Chapter 76
Kai
El teléfono vibró sobre la mesa, entre un café frío y un cuaderno lleno de garabatos que no lograban convertirse en letra. No le di importancia al principio —otra notificación más—, hasta que vi el nombre: Bea. El mundo se me encogió en el pecho. Tragué saliva y abrí el chat con dedos torpes.
Me quedé mirando esas líneas como si fueran un espejismo.
Las leí una vez. Dos. Diez. Hasta que las letras empezaron a bailar en la pantalla.
Sentí un golpe de calor subirme por el cuello.
No era el “te extraño, no puedo vivir sin ti” que estaba esperando, pero era ella.
Bea. Mi Bea. Después de semanas de silencio absoluto, estaba ahí.
Me levanté de golpe, empujando la silla hacia atrás. Carla, desde el otro lado de la sala, levantó la vista de la laptop. Estábamos trabajando en la mezcla final del próximo sencillo. Ella llevaba auriculares enormes colgando del cuello, y un café aún humeante en la mano.
—¿Todo bien? —preguntó arqueando una ceja.
—Sí. —mi voz salió ronca—, todo bien.
Mentira. No estaba bien. Estaba a punto de desbordarme.
El pulgar me temblaba sobre el teclado, tenía mil cosas que decirle.
Quería llamarla en ese mismo segundo, escuchar su voz y soltarle sin filtro que la amaba, que no pasaba un puto día sin pensar en ella, que este corazón de madera que colgaba de mi cuello pesaba menos que la falta que me hacía.
Pero no. Tenía que contenerme y tragarme las ganas.
Si me lanzaba de golpe, corría el riesgo de asustarla.
Carla volvió a hablar, interrumpiendo mi momento.
—El sencillo está casi listo. Si lo quieres en Spotify, Apple, y demás, necesitamos cerrar portada, créditos y fecha. Podemos subirlo esta misma semana para que quede agendado. Tú decides el día del lanzamiento.
La miré, todavía con el corazón golpeándome en el pecho. Sonreí de lado. Sentí algo que no sentía desde Tailandia: esperanza.
—Ya sé qué día quiero. Pero antes… —Levanté el móvil, todavía con el chat abierto—, necesito hacer una llamada.