Luces, cámara, amor Chapter 16
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Chapter 16

[Nota de dirección – "Sobre el silencio”]

La escena no requiere diálogo. Solo basta con que el personaje mire hacia el horizonte.

Sonríe.

- paneo en contrapicado -

La emoción está en lo que no dice.

Kai

La mañana fue una avalancha de actividades: lectura de guion con Martín, toma de medidas para vestuario, un pequeño ajuste en el guion, una nota sobre el tono de voz en una línea que, sinceramente, no me convencía desde que la leí. Sin embargo, todo lo hacía en piloto automático.

En algún punto del día, juraría que una de las chicas de vestuario intentó coquetear conmigo. Sonrió de más, se quedó hablando cuando no hacía falta y me tocaba más de lo necesario. No fue incómodo, solo… irrelevante. Estoy en una etapa rara de mi vida.

Ese tipo de cosas ya no me despiertan nada. Para eso estaba Alex, que parece que nunca se le acaban las ganas de fiesta.

No vi a Bea en todo el día. Sabía que estaba ahí. Que su equipo había ocupado una de las salas grandes del mismo edificio. Aun así, nunca nos cruzamos.

Por la tarde, me dieron una pausa larga antes de una reunión con producción.

Fui a mi habitación, dejé el bolso sobre la cama y me senté sin energía.

Abrí Instagram casi sin pensarlo. La tenía aún en la galería.

La foto. Yo, con el monito sobre el hombro y la cara de “¿Esto está pasando?”.

Y detrás de cámara… ella. Riendo. Mirándome de verdad, por dentro.

Me quedé observándola un rato. No era la mejor foto, pero cada vez que la veía, volvía a ese momento, que por alguna razón no quería soltar.

Escribí el pie de foto sin pensarlo demasiado:

Algunas conexiones no necesitan traducción.

La publiqué, cerré el teléfono y me quedé quieto.

No sé qué esperaba. No iba a escribirle.

No hoy. Habíamos pactado, sin decirlo, que lo de anoche era real, pero que también estábamos aquí para trabajar.

Sin embargo, volví a abrir la app más de una vez.

Casi en automático. Cientos de likes. Comentarios de fans.

Unos cuantos de amigos cercanos. Nada de ella.

Ni un like. Ni un emoji. Ni un mensaje. Nada.

Cerré el móvil otra vez, lo dejé boca abajo, volví a cogerlo. Nada.

Me recosté con el brazo sobre los ojos, intentando borrar el zumbido constante que tenía en la cabeza. Porque más allá del trabajo, de la foto, de todo lo que esto podía complicar… la sentía cerca, pero sabía que no era suficiente.

El día fue largo, productivo y completamente inútil para distraerme de ella. Cada escena que ensayé, cada muestra de vestuario, cada línea que repetí frente al espejo, la tenía a ella en algún rincón de mi cabeza, y eso que no la vi en todo el día.

Al final del día nos esperaba en la entrada del hotel un SUV negro con los cristales polarizados que nos llevaría a una pequeña rueda de prensa de bienvenida.

Nada demasiado formal, solo el elenco principal y parte del equipo de dirección.

Me puse una camisa limpia, me arreglé un poco el pelo frente al espejo, lo justo para parecer despierto, y bajé junto a Alex.

Mientras bajábamos las escaleras hacia la zona de salida, escuché el ruido del bus del equipo técnico y sin darme cuenta, la buscaba en medio de las voces, risas y personas que subían al bus con el cansancio pegado a los hombros.

No la vi, y por un segundo se me encogió el pecho, como si hubiese perdido algo.

Pero entonces la sentí venir. Caminaba del otro lado, riendo con parte de su equipo, sin saber que la estaba mirando.

La luz del atardecer caía justo detrás de ella, enmarcándola sin querer.

Vestía de forma relajada, pero con ese tipo de estilo que no grita atención y, aun así, la consigue toda.

Llevaba un pantalón de lino color arena suelto, y una camiseta blanca con pequeños bordados en las mangas.

El cabello lo tenía recogido en una cola alta, de esas que te haces sin pensar cuando ya no importa impresionar a nadie.

Algunos mechones se le habían soltado, enmarcándole la cara de forma accidentalmente perfecta.

Igual que la noche anterior. Solo que hoy… se veía aun más hermosa.

Sin embargo no estaba sola, un chico caminaba a su lado.

Joven, moreno y delgado con ropa de trabajo, botas polvorientas.

La hacía reír. Le dijo algo y ella se giró para contestarle con una sonrisa.

Y luego él, en broma supongo, hizo un gesto exagerado, como una reverencia o un paso de baile.

Ella lo empujó suavemente con el hombro, entre risas. Natural. Cómodo. Como cómplices.

Me quedé quieto. No supe qué fue lo que se me cerró por dentro, pero fue inmediato.

No tenía que ver con él, ni siquiera con ella riendo.

Fue darme cuenta de que, si no hacía nada, ella seguiría con su día, con su gente, su vida, y yo me quedaría ahí, mirando, con la camisa planchada y la sensación incómoda de haberme quedado corto.

No me gustó esa idea, con Bea me pasaba algo que no entendía del todo, pero sí entendía esto: no quería quedarme fuera.

—¿Celoso, Kai? —preguntó Alex, acomodándose la chaqueta antes de subir al SUV.

—No sé de qué hablas.

—Ajá —sonrió—. Pues avísale a tu cara —dijo, guiñando un ojo.

Miré a Bea una vez más. Ella ya subía al bus, aún riendo por algo que el chico había dicho. No me había visto, pero yo a ella sí, y apreté la mandíbula sin darme cuenta. Gracias, Alex.