Luca (Sangre Bianchi 2) Cicatrices en el alma.
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Cicatrices en el alma.

L a puerta de la casita se cerró tras ellos con un leve chasquido, apenas audible. Afuera, la finca dormía, pero dentro… Ella estaba más despierta que nunca.

Luca no había soltado su mano desde que salieron de la casa principal.

Sus dedos estaban entrelazados con los de ella, como si no pudiera creer que todavía los tenía allí. Que todavía la tenía a ella. Viva. De carne y hueso. Respirando. Sonriendo.

Y aceptando casarse con él.

Pero no todo era paz en su pecho. No después de verla caer, de sentir su sangre empaparle las manos, de pensar que la había perdido.

Sabía que la había deseado con furia. Él mismo se lo había confesado. Pero ahora la necesitaba con el alma. A ella le pasaba exactamente lo mismo.

Entraron en el dormitorio, bañado en penumbra.

La luz suave del velador apenas rozaba los muebles.

Afuera, la noche parecía un cómplice más.

Llevaban varias semanas viviendo juntos en la casita.

Pero Luca no la había tocado todavía. Siempre le decía que estaba débil.

Que no quería que se hiciera daño. Pero ella anhelaba sus caricias de una forma casi agonizante.

Lo miró sin decir nada. Se quitó los zapatos, y caminó descalza sobre la alfombra. El blanco del vestido resaltaba contra su piel bronceada, y el contraste con su pelo negro sobre la tela blanca, la hacía parecer casi etérea.

Ella se acercó despacio a él. No como una princesa herida. Sino como la mujer que lo había elegido por encima de todo.

Incluso de su propia familia.

—Luca —susurró, alzando el rostro hacia el suyo—. Me miras como si fuera de cristal.

Él tragó saliva despacio.

Las yemas de sus dedos temblaban cuando le acarició el rostro.

—Te dispararon —le recordó con voz ronca—. Estuviste… Muerta para mí. No voy a fingir que no me da miedo tocarte y que te rompas.

Ariadna sonrió. Una sonrisa triste, pero cargada de esperanza.

—No estoy rota, Luca. Estoy viva. Estoy aquí. Y te quiero.

Le tomó la mano y la llevó a su pecho, sobre su corazón que latía tranquilo.

—Tócame. Donde más duela. Pero no me protejas de ti.

Luca cerró los ojos. Ella sabía que estaba luchando consigo mismo. Le rozó los labios con sus dedos, y él abrió los ojos clavando su oscura mirada llena de deseo en ella.

—Por favor…—Suplicó Ariadna.

Con un gruñido grave, Luca agarró la nuca de ella y tiró con fuerza para estrellar sus labios con los suyos.

No fue un beso dulce.

Fue un beso brutal, cargado de rabia contenida, de deseo feroz, de alivio por tenerla viva y miedo por perderla de nuevo. Su lengua buscó la de ella con hambre. Su cuerpo la empujó suavemente hasta que sus espaldas dieron con la pared del cuarto.

—Avísame si te duele —murmuró contra sus labios, acariciando con reverencia la línea rugosa de la cicatriz a través del vestido .

Ariadna asintió, sin dejar de besarlo.

—Solo me duele cuando no me tocas —susurró contra su boca. —No pares, quiero sentirte entero.

Luca gruñó. Pero esta vez, más animal. Más salvaje. La tomó en brazos con facilidad y la llevó a la cama, con la devoción de un hombre que lleva a su reina al altar para adorarla.

La depositó con cuidado entre las sábanas, pero fue ella quien se desnudó primero, lenta, dejando que los tirantes del vestido cayeran por sus hombros. Cuando la cicatriz quedó expuesta, no se tapó. Pero si esperó ver la reacción de él.

—¿Te asusta mi cicatriz? —preguntó.

Luca se arrodilló al borde de la cama y la besó justo ahí, sobre la marca que le había quitado el aliento durante una semana.

—Me asusta lo que tuviste que sufrir por mí.

Ella se inclinó, con el corazón encogido.

—Te salvaría otra vez. No me arrepiento de nada.

No hubo más palabras.

Luca se desnudó despacio, con la mirada fija en ella.

Su cuerpo era todo tensión y deseo acumulado.

Sus heridas habían sanado. Pero ella sabía que, por dentro tardaría algo más de tiempo.

Ella cayó hacía atrás en la cama y él reptó por su cuerpo, dejando un camino de besos.

Deteniéndose en la cicatriz junto a su pecho, besándola, y lamiéndola con adoración.

Cuando su cara se encontró con la de ella, rozó su nariz con la de Ariadna, inclinándose a un lado para mordisquear su cuello.

Haciendo que  soltara ruiditos de placer.

—Joder Luca. Te necesito ya.

Él sonrió burlón. Negando con la cabeza.

—Ha pasado mucho tiempo, y necesito saborearte más.

La besó de nuevo, esta vez despacio. Recorrió cada rincón de su piel con los labios, con las manos. Torturó sus pechos hasta que ella gritó de puro placer y desesperación.

—Eres perfecta, Ariadna.

Tembló bajo él. El deseo latiendo fuerte entre sus piernas. Luca la recorrió con los dedos, cada curva, cada suspiro tocándola en su parte más íntima de una forma tortuosa y lenta, hasta que ella arqueó la espalda con un gemido.

—Dime si quieres que pare —le susurró en el oído, al rozar su centro con su erección, duro, caliente, temblando por aguantar tanto.

—Solo si quieres que te mate —susurró ella, con una sonrisa.

Y entonces entró en ella. Despacio. Sin dejar de mirarla a los ojos. Poseyéndola en cuerpo y alma. Suya. Su princesa. Su amor.

Ambos se quedaron quietos, con la respiración contenida, sus frentes unidas, sus corazones desbocados. Él acarició su rostro con los nudillos, suavemente.

—Te amo —confesó, su voz quebrada—. Te amo tanto que me duele.

Ariadna parpadeó rápido alejando las lágrimas que amenazaban con salir. Era muy feliz.

—Entonces hazme tuya.

Luca se movió. No como un amante impaciente. Sino como un hombre que se sabe en deuda con el universo por una segunda oportunidad. Cada embestida fue lenta, medida, como si la devorara desde dentro. Cada gemido de ella, un consuelo para su alma.

Cada jadeo, una promesa no dicha en voz alta.

Y cuando ambos llegaron al límite, con sus cuerpos entrelazados, con sus respiraciones entrecortadas, no fue el orgasmo lo que los rompió, sino la certeza de que, a pesar de todo, el amor los había salvado .

Luca la abrazó con fuerza, como si pudiera fundirse en ella, y Ariadna, aún con el pecho agitado, enterró el rostro en su cuello, sintiéndose, por primera vez en semanas…en paz. En su verdadero hogar.