Luces de ciudad Chapter 15
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Chapter 15

Tipos lejanos con acentos extraños

Esta vez la borrachera había sido de aúpa, y la resaca prometía ser generosa.

Se miró los nudillos, bien, no tenía heridas, y parecía que no le dolía nada, eso le consoló, al menos no se había peleado, aunque el asunto empeoró ostensiblemente cuando al girarse vio a una mujer con melena rubia durmiendo en su cama.

No recordaba absolutamente nada. Se maldijo a sí mismo y se levantó, su ropa estaba tirada por el suelo mezclada con la de su invitada.

Se asomó a la ventana y miró el reloj de pulsera, eran casi las dos de la tarde de un jueves.

¿Qué clase de mujer duerme hasta las dos de la tarde de un jueves en casa de un hombre al que acaba de conocer?

Debía de ser una mujer casada, y su marido estaría de viaje de negocios o algo así.

La observó, no estaba nada mal. Se preguntó cómo podía seguir atrayendo a mujeres hermosas.

En fin, ellas verían. Apagó el cigarrillo en un cenicero de la cocina y puso una cafetera a hervir.

Después se metió en la ducha. Cuando salió la mujer todavía dormía.

Fue a la cocina al oír silbar la cafetera y se sirvió una taza de café solo, únicamente acompañado de otro cigarrillo rubio.

Al segundo sorbo su mente estaba repasando el atestado de Itziar, aunque acosado por los efectos del alcohol, el estar concentrado en algo le mantenía en una zona de relativa tranquilidad y confort.

Fue a su pequeño despacho a coger el atestado y volvió de nuevo a la cocina.

Tras leerlo un par de veces se fijó en el nombre y el teléfono que Garanto le había dado.

Eran del inspector de Madrid que llevó el caso.

Tenía que llamarlo, pero en ese momento se asomó por la puerta la mujer con la que se había acostado, se estaba poniendo los zapatos atropelladamente.

Estaba más buena de lo que había pensado.

—Perdona yo… —balbuceó.

Y sin decir nada más abrió la puerta y desapareció.

Juan se alegró de que los acontecimientos hubieran transcurrido así, una cosa es que estuviera buena, y otra que tuviera que hablar con ella media mañana hasta que se marchara.

Centró de nuevo su atención en el papel con los datos del inspector, y mientras sujetaba el cigarrillo en sus labios descolgó el teléfono y marcó el número que Garanto le había apuntado. Al segundo tono contestó una voz dura.

—¿Diga?

—Me ha dado este teléfono el comisario Garanto, estoy investigando por indicación suya el caso de Itziar Cestero Acón. ¿Eres el inspector Vicente Vela?

—Ah sí, Garanto me dijo que llamarías.

—El atestado es sólido.

—Fue un caso rápido y además tuvimos suerte de que el asesino intentara escapar por la frontera de Bielsa. Si llega a meterse en alguna madriguera de las Delicias o de San Pablo aún lo estaríamos buscando.

—¿Por qué os mandaron a vosotros? Según me dijo Garanto sois dos inspectores de la Comisaría Central de Policía Judicial de Madrid.

El inspector se echó a reír.

—¿No te lo ha contado el cabrón de Garanto?

Juan guardó silencio.

—Garanto es el protegido de alguien importante aquí en Madrid, lo van a poner de Jefe Superior de Policía en Zaragoza en cuanto se jubile el viejo; así que no podían dejar que hiciera el ridículo con este caso.

No podían permitir que no lo resolviera, así que nos mandaron a nosotros.

Pensaron que podía ser un asesino en serie, y allí estaban con lo del clan de los Flores y el asesino de los zapatos, en Madrid pensaron que quizá esto les superaba.

—Y vosotros qué sois, ¿una especie de Colombos infalibles?

—Bueno no sé si tanto; pero nos manejamos bien, piensa que en Madrid tenemos homicidios para aburrirnos.

—¿Cómo fue la investigación?

—Dejamos trabajar a la científica, encontramos un bolso, tenía huellas, las cruzaron con la base de datos y coincidieron con las de Yousef.

Estaba fichado por varios temas de drogas.

Luego las pruebas de ADN y las huellas que encontramos en el barro.

Fuimos a detenerle a su casa pero ya había escapado, como te he dicho suerte que se fue hacia el norte, la Guardia Civil lo estaba esperando.

—Y luego se ahorcó en la cárcel.

—Se ahorcó o lo mataron, el tío debía tener enemigos dentro, otros narcotraficantes y tal; pero sinceramente, un hijo de puta menos. Oye, ¿por qué estás con esta mierda ahora?

—A vuestro amigo Garanto no se le ocurrió otra cosa que mandarme a la madre de la víctima, quiere que la tranquilice de alguna manera. Su nombramiento como jefe ya sabes.

—Sí, ya sé, a ver si lo nombran pronto y se hace cargo de una puta vez de esa mierda de ciudad.

Juan dio una calada profunda al cigarrillo, que se consumió soltando chispas anaranjadas.

—Háblame de la cronología de los hechos.

—El cuerpo de la chica fue descubierto sobre las seis y media de la mañana por una patrulla de la Policía Local, después avisaron a la centralita de la Policía Nacional.

Aún recuerdo la llamada, nos ordenaron ir a Barajas y coger un chárter a Zaragoza.

Los jefazos de la central estaban ansiosos de que llegáramos cuanto antes, lo dicho, no se fiaban mucho de las capacidades locales.

Antes de que llegara el juez de guardia al lugar de los hechos llegamos nosotros, la zona ya estaba acordonada, después ocurrió todo lo que narra el atestado.

—Entonces la encontraron el nueve de diciembre.

—Exacto.

—Bien. Me gustaría poder llamarte por si me surge algo.

—Claro, lo que necesites, si eres amigo de Garanto es lo que hay.

—Gracias.

Y colgó.