas. Luego fueron al salón.
—Aquí están —dijo Lucas—. Preparados para ser distribuidos por la zona de la Magdalena y por la universidad.
—Sabes que si nos pillan repartiendo esto se nos va a caer el pelo.
—Lo sé.
—O si a los de los bares se les ocurre chivarse…
—No se van a chivar, los vamos a repartir en los bares que nos apoyan, nunca harían eso…
El panfleto recopilaba toda la información que el misterioso J.
Vidal le hacía llegar a Lucas a su pequeño estudio a través de vagabundos.
Certificaciones de obra hinchadas por parte de la dirección facultativa, la cual era llevada a cabo por una de las ingenierías más prestigiosas de la ciudad.
Certificaban importes mayores a los realmente ejecutados, aprobaban modificaciones y ampliaciones y en definitiva, justificaban el tránsito de dinero desde la administración a la empresa constructora encargada de ejecutar la ampliación de la zona franca.
Estaban robando a manos llenas el dinero público.
Los dos jóvenes recorrieron el barrio entrando en los garitos de su cuerda, nacionalismo aragonés e ideas extremistas de izquierda.
Dejaron papeles en al menos una docena de bares y después pusieron rumbo a la zona de la universidad.
Ahí había varios cafés donde de vez en cuando se hacían debates políticos, Lucas se llevaba bien con los dueños de varios de ellos.
No tuvo ningún problema en dejar ahí sus panfletos.
Después ambos jóvenes fueron al campus universitario dejando por todas las facultades escritos y ya al final se tumbaron en el césped y Sara comenzó a liar un cigarrillo mientras echaba miradas furtivas a su compañero.
—¿Qué te pasa Lucas? ¿No estás contento con lo que hemos hecho?
—Sí y no, si la gente apolítica, la gente normal, ve mi escrito, por el tipo de lugares donde lo hemos dejado, y quizá también por mi estilo agresivo, pensará que es un panfleto político que solo quiere difamar al ayuntamiento y al gobierno autonómico.
Será como una idea aceptada en el ámbito de nuestros amigos y de nuestro entorno; pero no va a saltar al gran público, y como consecuencia, no vamos a conseguir que nadie investigue toda esta putrefacción.
—Desde luego es mejor hacer algo que no hacer nada.
—Ya, pero es frustrante, si con esto no conseguimos que algún medio de comunicación potente se haga eco del asunto, ya no sabré qué hacer.
—Pues harás lo que has intentado hacer siempre, luchar por conseguir que el mundo sea un lugar mejor.
—Con que dejen de robarnos me conformo…
―¿Y si pusiéramos una denuncia?
―Necesitaríamos abogado, dinero, y eso nos pondría en el centro de la diana.
―Quizá el sindicato nos apoyaría, tienen un abogado.
―El sindicato hace lo que le dice el partido, y sé que ellos saben todo esto; pero no quieren meterse. El juego político es una puta mierda.
Sara dio una larga calada al cigarrillo, después se lo pasó a Lucas. Se besaron y durante un instante parecieron olvidar sus férreas convicciones, quizá fanáticas, que les hacían tomar parte en un puzle tan grande y peligroso como ni siquiera podían imaginar.