50
– ¡ A sher!
El muchacho se desploma, retorciéndose de dolor a medida que la serpiente blanca repta hasta un arbusto y desaparece.
Asher está hiperventilando en el suelo, con el rostro contraído en una mueca de dolor y de miedo. Mete la mano en el bolsillo e intenta sacar el móvil. Dez se lo arrebata con las manos temblorosas. No hay cobertura.
—No —susurra—. No. No. —¿Cómo puede haber permitido que ocurriera? Ahora, morirá en este sendero—. ¡Socorro! —grita—. ¡Que alguien me ayude!
Asher da unas bocanadas cortas y jadeantes. Pone una mueca que le indica que está sintiendo un dolor espantoso. Dez se pone de rodillas y echa un vistazo a la mordedura. Dos puntos diminutos, dos gotas de sangre de Asher. El veneno se expande hacia su alma.
Baja la boca hasta el tobillo del chico y sorbe, extrayéndole lo que le hace daño con la boca. Escupe y el sabor la deja de piedra.
Petricor. Le cosquillean los labios… Igual que la noche en la que tuvo a un ángel en la boca.
La mordedura apesta a Rafe, lo que la convierte en más venenosa que cualquier otra sustancia de la naturaleza. Y está empezando a surtir efecto en la sangre de Asher.
Quizá también en la de Dez. Vuelve a escupir y se limpia la boca con la mano.
No pueden hacerle frente. Dez no, y Asher mucho menos. Él nunca pidió esto. Lo que ha pasado es culpa suya.
El cuerpo de Asher ha pasado de retorcerse a quedarse flácido, inmóvil. Su piel palidece y da unos estertores tan débiles que Dez teme que deje de respirar.
— ¡Socorro! —grita lo más fuerte que puede.
Se derrumba de rodillas a su lado y le apoya los dedos en la garganta. Su pulso es desgarradoramente débil. Se está quedando sin tiempo.
Las emociones se acumulan en su interior. Lleva meses desesperada por ver a Asher. Pero no así. Nunca quiso verlo de esta forma.
Unas lágrimas le bajan por las mejillas mientras se esfuerza por levantarlo.
Tiene que llevarlo en brazos por el sendero hasta el Jeep.
Sin embargo, él suelta un alarido de dolor tan intenso cuando lo intenta que vuelve a dejarlo en el suelo de inmediato y se limita a acurrucarlo entre sus brazos.
El aparcamiento parece demasiado lejos, y el hospital aún más.
Además, ¿qué remedio mortal podría salvar a Asher del veneno de un ángel?
Se da cuenta de que las poquísimas cosas que importan en realidad. De que apenas tendría qué salvar en un fuego. Todo lo que valora está allí. Apoya la cara contra la de Asher.
—Resiste, por favor —le suplica—. Si puedes oírme, si puedes hacer algo al respecto, no permitas que te lleve. Quédate conmigo.
Una sola lágrima cae en el pecho de Asher. Dez le apoya una mano encima, sobre el corazón.
Una ráfaga de viento hace que el pelo le tape la cara. Se escucha un ruido en el vendaval, semejante a una risa. La reconoce.
Rafe.
Alza la vista al cielo cuando lo que parece una nube oculta el sol. Pero no se trata de una nube.
Las alas doradas y descomunales de Rafe ocupan el cielo cuando atraviesa una franja de niebla y se posa en el camino delante de ella. Los arbustos que lo rodean entran en combustión espontánea y forman un círculo de llamas alrededor de Rafe, Asher y Dez.
—Siento llegar tarde —suelta Rafe—. Estaba dándole los últimos toques a un proyecto en la escuela.
Dez podría gritarle, podría tratar de embestirlo y pelear, pero es evidente que solo tiene unos segundos antes de que le arrebaten a Asher para siempre.
—Tiene mala pinta —dice Rafe y, a pesar del sarcasmo, Dez nota que está celoso.
—Cúralo —responde ella, que clava la vista en los ojos de su mentor, dentro del círculo de llamas—. Sé que tienes un antídoto.
—Es demasiado tarde. Tómale el pulso.
— No. —Dez coloca los dedos contra la garganta de Asher y luego apoya la cabeza contra su pecho. Aguza el oído. Sin embargo, conforme espera sin darse por vencida, lo sabe. El cuerpo de Asher está distinto, más frío y rígido que hacía un instante.
Un sollozo se le queda atascado en el pecho. Si lo suelta, entonces esto habrá pasado de verdad.
«Cuando un cuerpo humano muere, el proceso se asemeja al del sueño: los músculos de la mente se relajan, la sangre se enfría», les había contado Moriah la noche de la gala.
«La mente está más centrada de lo que lo ha estado desde su nacimiento.
Eso convierte a los moribundos en el público perfecto, abierto y receptivo… ».
No. Aún no. Esto no puede estar pasando.
—Resulta que aquí tengo la película sobre Asher —declara Rafe mientras se abre la gabardina y revela unas hileras de jeringuillas llenas de humo.
—Has corrompido su película —dice Dez con desprecio—. Me di cuenta incluso antes de lo de la serpiente.
—Y a pesar de eso, le proporcionará la paz necesaria para entrar en la luz blanca —responde Rafe—. Quieres que descanse en paz, ¿a que sí, Dez?
Dez se muerde el labio hasta que sangra y, entonces, la punzada de dolor profundo y abrasador que siente le recuerda el veneno que se tragó al intentar extraérselo a Asher. El miedo se apodera de ella. Teme por sí misma, pero, sobre todo, por Asher.
—¿Qué le pasará si no recibe un repaso vital? —pregunta.
—Se convertirá en un frag.
Dez cierra los ojos con fuerza. Es impensable.
—Dale la película.
—Con una condición.
Dez aparta la cabeza del pecho de Asher para mirar a los ojos cobalto de Rafe.
—Antes, bésame —dice.
Se aferra a Asher con más fuerza.
—Ni de broma.
Rafe se encoge de hombros y esboza una sonrisa burlona.
—Es cosa tuya. Ya sabes, siempre puedes venir al río detrás del Villains a hacerle una visita. Le daré un trato superespecial.
—Espera —contesta Dez con desesperación, y suelta a Asher—. Lo haré.
Se pone en pie de forma tambaleante y se le nubla la vista. Rafe tiene que sujetarla por el brazo para estabilizarla.
La observa.
—No habrás hecho una estupidez como intentar extraerle el veneno del tobillo a tu novio, ¿verdad?
No dice nada. Se lleva una mano a los ojos para intentar deshacerse del mareo.
—Dez —dice Rafe de repente, con apremio—. Hay que llevarte de vuelta a la Aqueronte, dentro del barbelo . Ya .
—No pienso ir contigo a ninguna parte. —Le quita el brazo de un tirón y trastabilla—. Y no voy a abandonarlo.
—Morirás, Dez. —Rafe parece asustado.
Ella niega con la cabeza y recuerda todo lo que ha descubierto sobre el objetivo de Rafe de convertirse en el Ángel de la Muerte, sobre la guerra entre ángeles y la Pluma Escarlata perdida, sobre su mentorazgo y por qué quiere que ascienda.
Entonces, levanta la barbilla para mirarlo a los ojos y se arma de determinación.
—Tú me necesitas más de lo que yo a ti —afirma.
Rade se queda en silencio.
—Dale a Asher su película —espeta.
—¿De verdad vas a renunciar a todo? —exige saber Rafe—.
¿Aquí? ¿Por él? Tu película no está creada, Dez.
Así que, si mueres por culpa del veneno, los dos os convertiréis en frags y seguirás estando a mi cargo.
Para siempre. O… podrías besarme y, como añadido, te saco el veneno de la boca y te salvo la vida. Todo por un beso.
—¿Y Asher recibe su película? —pregunta en voz baja; le falla la respiración—. ¿Me juras que lo dejarás ir en paz?
—Te lo juro.
Incluso en ese momento, Rafe es incapaz de mentirle.
El veneno palpita conforme se acerca a él, le sujeta la cara con las manos y coloca los labios contra los suyos como si su vida dependiera de ello.
Ha besado a este ángel un montón de veces, así que no puede evitar que su boca le provoque la misma avalancha de siempre y le envíe unas oleadas de deseo físico al cerebro.
Se dice a sí misma que es culpa del calor del fuego, pero nada más lejos de la realidad. Es cosa suya, de la relación que tienen y que siempre estará ahí, a pesar de que lo odie. Él también lo sabe. Es consciente de lo que le provocan sus besos a Dez.
La abraza con una postura que, a esas alturas, ya tienen bastante practicada, y Dez echa la cabeza hacia atrás y le deja recorrerle la boca con la lengua, despacio. Entonces, la besa con fuerza, con pasión, como si esta fuese la última vez o como si intentara recordarle lo que solían tener.
A Dez le gustaría poder olvidarlo.
En cuanto se encuentra mejor y tiene la fuerza suficiente como para apartarlo de un empujón, lo hace.
Él jadea en busca de aire y le lanza una mirada acusadora.
—¿Por qué se te tiene que dar tan bien besar, mierda?
—La película de Asher. —Es lo único que logra decir; todavía se está recomponiendo. Se odia a sí misma por haberlo hecho. Su cuerpo ha sanado, pero tiene el corazón roto.
El fuego arde con más fuerza. Los dos están sudando. Tienen que largarse de allí pronto.
Rafe mete la mano en la gabardina y saca una jeringuilla.
A Dez empiezan a escocerle los ojos por culpa de las lágrimas al ver el torbellino de humo negro dando vueltas.
Sabe que ella no está ahí, que no aparece en la película de Asher, y eso está mal y es cruel.
Sin embargo, una peli sin ella es mejor que nada.
No permitirá que se convierta en otro de los frags de Rafe.
—Dámela —espeta de pronto a la vez que alarga la mano. No puede soportar ver a Rafe dándole el golpe de gracia a Asher—. Déjame que me encargue.
Rafe le tiende la jeringuilla con curiosidad. Se agacha en el suelo, donde Asher yace como si estuviese durmiendo. Repasa lo que observó hacer a su mentor cuando atravesaron el velo. Inspira.
—Siento no haber podido salvarte —le dice a Asher; entonces, le levanta la cabeza con una mano y, con la otra, le inyecta la película en el córtex cerebral.
Asher emite un sonido prácticamente imperceptible. Un ruido bajo y suave, como el de unas campanillas. Dez ve que emite un brillo.
«En un momento dado», les había dicho Moriah, «el alma comienza a resplandecer y sobrevuela el cuerpo…».
Dez está viendo el alma de Asher.
«Y, cuando las ondas cerebrales eléctricas se alzan por última vez, la vida pasa por delante de sus ojos».
Dez solloza y le sujeta las manos.
Los ojos de Asher se contraen rápidamente tras los párpados cerrados.
El corazón ya no late, pero la mente sigue trabajando para recibir la película.
Ojalá se hubiese encargado de crearla, pero la consuela que por lo menos vaya a poder pasar página, descansar en paz y recibir la historia de una vida preciosa y demasiado corta.
Recuerda todas las escenas familiares de la línea vital de Asher. Su familia, el trabajo, su forma de volar en la pista, lo mucho que le gustaba observar el sol hundirse en el mar al atardecer.
—Te quiero, Asher —le dice mientras se aferra a su mano—. De haber podido, sé que te habría querido cada día más. —Se lleva la mano al pecho y se la sujeta con fuerza.
Y entonces…
Lo nota. Nota una presión en la palma que antes no estaba ahí.
Asher le aprieta la mano… Le envía una señal.
Pum. Pum, pum. Pum.
Abre los ojos color avellana. Se queda mirándola como si acabase de ver el cosmos. Como si hubiese descubierto la verdad existencial. Como si no hubiese nada más en el mundo salvo ella.
—Desdemona —dice con la misma convicción que un alma gemela.
Y, entonces, el mundo entero se vuelve negro.