Luces blancas 6 #2
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Le pica la curiosidad. Hasta ahora, nunca lo ha expresado con palabras, pero sabe que ve las cosas de otro modo.

Justo por eso no llegó a encajar del todo en el colegio, cuando era adolescente, en una cultura donde lo normal estaba a la orden del día.

Además, es lo que la impulsa a crear películas, a representar la vida tal y como la ve, a hacer de su visión algo tangible.

A cerrar la brecha entre ella y el mundo.

Pero seguro que habrá cientos, miles de cineastas con un porfolio igual de bueno que el suyo. ¿Por qué los cazatalentos de la Aqueronte la han elegido a ella?

Rafe levanta el brazo y toca el cristal espejado que tiene encima. Una pantalla cobra vida frente a los ojos de Dez. Un instante después, comienza a reproducirse su película, Destellos .

Empieza con Dez en un muelle atestado y soleado en Ventura, persiguiendo a Asher entre la multitud.

Dez observa los hombros, la forma de andar y el perfil precioso del chico.

Cuando por fin lo alcanza, le da unos toquecitos en el hombro.

Él se gira para mirarla… y su cara es un espejo en el que Dez se ve reflejada.

Solo dura tres minutos, pero, cuando termina, Dez se siente aturdida y expuesta. No puede evitar preguntarse qué opinará Rafe de su trabajo.

—Vas a tener que dejar el síndrome del impostor a la entrada —dice Rafe— o no sobrevivirás en la Aqueronte.

—¿Y si no puedo?

—Creo que el Dairy Barn no se va a ir a ninguna parte.

En ese momento, Dez decide que da igual lo que suceda en la Aqueronte. Se las apañará. Se convertirá en cineasta.

—¿A qué viene lo del espejo en la cara del hombre al final? —pregunta Rafe.

—Lo hice por instinto. Pero supongo que lo que quise decir era… que a veces las cosas que perseguimos son aquellas que no logramos encontrar en nuestro interior.

Rafe la mira. El tira y afloja de su relación se queda atascado en un tirón cuando sus miradas se cruzan. Un rato después, Dez se obliga a apartarla. Da un trago a su bebida.

—¿Es tu novio?

—Es un desconocido al que le ofrecí el papel en la calle —contesta Dez, pero está pensando en su teléfono de oro macizo, en el mensaje que le ha dejado Asher en el contestador hace un rato—. No he vuelto a verlo.

Cuando mira otra vez a Rafe, él tiene los ojos entornados. Le da la sensación de que el jet está bajando, aunque de manera muy uniforme.

—Excepto cuando estabas editando la peli, ¿verdad? —pregunta—. Te habrás hartado de verlo.

—He memorizado su cara, su voz y sus gestos, pero en realidad no lo conozco .

—Qué curioso —responde Rafe, y se sostienen la mirada el tiempo suficiente como para que a Dez se le sonrojen las mejillas.

Fuera, un relámpago ilumina el cielo y una sacudida repentina hace traquetear el avión, que desciende en picado. Dez grita, pero el terror desaparece tan rápido como llegó. El avión se estabiliza y prosigue su vuelo uniforme.

Dez, que se estaba sujetando los reposabrazos como si le fuese la vida en ello, afloja el agarre, extrañada por la expresión impasible de Rafe.

—¿Qué ha sido eso?

—El barbelo . Otro de los efectos especiales de la Aqueronte.

—¿Otra palabra antigua sumeria? —pregunta, intentando que su voz suene tan despreocupada como la de Rafe, pero pensando que ojalá se le relajase el corazón.

—Es una palabra gnóstica que significa «límite divino». Acabamos de atravesarlo. Lo cual quiere decir que… ya hemos llegado.

Dez se asoma por la ventanilla y echa un vistazo. Ve unas montañas nevadas a la luz de la luna. Cumbres escarpadas de una altura impresionante. Jamás ha visto algo tan hermoso. Y entonces, como si estuviese tallado en mitad de la cima más alta, aparece un castillo.

Un castillo en el cielo.

—Al edificio principal lo llamamos Goliat —explica Rafe—. En esas torres góticas está el alojamiento para los estudiantes. El ala larga del centro es el repositorio. Ahí es donde trabajamos nosotros.

Dez estruja la cara contra el cristal e intenta empaparse de todo. Goliat. Las torres. El repositorio.

—¿Ves el césped que está detrás de Goliat? —Rafe señala la extensión triangular iluminada por la luz de la luna—. Es nuestra versión de un patio cuadrangular, pero nosotros lo llamamos «patio triangular». Más adelante están las aulas y el comedor. Y delante de él…

Delante del castillo se extiende un laberinto inmenso de setos.

—¿Qué es?

—Nuestro laberinto lo diseñó un paisajista de renombre… Aunque su nombre es imposible de pronunciar.

A Dez le parece ver el movimiento de una sombra en el laberinto. Será un estudiante de grado borracho que ha salido a dar un paseo. Señala la sombra.

—¿Hay alguien ahí?

—Espero que no —contesta Rafe—. He oído que algunos alumnos de primero se adentraron en el laberinto y jamás volvieron a salir.

—Eres insufrible, ¿lo sabes?

—Creo que la palabra que estás buscando es «irresistible».

También lo es. Y lo sabe. Es desesperante.

—No vayas a enamorarte de mí.

—No te preocupes.

—Porque ya tengo un pie fuera de la Aqueronte.

—¿Y qué plan tienes? ¿Vas a ir a por el doctorado en Narcisismo?

Se ríe y baja la barbilla y, al hacerlo, el jet desciende hacia la montaña. Casi al compás del movimiento de sus ojos.

—Bienvenida a tu nuevo patio de recreo, Desdemona —dice—. Y al escenario donde te corromperás aún más. Bienvenida a la Aqueronte.