11. Bea
La primera semana fue un torbellino. Rodamos cuatro escenas de acción completas en cinco días. El clima cooperó y la logística no falló. Martín incluso bromeó con que eso solo significaba que la segunda semana sería un infierno y tal vez tenía razón, pero esa todavía no era mi guerra.
Yo llegaba temprano al set, me quedaba hasta tarde revisando lo que se había montado para los próximos días, ajustaba decorados, afinaba detalles y daba ok a cosas que ya nadie veía, pero que yo no podía ignorar. Era mi manera de estar presente y honestamente, de disfrutar el proceso.
Kai y yo no tuvimos que hablar de lo nuestro.
Estaba ahí, en cada mirada sostenida, en cada roce que no era del todo accidental.
No siempre nos veíamos en el set. Yo muchas veces estaba en avanzadas, él en escena, pero digamos que gravitábamos en el mismo universo, vivíamos en nuestra propia burbuja.
El equipo hablaba, claro que hablaba, pero nadie preguntaba nada directamente. Luis me hacía guiños, Dani se limitaba a sonreír, de repente todo el departamento de vestuario era mucho más amistoso conmigo y Leira sorprendentemente dejó de ser tan amistosa con Kai y empezó a serlo con Alex.
Hoy habíamos cerrado la semana con una escena técnica y una rueda de prensa con el cast en el set. No tenía nada que hacer allí pero me quedé un rato cerca, con la excusa de supervisar un set que ya no necesitaba nada.
Me senté en la zona de producción, con un café en mano, viendo los monitores desde lejos. Kai estaba en el centro de la mesa, con el logo de la película detrás. Se veía cómodo y profesional. Nada que ver con el tipo que anoche me quitó la ropa como si le fuera la vida en ello.
—Primera pregunta para los dos protagonistas —dijo una periodista, mirando a Alex y a Kai—. Ya habían trabajado juntos antes, ¿cómo ha sido volver a compartir proyecto?
—Un poco como reencontrarte con tu ex, si la ruptura fue buena —bromeó Alex, causando risas en la sala—. No, en serio. Nos conocemos bien, y eso ayuda. Sabemos cuándo darnos espacio y cuándo empujarnos a más, y esta historia lo pedía.
Kai asintió. —Sí, es raro porque esta vez estamos en otro registro.
. Antes jugábamos a la comedia, aquí la carga emocional es distinta, es más física, más interna.
Volver a trabajar con Alex fue una suerte, sinceramente lo admiro desde que lo conocí, aunque no se lo diga seguido porque se lo cree rápido.
Risas otra vez. Luego, una periodista de prensa internacional preguntó:
—¿Cuál ha sido la escena más desafiante hasta ahora?
Lina que interpretaba a mi hermana, fue la primera en responder:
—El cruce del río sin duda. Frío, agua hasta la cintura, barro y una cámara flotando que había que seguir sin parecer que sufrías hipotermia. Fue un ballet técnico y humano: cada paso medido, cada gesto controlado para que el cuerpo no delatara lo que estaba pasando.
—Y lo lograron con una coreografía perfecta —intervino Martín desde el fondo—. Aunque los insultos no quedaron en el audio lamentablemente.
—¿Qué dirían que hace diferente a esta producción de otras del mismo género? —preguntó alguien más.
Kai respondió esa:
—El guion tiene alma. No es solo una aventura. Es una búsqueda emocional para cada personaje y eso se nota. Creo que eso lo va a sentir el público también.
Entonces, de la nada alguien dijo:
—Kai, llevas años sin hablar de tu vida personal. ¿Podemos saber si hay alguien especial ahora?
La pausa fue mínima, pero el peso para mí, fue total. Kai bajó un poco la mirada, con una media sonrisa. No esquivó la pregunta, pero tampoco se dejó atrapar por ella.
—Nunca he hablado de mi vida personal y este no va a ser el momento en que empiece a hacerlo. Solo puedo decir que estoy feliz, muy feliz.
Algunos se miraron entre sí. El silencio duró una respiración de más, pero a mi me bastó para saber que hablaba de mí. No necesitaba gestos públicos ni nombres propios porque esa respuesta, así de medida, así de elegante, era para mí.
Después de eso vinieron más preguntas técnicas: sobre las locaciones, la banda sonora, los stunts, pero yo ya no estaba escuchando del todo porque por primera vez en mucho tiempo, me sentía en un lugar muy bonito, sentía que alguien me respetaba y me cuidaba, incluso sin decir mi nombre.
Cuando me subí a la van para volver al hotel, sonó mi móvil:
KAI:
Mi felicidad tiene nombre y se llama Beatriz, Bea para los amigos, y Bee para mi.
Me dejé sonreír por dentro en el asiento trasero y, ¿a quién engaño? También por fuera, por todo lo que estaba a punto de venir. Sin esperarlo, otro mensaje:
KAI:
Espérame despierta.
Prometo compensarte ;)
BEA:
Te espero. Luz apagada, pero yo despierta.