Luca (Sangre Bianchi 2) Zorra afortunada
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Zorra afortunada

E l camino hacia la universidad transcurrió en un silencio extraño.

No como los silencios tensos de otras veces. Llenos de rabia, sarcasmo, y amenazas veladas. No. Este era diferente.

Más denso y cargado.

Como si el coche supiera que sus dos ocupantes habían cruzado una línea invisible durante la noche.

Ariadna miró por la ventanilla con los brazos cruzados. Tenía los labios apretados, mientras se esforzaba por no mirar a Luca. Porque si lo miraba…Todas las imágenes de la noche anterior acudían a su cabeza, como un jodido huracán para arrasar la poca cordura que le quedaba.

Él conducía como si no hubiera ocurrido nada. Sus gafas oscuras, su mandíbula apretada. Esa seguridad natural que la cabreaba tanto como la atraía.

Eso solo conseguía irritarla más.

—No tienes nada que decir, ¿eh? —Ariadna, finalmente habló primero, pero lo hizo sin girarse, ya que no podía soportar más el silencio, pero aún no estaba preparada para mirarlo.

Luca no contestó de inmediato. Solo giró levemente el rostro, y compuso una sonrisa lenta. De esas que hacían que se le acelerara el corazón de forma totalmente involuntaria .

—Ya te dije bastantes cosas anoche ¿No crees? Además. —Continuó hablando de forma tranquila—También me dejaste sin palabras unas cuantas veces, por si no lo recuerdas.

Ariadna apretó los dientes, hundiéndose más en el sillón del coche. Por primera vez, estaba sintiendo vergüenza. Y ella jamás había sentido vergüenza.

¡Maldito Moretti! ¡Maldito idiota perfecto!

Pero antes de poder replicarle con algo ingenioso— que encima no le venía nada a la mente— y soltar alguna burrada para mantener su muralla intacta, vio a Julia, de pie frente a la entrada de la universidad esperándola.

Está apoyada en una columna con su bolso colgando del hombro, y el móvil en la mano. En cuanto las ruedas del coche se acercaron al bordillo de la acera, su atención se centró directamente en Ariadna.

Julia alzó una ceja interrogativa, mirándola a través del cristal. La muy cabrona, tenía un sexto sentido. Ariadna estaba segura que solo con ese vistazo a través del cristal ya se estaba haciendo miles de preguntas en su alocada cabeza.

Sus malditos ojos inquisidores pasaron de ella a Luca, y luego volvieron a ella, para después componer una sonrisa de zorra satisfecha.

Lo sabía.

¡Será cabrona!

—Mierda —maldijo Ariadna para sí.

—¿Problemas, princesa? —preguntó Luca con esa maldita voz arrastrada, apagando el coche.

—Calla, Moretti. —Gruñó, tirando del cinturón de seguridad con demasiada fuerza para quitárselo.

Ariadna cogió su bolso y abrió la puerta del coche, saliendo lo más calmada que le era posible. Fingiendo una indiferencia que no sentía en absoluto. Julia la estaba mirando, aun con esa irritante sonrisa de me lo vas a contar todo maldita perra .

—¡Buenos días, jefe de seguridad! —saludó tan pancha, alzando la voz hacia Luca, quien le respondió con una inclinación leve de cabeza y ese brillo divertido en los ojos.

Ariadna bufó, y se giró como si fuera a prenderle fuego solo con su mirada.

El muy cabrón no sólo no disimulaba, sino que parecía estar disfrutando de lo lindo.

—¿Nos vamos? —espetó Ariadna, enganchando el brazo de su amiga para alejarse rápidamente del coche.

Julia apenas podía caminar del ataque de risa que le había dado mientras Luca se giraba para volver a meterse en el coche de forma tranquila.

—¿Te importaría explicarme por qué tu guardaespaldas te está mirando como si hubieras dormido en su cama?

—¡Shhhh! —Ariadna casi se tropezó del susto—. ¿Tú estás loca? Baja la voz.

—Vale, lo siento… —Julia empezó a susurrar como si estuvieran en una operación encubierta—. Pero desembucha ya, joder. Porque algo ha pasado. Y no es poca cosa. Lo noto en tu cara. Y en la suya.

—No ha pasado nada —mintió Ariadna. Aunque lo hacía fatal, su mirada lo decía todo a gritos.

—Sí, claro. —Julia se cruzó de brazos, deteniéndose en seco y obligándola a girarse—.

Ari, coño, que te conozco desde que éramos unas crías.

Llevas los labios medio mordidos, los ojos como si no hubieras dormido …

o hubieras dormido demasiado bien, y ese...

¿Cómo decirlo?... ese brillo de me follé a mi guardaespaldas en la piel.

—Julia soltó una carcajada, riéndose ella misma de sus palabras— Así que ahora mismo me lo sueltas o empiezo a gritar que estás embarazada.

—¡Julia! —Ariadna la agarró del brazo, con el rostro completamente rojo—. Eres un puto demonio.

—Y tú amiga, eres la zorra más afortunada del campus. Vamos, confiesa.

Ariadna suspiró cansinamente.  Miró a su alrededor  mordiéndose el labio inferior, y finalmente tiró de Julia hasta los bancos más alejados del jardín principal, entre dos edificios donde no había nadie.

—Vale —murmuró, para que nadie la escuchara —. Pero si se lo cuentas a alguien, te mato, y le digo a mi padre que te enamoraste de un carabinieri.

—¡Por favor! ¡Lo gritaré a los cuatro vientos si es verdad que has catado al dios del infierno llamado Luca Moretti!

Ariadna tragó saliva y miró a su amiga con los ojos entrecerrados. Pero sin evitar que se le escapase una sonrisa.

—Pasó… anoche. Bueno, y esta madrugada…Y esta mañana también.

Julia abrió la boca y los ojos, como un pececillo fuera del agua intentando respirar. Tenía una expresión muy graciosa.

—¿Te estás quedando conmigo? ¡No jodas!

—Estoy jodida, más bien. Literal y emocionalmente.

Julia soltó tremenda carcajada acompañada por varias palmadas. Ariadna arrugó la nariz, en un gesto de culpabilidad y vergüenza.

—¡Hay dios! Solo de pensarlo me entran calores…¿Y cómo… o sea… qué pasó? ¡Dios, cuéntamelo todo! ¿Fue en tu habitación?

—En la suya.

—¿La suya?

—La casa de invitados .

Julia dio un gritito ahogado, tapándose la boca como si no pudiera contener la emoción.

—¡No me lo creo! ¡Ariadna Bianchi! ¡La jodida reina del hielo! se ha derretido por su propio guardaespaldas. Esto es mejor que cualquier novela que he leído.

— Estás siendo estúpidamente dramática.

—No, cariño. Esto es nivel mafia, romance prohibido, sexo criminalmente bueno y tensión que se corta con cuchillos.

Creo que esto me da para escribir un libro ¿Me dejarías?

¡Oh joder!  Soy la única cuerda aquí. ¡Por favor!

¿Y cómo fue? —Ariadna miró a su amiga incrédula, escuchándola hablar a toda pastilla.

Estaba realmente excitada con la noticia.

—¡No te voy a contar detalles, Julia!

—Solo dime… ¿fue tan bueno como parece?

Ariadna se mordió el labio, pensando en todo lo sucedido la noche anterior, y se le escapó un suspiro. Finalmente, no pudo evitar la sonrisa lenta, casi culpable que se le dibujó en la cara.

—Peor. O mejor. No sé. Estoy confundida. —Se tapó la cara con las manos, notando como se ponía roja de la vergüenza.

¿Qué coño le pasaba? Ella no era así.

Julia le dio un empujoncito. Su amiga estaba eufórica. Parecía que la que había follado era ella.

—Te odio que lo sepas. Bueno en realidad te odio y te envidio.

Pero te adoro. — Soltó un gritito ridículo abrazando a Ariadna —.

Pero también estoy tan orgullosa de ti. ¡Te tiraste a tu guardaespaldas!

Al maldito diablo andante con sonrisa quita bragas, y bíceps para rodearte y asfixiarte…

en el buen sentido de la palabra… si es que lo tiene… . ¡Esto e s épico!

Ariadna empezó a reír a carcajadas. No podía evitarlo, Julia estaba fatal de la cabeza. Pero la adoraba. A pesar de todo no podía evitar que las dudas le golpearan con fuerza, apagando un poco el brillo de sus ojos.

—Julia…

—¿Sí?

—¿Y si esto lo arruina todo?

Julia dejó de reír, y miró a Ariadna con cariño.

—¿Tú quieres que se arruine?

Ariadna sopesó la pregunta unos segundos antes de responder. Su mirada bajó a sus pies para luego volver a su amiga.

—No lo sé.

Y lo decía sinceramente. Estaba acojonada. Ella, Ariadna Bianchi. El tormento de cualquier hombre como la llamaba su padre, estaba realmente asustada.

Julia asintió lentamente y con toda la tranquilidad del mundo le pasó un brazo por los hombros de forma protectora a su amiga.

—Entonces, de momento, solo, no lo arruines tú. Déjalo fluir. Espera a ver a dónde te lleva esto. Y cuando llegue el momento de decidir, sabrás lo que tienes que hacer.

Ariadna apoyó la cabeza en el hombro de su amiga y respiró hondo.

No estaba enamorada de Luca. Eso estaba claro. Pero había algo que crecía dentro de ella.

Y ese algo tenía nombre y apellido. Luca Moretti.

Y que ardiera en el infierno cualquiera que se atreviera a interponerse en su camino.