14. Bea
Desde que tomé distancia, todo se volvió más difícil.
Evitaba coincidir en el set, todo para no tener que enfrentar sus ojos.
Para colmo, esos días empezó a llover sin descanso.
El cielo parecía copiarme. Cielo gris, rodaje atrasado, exteriores cancelados, producción maldiciendo el clima y yo en silencio sintiendo que algo allá arriba tenía demasiado sentido del humor.
Sabía que me estaba alejando de alguien que no lo merecía, pero aun así, no podía parar.
El ruido en mi cabeza era insoportable. ¿Y si no fue nada?
¿Y si fui yo la que no supo sostener la confianza?
¿Y si esta vez también soy yo la que se aleja sin preguntar?
¿La que no lucha, no grita, no exige respuestas?
¿Desde cuándo me volví tan jodidamente cobarde?
No volví a revisar ninguna red social. Quería paz, y por esa misma razón no lo busqué, ni contesté sus llamadas.
¿Sabía que era injusta con él? Sí. ¿Eso detenía mi cerebro?
No. Mi cabeza era un episodio de Euphoria, solo que sin el soundtrack cool ni los filtros lindos.
Me estaba castigando por tener miedo y lo peor es que ni siquiera estaba segura de qué temía más: perderlo o perdonarlo.
—Bea —dijo Dani acercándose con una carpeta en la mano—, vestuario está medio perdido.
La miré. —¿Perdido con qué?
—Martín quiere mover la escena interior al set del apartamento…pero no tienen claro cuál estamos usando, y necesitan decidir el abrigo ya porque la paleta cambia.
Fruncí el ceño. —Eso lo cerramos ayer.
—Ya pero con la lluvia todo se movió —respondió rápido, casi demasiado rápido—. ¿Puedes ir un segundo? Vivian está en el tráiler.
La miré un poco más de lo normal. —¿No puede venir ella?
—Está ajustando a uno de los actores. Es más fácil si vas tú.
—Vale —dije.
Caminé hacia el tráiler repasando mentalmente combinaciones de color; azul grisáceo con abrigo verde oliva no funcionaba.
Toqué la puerta pero nadie respondió, así que entré.
—¿Hola?
El aire olía a desodorante, tela húmeda y algo dulce.
No vi ninguna urgencia de vestuario pero sí lo vi a él.
Kai. Estaba sentado en un banco angosto, con el guion abierto en las rodillas, las manos entrelazadas, los ojos cansados.
Se levantó en cuanto me vio y yo hice lo que usualmente hacía cuando no quería sentir: fingí que nada pasaba.
—Perdón, pensé que Vivi estaba aquí.
—Bea…
Mi nombre, dicho con esa voz. Me detuve en seco, no me giré enseguida pero tampoco salí.
—Dame solo un minuto —dijo—. Si después de eso quieres irte, lo acepto.
Cerré los ojos un segundo y me giré lentamente, con miedo y con orgullo, pero me quedé porque aunque no quería escucharlo, necesitaba hacerlo.