49 #2
A Dez le da vueltas la cabeza. ¿Se confundió al ver el suéter doblado en el cajón de Asher?
Cree que no. Es una prenda inconfundible.
¿No estará quedando con alguien que tenga uno igual?
No debería haber sacado conclusiones precipitadas.
Ella no tiene ese recuerdo, no puede acceder a la noche que, según él, compartieron en su cama.
No obstante, por la forma en la que su línea vital se había centrado en el suéter al ver las imágenes en el repositorio, parecía importante. Como si hubiese estado pensando en ella.
—Da igual —contesta Dez.
—No, cuéntamelo.
—Es azul y lleva un hibisco blanco bordado en la manga. ¿No me lo dejé en tu casa? —pregunta.
Asher la mira fijamente.
—Me estás confundiendo con otra persona.
—No —responde ella—. Cuando pasamos la noche…
—Ahora sí que estás equivocada —replica con frialdad.
Dez está atónita. Unos minutos atrás, él ha sacado esa noche a colación. Con cariño.
Y entonces, ella ha intentado besarlo.
—Pero si estábamos hablando de esa noche —contesta—. ¿De que salí de tu cama al amanecer? ¿De que vimos Viaje a la Luna ?
A medida que Asher la observa con la curiosidad que uno podría sentir por un animal salvaje, Dez siente la espantosa sospecha de que no tiene ni idea de a qué se refiere. De todas formas, ¿cómo puede ser? Instantes atrás, lo recordaba.
—La última vez que te vi fue el día en el que nos conocimos, cuando rodamos el corto en el muelle —afirma Asher, despacio—. Tú y yo… nunca hemos pasado la noche juntos, Dez.
Ella se sonroja.
—Pero si nos cruzamos en la playa. Y… supongo que una cosa llevó a la otra… —Deja la frase en el aire, aterrada. Carece de los detalles necesarios para completar la historia. El que sabe lo que ocurrió es Asher. ¿Por qué de pronto finge que no recuerda esa noche?
Porque puede ser que, de repente, no la recuerde.
Una sensación de malestar se retuerce en su interior al darse cuenta de lo frágil que ha sido ese recuerdo desde siempre. Para empezar, ni siquiera sucedió. Y ahora parece haber desaparecido.
Asher le da la espalda y contempla el océano. Durante varios segundos, nadie dice nada. Dez no sabe qué hacer. Está avergonzada. Pero da igual lo rara que él la considere; ella está aquí para salvarle la vida. Quiere decirle que debería alejarse del borde, que es una caída pronunciada.
Pero la confianza relajada que tenían hace unos instantes se ha desvanecido.
Asher deja de mirar el océano, se vuelve hacia Dez… y se lleva un susto al verla detrás de él.
—Perdona —dice a la vez que la rodea como si fuese una desconocida y sigue andando.
Sin ella.
La sangre le ruge en los oídos. ¿Qué está pasando? Lo ha espantado, de acuerdo. Tiene que aclarar las cosas.
Asher da diez pasos más antes de que ella recobre la compostura lo suficiente como para llamarlo.
—¿Asher?
Frena. Se da la vuelta y echa un vistazo a su alrededor, como si no supiese quién ha hablado.
La expresión confusa le provoca un miedo que la desgarra por dentro. Sea lo que sea lo que esté ocurriendo, está yendo a peor.
—Perdona —contesta—. ¿Nos conocemos?
—Venga ya, Asher —responde ella con voz temblorosa. Se lleva una mano al corazón—. Desdemona. Dez. Me conoces.
Le lanza una mirada extraña, lastimera, y niega con la cabeza.
—Te recordaría.
Entonces, Dez se da cuenta de una cosa…
Rafe.
Debe de estar en el objetivo de Dez, editando la línea vital de Asher para borrarla.
—¿Estás bien? —pregunta Asher.
Cuando regresó al presente, Rafe tuvo que darse cuenta de que no estaba en la suite . Se imaginó dónde estaría. Fue al repositorio…
Y borró la escena de la playa que ella había editado en la línea vital de Asher.
De acuerdo. Se lo merece.
Pero ahora…
—¿De verdad no sabes quién soy? —susurra.
Él niega con la cabeza.
—Ojalá lo supiera.
—Asher —dice con tanta intensidad que sus miradas se cruzan. Por un instante, es casi como si pudiese llegar hasta él—. ¿Conoces un aparcamiento en Ventura, a la salida de un pub irlandés que se llama Dargan’s?
—Claro.
Se acerca a él y alarga el brazo.
—Me diste la mano. Así. —Se calma cuando la deja tocarlo. Coloca el pulgar contra la mano de Asher—. Me enseñaste un lenguaje secreto. Así.
Pum. Pum, pum. Pum.
Le sostiene la mano un instante más; después, niega con la cabeza y dice:
—Lo siento. Espero que encuentres a quien sea que estés buscando. —Baja la mano, se da la vuelta y empieza a recorrer el sendero a solas.
Maldito Rafe. Ha borrado todo rastro de Dez de la línea vital de Asher. ¿Habrá acabado también con la escena del halo donde aparecía ella?
Ha destruido su conexión. Los ha convertido en desconocidos.
Ay, Dios.
Está haciendo el repaso vital de Asher.
Porque Asher está a punto de morir.
—Escucha —espeta con valentía. Y, entonces, Asher se vuelve otra vez. Se está cansando de este juego—. Va a ocurrir una desgracia —afirma.
La mira con los ojos entornados.
—¿Quieres que llame a alguien?
—No. —Dez se sujeta la cabeza—. No. Asher. Al que va a pasarle algo malo es a ti .
Parece asustado, retrocede un par de pasos más y se aleja de Dez.
—Oye, voy a terminar mi paseo —responde; a continuación, da media vuelta y masculla—: Sabía que tenía que haber ido a surfear.
—Por favor —suplica, desesperada. Puede que ella ya no signifique nada para él, pero todavía tiene gente a la que le importa. Dez las ha visto en su línea vital. Recuerda la escena del comedor que vio en el objetivo—. Si te importan tus hermanas, tus padres…
Asher frena en seco y se vuelve para mirarla, atónito.
—¿De qué hablas?
Se atraganta por culpa de las lágrimas, pero continúa.
—Si te importa tu investigación sobre el alzhéimer y vivir para siempre. Si quieres seguir con vida, tienes que escucharme.
—Déjame en paz, por favor —replica él.
—Estás en peligro.
—Si te alejas de mí, no —dice él por encima del hombro.
Entonces, Dez la ve. Una serpiente de cascabel blanca, agazapada en el borde del sendero, a unos centímetros del pie de Asher. Se incorpora agitando la cola y con las fauces abiertas. Dez grita y sale disparada hacia él.
Pero no lo bastante rápido como para evitar que el reptil le clave los colmillos en el tobillo.