Luces, cámara, amor Chapter 48
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Chapter 48

Kai

Las luces ya estaban montadas cuando llegué. El sol apenas asomaba y yo tenía arena en los zapatos y un beso en los labios que no pensaba borrar en todo el día.

Bea se había ido antes que yo. Vestida de negro, tablet bajo el brazo, caminando con esa seguridad que tiene cuando pisaba territorio propio.

La vi peinarse el pelo desde la puerta del baño antes de salir, concentrada incluso en eso.

Lo último que sentí fue su boca en la mía, firme, tranquila, y esa frase que todavía me daba vueltas en la cabeza: Yo estoy muy viva.

Estaba sentado en una silla plegable justo fuera del set, el texto en la mano, vestuario puesto, mientras el murmullo del equipo de dirección rebotaba por los radios y todo suena sospechosamente organizado.

Primer día de rodaje, ningún drama, ninguna emergencia, nadie llorando en el baño.

Milagro cinematográfico. Alex está a mi lado, revisando el guion conmigo mientras me daban los últimos retoques de maquillaje.

La chica de maquillaje me levantó el mentón con dos dedos y me dijo que dejara de mover la cara; yo intentaba concentrarme en las líneas, mientras Alex me recordaba una intención que, según él, tenía que sentirse menos héroe y más humano.

Asentí, aunque la verdad era que mi cabeza estaba a unos metros de aquí, vestida de negro junto al equipo de efectos especiales revisando una palmera falsa que en unos minutos iba a volar por los aires.

El set de hoy era el “Chiringuito de Playa”.

En el guion parecía algo sencillo pero en persona es otra historia.

Habían levantado un bar de madera medio destartalado frente al mar, con tablones envejecidos, botellas colgando detrás de la barra, redes de pesca amontonadas en una esquina y un letrero torcido que parecía haber sobrevivido demasiadas tormentas.

Había cajas marcadas con salitre falso, arena acumulada en rincones estratégicos y una terraza improvisada con mesas desiguales que parecía llevar años ahí.

Todo daba la impresión de estar descuidado, pero no lo está.

Cada grieta estaba diseñada, cada botella colocada para romperse en el momento exacto.

La palmera falsa, esa que Bea revisaba con la concentración de alguien que sabe que si falla un tornillo, nos llevaría media escena por delante, estaba preparada para explotar cuando mi personaje dispara y arrancara la persecución.

Sabía todo eso porque Bea no había parado de enseñarme el proceso.

Me mostró planos, renders y pruebas de materiales.

Me enseñó la estructura cuando todavía era solo madera sin pintar y me explicó cómo iban a envejecerla, cómo iban a “ensuciar” lo perfecto para que pareciera real.

Hace unos días esta playa no tenía absolutamente nada.

Ahora parecía que llevaba años contando historias.

Verlo en vivo era otra cosa, algo ridículamente impresionante. El set se veía brutal y no había contratiempos, cuando Martín llegó, lo dejó claro frente a todos:

—¡Felicidades al equipo de arte por superar mis expectativas, una vez más!

La ví absorber el elogio con una sonrisa pequeña antes de volver al trabajo. No me había mirado en todo el rato. Estaba completamente concentrada moviéndose con esa autoridad tranquila que no necesitaba levantar la voz.

La cámara entró en posición y Martín levantó la mano.

—Bloqueamos primero.

Nos movimos todos al set. Me colocaron en mi punto, ajustaron las posiciones en el suelo, corrigieron los ángulos y probaron el movimiento de cámara mientras efectos especiales repasaba la palmera falsa una última vez.

Yo recorrí la acción paso a paso: el disparo, cruzar la barra, saltar la mesa, rodar por la arena…

todo medido antes de que la explosión arrancara la persecución.

Antes de empezar a grabar Martín pidió un círculo y todo el equipo nos acercamos.

Yo “casualmente” terminé al lado de Bea.

Nos quedamos hombro con hombro mientras Martín hablaba de energía, de confianza, de empezar fuerte.

Yo asentía como si estuviera absorbiendo cada palabra, pero en realidad estaba midiendo la distancia entre su mano y la mía.

Mi dedo rozó el suyo, y poco a poco deslicé mi mano hasta que mis dedos terminaron entrelazados con los suyos, ocultos entre los cuerpos del equipo.

Invisible para cualquiera que no estuviera buscando.

Su pulgar respondió acariciándome lento hasta que me soltó de repente cuando el círculo estalló en aplausos, ya que Martín había terminado, pero antes de que todos se dispersaran, me incliné hacia ella y le dí un beso rápido en la mejilla.

No supe si alguien me vió, ni me importó, y a ella tampoco, porque me miró con una sonrisa traviesa dándose la vuelta rápidamente hacia el monitor.

—No la cagues en la primera toma —dijo Alex apareciendo por mi izquierda, ajustándose el chaleco.

—Tranquilo, amigo. Eso te lo dejo a ti.

—Muy gracioso.

Sacó el teléfono sin previo aviso.

—Selfie de primer día, sonríe a tus admiradoras.

Me acerqué todavía con arena pegada al vestuario y la cara medio seria. Él puso una expresión dramática; yo intentaba parecer profesional.

—Perfecto. Evidencia de que empezamos vivos —dijo guardándose el móvil.

Bea ya no estaba con nosotros. La ví al fondo, hablando con cámara y revisando algo en el monitor, completamente metida en su mundo.

—Kai, Alex, en posición por favor —llamó Ana.

—Let’s do this—dijo Alex dándome un golpecito en el hombro.

Caminamos hacia nuestras posiciones mientras ajustaban luces y efectos. El coordinador de stunt me repasó el recorrido una última vez y desde mi marca alcanzaba a ver el monitor.

Respira. No pienses en cómo encaja contra ti. No pienses en cómo tu cuerpo todavía la recuerda.

Hace años que actuaba frente a cámaras, pero nunca me había costado separar ficción de realidad.

—Recuerda el retardo —dice el de efectos—. Dispara y cuenta medio segundo.

Concéntrate.

—¡Silencio en el set! —dijo Ana—. Cámara

—Rueda. —dijo Domi, el DP.

—Sonido. —exclamó Ana.

—Grabando… —dijo Roy.

—Tres, dos, uno… —continúo Ana.

Martín levanta la mano.

—¡Acción!

Mierda.