Chapter 47
Desperté unos minutos antes de que sonara la alarma. Mi cuerpo sabía que era hora, pero no estaba cansada. Acababa de vivir —sin exagerar— la mejor noche de mi vida.
Afuera el cielo seguía en ese azul profundo que casi parecía negro, aunque la habitación no se sentía oscura. Olía a él, a nosotros. A playa, a piel tibia, a sexo reciente, y a esa risa que aún se quedaba pegada en las sábanas.
Kai dormía pacíficamente, el pelo completamente fuera de control, una mano pesada sobre mi cintura, incluso en sueños reclamándome. Me giré apenas para mirarlo unos segundos, los suficientes para confirmar que no había sido un sueño.
Me incorporé sin hacer ruido y me moví en silencio por la habitación.
Me duché rápido y mientras me cepillaba los dientes, me miré al espejo: tenía el pelo revuelto, la piel ligeramente sonrojada, los labios más hinchados de lo normal y esa mirada rara, esa que no recordaba haber visto en mí.
Me vestí con el conjunto que había preparado el día anterior temprano: pantalón de lino oscuro, top negro sin mangas, gorra para el sol y mis zapatillas viejas llenas de pintura seca.
Uniforme de guerra para el primer día. Preparada y sintiendo una calma extraña en el pecho.
Kai seguía dormido. Me acerqué despacio, acaricié su pelo y le di un beso en la frente.
—¿Ya es hora? —preguntó medio dormido.
—Sí. Primer día. Hora de fingir que no estamos muertos por dentro.
Sonrió, todavía medio dormido.
—¿Tú lo estás?
—No —le respondí, con la voz baja— Yo estoy muy viva.
Me miró fijamente, sin bromas esta vez. Algo en su expresión me recorrió la espalda. Antes de que pudiera reaccionar, me tomó por la cintura y me tumbó sobre él con facilidad.
—Cinco minutos más —murmuró.
Me rodeó con los brazos, enterrando la cara en mi cuello.
—¡Kai! Tenemos que ir a trabajar —le respondí sin evitar reírme también.
—Cinco minutos, Bea. Negociemos.
—No hay negociación.
—Entonces chantaje emocional.
Me besó la mandíbula, después la mejilla, luego el borde de la oreja.
—Tu cuello huele increíble.
—Es mi acondicionador.
—Quiero casarme con tu acondicionador.
Solté una risa que no pude contener y el siguió besándome la cara con entusiasmo torpe. Entre beso y beso solo pensaba una cosa: este chico es mi problema favorito.
Entonces sonó la alarma y Kai gruñó contra mi cuello.
Me estiré sobre él para alcanzar el teléfono antes de que decidiera ignorarlo.
Deslicé el dedo por la pantalla para apagar la alarma y en ese mismo gesto, vi varias notificaciones acumuladas de un contacto llamado “S”.
Mi curiosidad se activó al instante. ¿Quién será S?
Me quedé un segundo mirando la inicial sintiendo una punzada leve.
¿Desde cuándo tenía una S escribiéndole a las cuatro de la mañana?
No empieces. Podía ser cualquiera, alguien de producción, un error de horario.
No iba a convertir una letra en una historia que todavía no existía.
Respiré hondo, bloqueé el teléfono y lo dejé boca abajo en la mesita.
No iba a dejar que una inicial me arruinara la felicidad que todavía llevaba pegada a la piel.
Logré incorporarme y le di un beso corto en los labios antes de separarme.
Me colgué la mochila, agarré la tableta y salí al pasillo.
Siempre me gusta llegar antes que el equipo, sobre todo el primer día.
Había algo especial en entrar al set cuando todo estaba en pausa, cuando todavía nadie había invadido el espacio.
En el ascensor, justo antes de que las puertas se cerraran, me descubrí sonriendo. Llevaba su olor en el cuello, su risa en la piel y sus “cinco minutos más” enredados en las costillas. Por alguna razón, eso me hacía sentir invencible.