Chapter 8
Bea
Ordené un Thai Iced Tea, que al parecer es algo así como un chai latte con leche condensada.
La verdad es que estaba muy rico. Mientras esperaba, lo observé de reojo.
El chico del café se había sentado junto a un amigo rubio que también me resultaba familiar.
Ambos parecían agotados, pero bromeaban con una complicidad que se sentía fácil, natural y vivida.
Sabía que los conocía. Solo me costaba ubicar de dónde.
Cuando recibí mi té y me giré para buscar un sitio libre, él ya estaba ahí otra vez.
—¿Tienes dónde sentarte?
Negué con la cabeza.
—¿Te gustaría sentarte con nosotros?
Titubeé un segundo. No por nervios, sino porque este tipo de situaciones que parecen sacadas de una película, siempre me hacen gracia. Pero también sabía que los encuentros inesperados solían darme material: gestos, tonos, miradas. Me ayudaban a crear universos y memorias.
—Sí —dije, con una sonrisa ligeramente cómplice—. ¿Por qué no?
Lo seguí hasta la mesa donde se encontraba el rubio sentado.
—Ella es… —empezó a decir, y luego se rió—. Aún no me has dicho tu nombre.
—Beatriz. Mis amigos me dicen Bea.
—Kai —respondió él, tocándose el pecho como formalizando su existencia.
—Alex —añadió el otro, estirando la mano con una sonrisa amable.
—Gracias por el espacio compartido —dije, acomodándome con mi vaso de té entre las manos.
—Gracias por salvar a este hombre de su incapacidad para pedir un café —comentó Alex, señalando a Kai.
—No fue nada —dije, encogiéndome de hombros—. Me pareció urgente salvarlo de sí mismo.
—Y te lo agradezco —añadió Kai—. Aunque no prometo que haya sido mi última vergüenza del día.
—Entonces Bea, ¿de dónde eres? —me preguntó Alex, quizá por mi acento o por mi nombre.
—Soy española, sin embargo, mi familia materna es dominicana y la paterna es inglesa, así que tengo un poco de todo… ¿y ustedes? — respondí riendo un poco.
—¡Vaya! ¡Qué gran mezcla! —expresó Kai, genuinamente sorprendido.
—Yo soy francocanadiense aunque llevo muchos años viviendo en Estados Unidos.
—Bueno, yo soy solo americano pero oye, qué bueno es conocer personas de todas partes, ¿no? —terminó diciendo Alex en broma.
La sonrisa de Kai, sin embargo, era lo que me robaba la mirada.
Era fácil, cálida y un poco desordenada.
Me di cuenta de que lo estaba observando más de lo normal cuando él levantó la vista…
y en lugar de apartar mi mirada de la suya, la sostuvo un segundo más.
Todo en él tenía ese encanto accidental que resultaba difícil de ignorar.
Fue entonces cuando lo supe. No fue por lo que dijo, ni por cómo lo dijo.
Fue una mezcla de detalles: su voz, esa manera de fruncir ligeramente la nariz al reírse, el pequeño lunar en su pómulo derecho. Claro que lo conocía.
—¿Y qué los trae por aquí? —pregunté.
—Vamos a grabar una película —respondió Kai—Estaremos unos meses aquí.
Sonreí, confirmando mi sospecha.
—Actores, ¿verdad?
—Sí —respondió Alex.
—Sabía que me sonaban de algo —dije, dándole un sorbo a mi té para disimular.
—¿Nos has visto en algo? —preguntó Kai.
—Sí… hace unos años. Riptide, ¿no?
Ambos sonrieron.
—La misma —dijeron al unísono.
—Me gustaba mucho. Aún me duele que no tuviera segunda temporada… De hecho, creo que los sigo en Instagram —añadí, mirando a Kai, y luego a Alex.
—¿Ah, sí? —respondió Kai, divertido.
—Culpable. Eras la sensación del momento entre mis amigas… yo… nunca llegué a ser fan-fan —aclaré, mirando a Kai—. Me parecías buen actor, pero eras un poco… joven para mí.
—¿Joven? ¿Cuánto? —preguntó Kai, fingiendo una ofensa que no le salía del todo.
—Digamos que cuando Riptide salió yo suspiraba por Adam Brody en The O.C.
—Auch. Golpe bajo —dijo, llevándose una mano al pecho con dramatismo— Yo todavía estaba lidiando con la pubertad.
—Tú eras el crush de las groupies con purpurina en la cara. Yo ya estaba en mi fase existencialista.
—Y míranos ahora —señaló Kai, mirándome con una sonrisa medio burlona pero honesta—Coincidiendo en Tailandia.
No pude evitar sonreír.
—¿Estás aquí por trabajo también? —preguntó Alex mientras Kai se inclinó ligeramente sobre la mesa, apoyando los codos.
—Sí. Directora de arte, y si no me equivoco… asumo que estamos todos aquí por el mismo proyecto.
Kai abrió los ojos, claramente sorprendido. Sus ojos verdes brillaron, atrapando la luz del lugar aunque estuvieran a contraluz. Me observaban con curiosidad, con una expresión de quien acaba de descubrir algo inesperado.
—¿En serio? ¿Estás trabajando en la peli de Martín? —preguntó Kai, ahora un poco más serio.
Asentí.
—Lo conozco desde hace años. Trabajo con él casi siempre. Me llamó hace unos meses para sumarme al equipo.
—Vaya… eso hace que este encuentro sea oficialmente menos aleatorio —dijo Alex.
—Y bastante más interesante —añadió Kai, mirándome.
Sentí que había pensado sus palabras antes de decirlas, como si cada una llevara algo más detrás.
—¿Así que directora de arte? —siguió Alex—. Debe ser intenso en un rodaje como este. Tailandia no es precisamente predecible.
—Sí, pero me gusta. Hay algo en el caos que me inspira. Lo que no puedes controlar a veces es justo lo que necesitas.
—Cuéntame ¿cómo es trabajar con Martín? —preguntó Kai mirándome con interés— Nos conocimos en el festival de San Sebastián el año pasado y por fin vamos a trabajar juntos ¿algún tip de supervivencia?
—Respira hondo —dije sonriendo— Y no te encariñes demasiado con tus líneas.
Kai se rió. —¿Es muy cambiante?
—Bueno, el último proyecto que hicimos llegaba cada día de rodaje con una versión nueva del guion. Le gusta sentir que tiene espacio para improvisar, incluso si todo ya está planeado. Le da confianza.
—¿Y eso es bueno?
—Depende. Si eres de los que se adaptan rápido, te va a amar. Si necesitas control absoluto… bueno, bienvenido a la aventura.
Se quedó pensativo un segundo, intentando colocarse en una de esas dos categorías. Luego sonrió, con ese brillo en los ojos.
—Lo intentaré… pero no prometo nada, Bee.
Parpadeé. ¿Había dicho “B”? No recordaba haberle dado permiso para un apodo y menos tan poco original.
—Mi nombre es Bea.
Kai inclinó ligeramente la cabeza, como si aquello fuera irrelevante.
—Lo sé, Bee.
Lo dijo con tanta naturalidad que, por un segundo, parecía que no había otra forma de llamarme.