Luces, cámara, amor 3. Bea
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3. Bea

No lo vi. Quizás era mejor así, o eso quería creer, mientras pasaba de una reunión a la siguiente sin detenerme a pensarlo demasiado.

Sabía que Kai estaba por ahí. En alguna parte de las oficinas, quizás en otra sala o en el otro extremo.

Ensayos, lectura de guion, medidas de vestuario, pruebas de maquillaje.

Su propia rutina, o quizás no. Realmente, los actores por lo general no llegan con tanto tiempo de antelación al rodaje, aunque conociendo a Martín, esa decisión fue obra suya.

Seguro quiere conocer más a los chicos. Esta película tiene un reparto coral, pero realmente podría decirse que Kai y Alex son los protagonistas.

El resto del cast principal me parece que llega en dos semanas. Concéntrate, Bea.

En algún momento, pasada la media mañana, lo vi cruzar frente a la oficina general donde estábamos reunidos todos los departamentos.

Entró saludando a alguien. No me vio, y yo fingí seguir concentrada en los muestrarios de telas.

No quería evitarlo pero no sabía cómo manejar el vértigo que me provocaba verlo.

La mañana pasó sin incidentes, y llegamos al almuerzo como náufragos rescatados por un buffet. Me serví rápido mi comida y me senté con algunos del equipo técnico y las chicas de vestuario, que hablaban todas a la vez entre bocados y risas.

—Menos mal que estos actores son bastante sencillos. Aún no tienen ese aire de diva —comentó Vivian, la jefa de vestuario.

—Sobre todo Kai —añadió Leira—. ¿Lo viste esta mañana? Llegó saludando a todo el mundo. A mí me abrazó como si nos conociéramos de antes.

—A mí también —rió Marta—. Y me preguntó el nombre. Dos veces porque no quería olvidarlo.

—Un amor de chico. Alex también es un espectáculo —añadió Viv—. Me hizo unas sugerencias sobre el vestuario, pero al menos es gracioso. Ambos encantan fácil.

—Bueno… —dijo Leira, encogiéndose de hombros, con media sonrisa—, eso a veces confunde.

—Leira —la frenó Viv, sin perder la sonrisa.

—Qué, qué —se defendió ella—. No estoy diciendo nada raro. Estas cosas pasan. Rodaje largo, calor… tú sabes.

—Ajá —murmuró Marta—. Como en Costa Roja.

—Exacto —añadió Leira—. Inseparables mientras duró.

—Mientras duró —repitió Viv, más seca—. Aquí lo único importante es que todo funcione en set.

—Por supuesto —añadió Leira—. Yo estaré muy concentrada en mi trabajo. Muy.

Ana la miró por encima del plato.

—Mientras no haya fallos, todas somos adultas —zanjó.

Automáticamente levanté la mirada, aunque traté de parecer indiferente. No sabía qué hacer con lo que acababa de oír. ¿Y si Kai era así con todo el mundo? Pues nada. Que invite cada noche a una tonta distinta a tomar té. A mí qué.

—¿Viste lo que subió Kai a Instagram? —preguntó Leira de pronto.

—No… a ver.

Leira buscó la publicación en su móvil, mientras alguien más ya la tenía abierta.

—Aquí está —dijo, mostrándola.

Era la foto. La del monito. La reconocí al instante. Incluso desenfocada, sabía que era esa. Mi encuadre. Mi mano. Mi momento. Pero lo que me dejó quieta no fue la imagen, sino el pie de foto.

“Algunas conexiones no necesitan traducción ”

Se me congeló la espalda. Seguí masticando con naturalidad, aunque mi cuerpo ya no estaba en ese almuerzo. El corazón se me había ido a otro lugar.

—Qué tierno —comentó alguien.

—Ese chico es un amor —añadió otra.

—Un amor que está muy bueno —terminó diciendo Ana entre risas.

Yo no dije nada. Solo tomé agua y tragué lento. No sabía si era un mensaje para mí, sin embargo no podía imaginar que fuera para alguien más. Volví a mirar la foto desde mi móvil y por primera vez desde que empezó el día, me permití sonreír.

Muy.

Muy.

Levemente.