SOPHIE (732 PM LA)
Kai
No me enteré de nada hasta un rato después. Estaba en escena, concentrado en no olvidar las líneas, con el sol pegándome en la nuca y el calor haciéndome sudar hasta los pensamientos. El equipo estaba en modo automático: luz, cámara, marcar, repetir. Todo iba bien, o eso pensaba.
Después de la escena, salí del set a buscar agua.
Me quité la camiseta empapada y la dejé sobre una silla cualquiera, respirando con las manos en las caderas.
Sentía la sal secarse en la piel, el cuerpo pesado.
Entonces vi a Alex, de pie cerca de los monitores, con una expresión que no le conocía.
Me llamó con la mirada y fui hacia él, pensando que le pasaba algo.
—Oye —dijo serio, solo sacó su teléfono y me lo puso frente a la cara. Era un video en TikTok de una chica en primer plano.
Una chica en primer plano. Sophie. Nos conocimos el año pasado en una sesión de fotos para una marca.
La química fue rápida, fotos bonitas, unos tragos después de la sesión, y una cosa llevó a la otra pero realmente nunca fue nada serio, al menos para mí, y si soy sincero creo que para ella tampoco.
Sophie era más de aparentar. Llegó un punto en que sentí que me usaba para sumar likes y ahí fue que decidí acabar lo que teníamos.
En algún punto mi agente insinuó que “formalizarlo” públicamente podía ayudar a cerrar otros contratos.
Me reí en su cara y a las dos semanas lo terminé.
Honestamente, este video me tomó por sorpresa, aunque pensándolo bien no tanto.
Sobre el video aparecía flotando como una trampa en cámara lenta:
“¿Cuándo nos vemos? Ya te extraño.”
No había respuesta mía, ni fecha, ni conversación previa. Solo ese mensaje. Como si yo hubiera abierto esa puerta. Me quedé mirando la pantalla, pero no dije nada.
—¿Esto es verdad? —preguntó Alex en voz baja, sin juzgar.
—Sí y no.
Frunció el ceño.
—Amigo, no te sigo.
Saqué el móvil y abrí el chat con Sophie, aquella madrugada absurda en la que decidió escribirme como si el año pasado no hubiera terminado ya. Le pasé el teléfono.
—Lee.
SOPHIE (7:32 PM LA):
Hey.
SOPHIE:
Acabo de ver algo tuyo y me acordé de ti.
SOPHIE:
Estás grabando en Tailandia, ¿no?
¿Cuándo nos vemos?
SOPHIE:
Te extraño.
KAI (6:08 AM TH):
¿Qué pasa?
SOPHIE:
Nada. Solo estaba pensando en nosotros.
Lo que tuvimos no fue cualquier cosa. A veces siento que lo dejamos en pausa.
KAI:
No fue una pausa.
SOPHIE:
¿Seguro?
KAI:
Sí.
SOPHIE:
Podría ir a verte.
KAI:
No hagas eso.
SOPHIE:
¿Por qué? ¿Te pondría nervioso?
KAI:
Simplemente no.
SOPHIE:
¿Hay alguien más?
KAI:
Sí.
SOPHIE:
¿Te importa?
KAI:
Mucho.
SOPHIE:
Wow.
Alex comparó mi chat real con la captura del video y no tardó ni diez segundos en entenderlo.
—Ha recortado todo —murmuró.
—Claro que lo ha recortado.
La captura flotando en TikTok mostraba únicamente su mensaje, sin fecha, sin contexto, sin mi respuesta cerrando la puerta. Lo suficiente para que alguien que no quiera pensar demasiado saque conclusiones rápidas.
Me pasé la lengua por los dientes, sintiendo esa presión incómoda en el pecho que no tenía nada que ver con culpa, sino con impotencia.
—¿Bea lo vio? ——pregunté, ya sabiendo que esa era la única pregunta que importaba.
—No lo sé, la mitad del equipo sí. Así que, si no lo ha visto, lo va a ver.
Sentí que el calor del set se me metía en el pecho, pero ya no tenía nada que ver con el sol, era otra cosa. Una mezcla jodida de rabia, culpa y esa sensación horrible de saber que algo que no hiciste podría hacerte daño. Que podía dañar a la persona que más te importaba.
Porque ese video era mentira. Una mentira vestida con mi voz, con mi cara, mi historia. Una trampa disfrazada de recuerdo, y ahora ese recuerdo tenía la capacidad de romper todo lo que estaba construyendo con Bea. Todo lo que apenas estaba empezando a creer merecer.
Me pasé la mano por la nuca, empapado, como si pudiera escurrirme las ganas de gritar. Busqué a Bea con los ojos pero no la vi.
—¿Dónde está?
—La vi hace un rato por el basecamp. No ha dicho nada —respondió Alex.
Por un segundo respiré, porque si no había dicho nada, tal vez —solo tal vez— no lo había visto. Tal vez aún estaba a tiempo de explicarle. Saqué el móvil, busqué su nombre y…
—Kai, te necesitamos en posición —dijo Ana, llamándome al set.