16. Kai
Hoy rodamos en la cueva. Una locación húmeda, oscura y ruidosa. El tipo de lugar donde todo suena más fuerte de lo que es: las gotas, los pasos, los silencios. El vacío.
Bea también estaba ahí, claro. Llegó antes que todos.
Revisando las paredes falsas de roca que montaron para armar unos túneles falsos dentro de la cueva real, coordinando con el equipo de arte como si el mundo no se le hubiera caído hace dos noches.
Yo intenté fingir que no la miraba, aunque todo en mí giraba hacia ella.
El eco de su voz hablándole a Dani, el gesto rápido de recogerse el pelo con esa pinza improvisada que parecía a punto de romperse.
La blusa suelta de lino que llevaba, parecía absorber el calor pero a ella no parecía importarle.
Me mantuve profesional. Hice las escenas. Corrí, grité, me golpeé la rodilla en una toma mal medida. Me reí del chiste estúpido de uno de los stunts, aunque por dentro solo había ruido.
Ella evitó mi mirada todo el día. Yo, sin embargo, la buscaba todo el tiempo.
Cuando terminé mis escenas, me encerré en mi tráiler.
Me senté en el sofá con las manos sobre las rodillas.
Cerré los ojos y solo pude verla a ella.
Bea cantando en la playa, su voz, burlándose de mi acento al intentar hablar español, su sonrisa haciendo que todo fuera más bonito.
Quise escribirle. Mandarle un mensaje. Un “te extraño”, pero no lo hice, ella ya había decidido.
Me dolía que no hubiera peleado, que no me hubiera elegido.
Dolía que hubiera dicho que me quería y aun así me hubiera dejado con las manos vacías.
Porque yo fui honesto y me abrí. Le conté lo más íntimo de mi historia, elegí amarla a pesar de sus miedos, y aun así, ella había elegido irse.
Claro que me dolía. Pero no la odiaba, ojalá pudiera, quizás así todo sería más fácil.
No podía, porque sabía que no era por falta de amor, estaba seguro.
No podía creer que Bea no me quisiera ni aunque me lo dijera en la cara.
Todo esto era por miedo y lo sabía porque yo también lo había llegado a tener.
Tenía que sacar un poco de lo que llevaba dentro, así que tomé el callsheet del día que estaba en la mesa y empecé a escribir en la parte de atrás.
No era una canción de amor: primero eran palabras sueltas, algo que pusiera nombre a este puto caos que me estaba matando.
Tachaba, escribía, volvía a tachar. Ni siquiera supe si terminaré la canción, pero tenía que sacarlo o me iba a ahogar.
Tal vez no la escucharía nunca, tal vez nunca la terminaría, pero de momento tenía que salir.
Mientras la escribía, entendí que no había metáfora que me salvara del hecho de que la extrañara más de lo que pensaba que se podía extrañar a alguien que todavía estaba cerca.
[Fragmento de letra – Kai]
Ven y regálame un día
Y que mañana no exista
El tiempo no es el indicado
Déjame sentirme vivo otra vez
Escribía sin pensar, como si las palabras salieran solas, cuando escuché un golpe suave en la puerta.
—¿Estás vivo? —preguntó Alex, asomándose con una botella de cerveza en la mano.
Rodé los ojos, pero no dije nada. Él entró de todos modos.
—Traje refuerzos —dijo, dejando las cervezas en la mesa. Se sentó en la otra punta del sofá y me miró—. ¿Y? ¿Vas a dejar que esto acabe así?
Lo miré sin girar del todo.
—¿Qué más puedo hacer, Alex? No puedo obligarla a quedarse.
—No. Pero puedes recordarle por qué se quedó en primer lugar —respondió sin dudar—. Tú no eres el tipo que se rinde sin pelear.
—Tal vez no soy tan valiente como pensaba —murmuré.
Hubo un segundo de silencio. Luego Alex dijo, bajando la voz:
—Lo siento bro, pero por el lado bueno ya nadie habla del TikTok de Sophie. Duró lo que duran todos los escándalos de mentira: dos días y medio. Ahora están ocupados debatiendo si Sabrina mató a su ex en el video de Feather. Te lo juro, la gente olvida rápido.
—Bea no olvidó —dije—. Ella sintió cada mirada, cada mensaje, cada maldito comentario, y no puedo culparla. Ella no firmó para esto. Solo se enamoró del idiota equivocado.
—¿Equivocado? Jamás. Eres un tío increíble, Kai.
De verdad. Ojalá cualquiera tuviera la suerte de estar contigo, pero sinceramente siento que te estás quedando de brazos cruzados.
—Me miró como si esperara que reaccionara—.
¿De verdad vas a dejar que esto termine así?
Porque yo sigo aquí esperando a que se te ocurra cómo vas a hacer que Bea vuelva contigo.
¿Has pensado en subir un video? Algo corto.
Tipo: “No crean toda la mierda que leen, la amo. Fin”.
Igual te vuelves trending por las razones correctas por una vez.
Bajé la mirada.
—Lo pensé. Créeme que lo pensé.
—¿Y?
—No quiero arreglar esto con más exposición para Bea.
Alex frunció el ceño.
—¿Ni aunque sea para que paren los comentarios?
Suspiré.
—¿Y si es peor? ¿Y si la hace sentirse más vulnerable?
Ya tuvo bastante. No sé si pueda soportarlo.
Aunque sea con buena intención, ya sabes cómo pueden llegar a ser las fans.
—Me pasé las manos por la cara—. No quiero defenderla si eso significa ponerla más en el centro.
Ella odia eso. Lo último que quiero es volver a herirla por intentar protegerla.
Alex me observó un segundo más y luego bajó la voz.
—Entonces haz algo, Kai. No por el público. Por ella y por ti. No tienes que subir un video, pero no puedes quedarte quieto esperando que el tiempo lo arregle. Tú quieres estar con Bea y todos sabemos que ella te quiere, ¿no?
—Ya no lo sé, Alex —respondí, por primera vez diciendo en voz alta un pensamiento al que no quería darle permiso de existir. Me quedé quieto. Las palabras me atravesaron—. ¿Y si ya es tarde?
—Nunca es tarde amigo —dijo, levantándose. Me dio una palmada en el hombro y se fue, sin decir nada más.
Me quedé ahí. Con la libreta abierta y la canción a medias. Con la idea de que tal vez tenía que empezar a despedirme porque sentía que me estaba quedando sin opciones. Volví a escribir. Esta vez más lento, con el corazón desbordado.