¿Quién eres realmente?
E l silencio después del deseo no siempre es calmado. A veces, es un eco.
Una maldita reverberación que se cuela por las rendijas de lo que debería haberse quedado en un mero impulso.
Pero en ese momento, Ariadna estaba desnuda entre sus brazos. Como buen hijo de puta con suerte, Luca no se arrepentía en absoluto. Era imposible sentir remordimientos, cuando su respiración calmada le rozaba el cuello. Imposible, teniendo su piel caliente y suave pegada contra la suya.
—No creí que esto llegara a pasar, siendo sincera. —susurro ella, rompiendo el silencio con su voz como terciopelo rasgado.
Él tampoco lo creía.
Aunque desde la primera vez que la vio, desnuda en carácter y belleza, supo que sería su perdición.
—¿Te arrepientes? —La voz de Ariadna sonó en voz baja. Casi un susurro.
Luca no respondió al instante. La contempló con sus ojos negros, admirando lo hermosa que se veía en ese momento.
Parecía más vulnerable. Envuelta en su sábana, enredada en su cuerpo, en su cama, con las mejillas aún encendidas, y el cabello como un desastre muy hermoso .
Nunca la había visto tan jodidamente real. Ariadna, parecía vivir siempre en alerta. Impecable. De lengua mordaz. Pero ahora… Ahora la tenía a su puta merced.
—No —contestó Luca, siendo muy sincero al respecto.
Ella lo observó unos segundos.
Sus ojos azules buscaron los suyos, como si pudieran desenterrar todos los malditos secretos que él guardaba a cal y canto bajo llave.
—¿Quién eres realmente, Luca Moretti?
El corazón de Luca se paró por una milésima de segundo. Una parte de él quería ser sincero. Contarle la verdad. Pero la parte más oscura, esa que aún estaba llena de odio visceral, se negaba a dejarlo en paz. No podía decirlo. Lo odiaría.
Ariadna, compuso una ligera sonrisa, y con su mano empezó a trazar pequeños círculos en el pecho de Luca. Esa leve caricia se sentía como el mismo cielo viniendo de ella.
—No me refiero a tu nombre. —continuó diciendo —. Me refiero a lo que cargas dentro — dejó de mover la mano en círculos para posar la palma completa sobre el pecho de él, justo encima de su corazón.—. Hay algo oscuro aquí. Lo veo. Lo siento. Y no sé por qué, pero eso me atrae más de lo que debería.
Luca soltó un suspiro cansado, incorporándose de la cama para sentarse, haciendo que Ariadna abandonara el refugio que había sido su pecho para sentarse también mirándolo.
Joder, estaba realmente preciosa.
¿Qué sabes tú de la oscuridad que cargo, princesa?
Luca se fue hasta el filo de la cama y se rascó la cabeza varias veces con un gesto nervioso, dejando las manos sobre su cara. Un gesto real de frustración.
—No soy un buen tipo, Ariadna. —Logró decir él.
Notó como ella se movía a su espalda, y segundos después, los brazos de Ariadna lo estaban envolviendo desde atrás. El mentón de ella descansando en su hombro. El calor de su cuerpo desnudo pegado a su espalda le era malditamente reconfortante.
—Eso ya lo sé. —Ariadna suspiro, y acto seguido Luca sintió el leve roce de sus labios en la espalda. Le había dado un beso tierno. Pero para él, ese simple gesto, hizo que se le encogiera más la boca del estómago —. Y no me importa. Me gustan los chicos malos.
Luca soltó una risa seca, sin humor.
—No tienes ni idea de lo que estás diciendo.
—¡Pues entonces dímelo!
La voz de ella, sonó cargada de frustración. Y lo entendía. Pero...
¿Qué le iba a decir?
No podía contarle que su padre era el hombre que mató a su madre y a toda su familia. Que lo dejó huérfano y solo.
No podía decirle que él mismo estaba construido a base de odio, y muerte. No podía decirle que había venido a destruir a su familia, empezando por ella misma.
Pero en vez de destruirla, había acabado perdido en ella.
Pero quizá si podía darle un poco de verdad. Al menos una sola capa. La primera de muchas. Quizás, así aliviaría un poco el peso que tenía sobre el pecho.
Suspiró de forma cansada, y se giró para enfrentarla. Estaba sentada, la sábana la tenía cogida contra su pecho. Su pelo negro, le caía por delante hasta rozar sus muslos. Era una jodida visión increíble. Y él, un puto cabronazo afortunado.
—Cuando tenía siete años, vi a un hombre morir frente a mí.
Lo mataron por una deuda. Por traicionar al hombre equivocado.
Desde entonces, supe que el mundo era una mierda.
Y, que si quería sobrevivir, tenía que convertirme en algo peor.
Más peligroso. Era la única manera de sobrevivir a este jodido mundo.
Ariadna lo miraba sin decir nada. Pero Luca, como buen observador, si se había fijado como sus puños se volvían blancos sujetando la sábana contra su pecho. Él continuó hablando, bajo la atenta mirada de ella.
—Pensé que lo tenía todo bajo control. Pensé que venía aquí con una misión clara. Un propósito… —Luca respiró hondo—. Pero tú… jodes todo lo que creía tener resuelto. — Se pasó las manos por el pelo de nuevo. Era un gesto que hacía cuando estaba nervioso, y no podía controlar.
Ella dejó caer la sábana, dejando sus preciosos pechos al aire, para acercarse a él, y tomarle la cara entre sus manos cálidas. Ignorando por completo, que ambos aún estaban desnudos.
Los ojos azules de ella, se clavaron en los de él con miles de preguntas no formuladas.
—¿Qué misión, Luca?
Silencio.
Demasiado silencio. Ella frunció el ceño, pero esperaba pacientemente a que él dijera algo.
Luca alzó su mano para acariciarle la mejilla con el dorso de los dedos. La piel de Ariadna se puso enseguida de gallina. Sonrió interiormente, viendo el efecto que una simple caricia suya le hacía a ella.
—Lo que importa ahora es que te deseo más que a nada. Y que eso es una jodida condena para mi.
Ariadna suspiro cual gato satisfecho, inclinando levemente la cabeza en dirección a sus caricias.
—Entonces soldato , quédate condenado conmigo esta noche.
Y eso fue todo .
Ariadna se subió a horcajadas sobre él. Luca se dejó caer hacia atrás con ella encima.
Su cabello negro, y largo, cayendo en cortinas oscuras alrededor de sus rostros.
Luca, le rozó los labios con los dedos, tratando de memorizar la preciosa curva de su labio superior.
Ella se acercó más a él rozando su mandíbula, y dejando una estela de besos tiernos por su cuello.
El gruñido que salió de la garganta de él, fue casi primitivo. Ella sabía muy bien que lo estaba volviendo loco.
Si esto es volverse loco, que nadie me saque de esta jodida locura.
Ariadna bajó lentamente la mano por su abdomen, provocándole miles de sensaciones a lo largo del recorrido.
Sensaciones totalmente desconocidas para él.
Agarró su duro miembro, y comenzó a subir y bajar su mano con maestría.
Luca creía que iba a morir allí mismo. Agarró de un tirón el pelo de Ariadna y acercó su rostro al de él para morder sus carnosos labios.
Ella respondió a su ataque con un gemido de placer.
—Deberías alejarte de mí, princesa. — logró decir Luca. Su corazón iba a mil por hora. Pero ella no detuvo las caricias a su duro miembro. Solo curvo sus carnosos labios en una sonrisa lobuna.
—No te tengo miedo, Luca. —Él gruñó cuando ella apretó el agarre, acariciando más rápido y duro. —Ya deberías saber que no me rindo jamás. Tú no vas a ser la excepción.
Luca volvió a gruñir y se apoderó de su boca con ansia. Con apenas esfuerzo, la hizo girar, colocándose él encima de ella. Dominando la situación.
—Te arrepentirás de esto mia bella … estoy seguro. Pero no te voy a negar de que soy un puto egoísta y en este momento me importa una jodida mierda todo, si con ello te tengo a mi entera merced .
Volvió a capturar su boca. Devorándola como si fuese la última vez que la iba a besar.
Ariadna le correspondía con la misma ansia.
Mordió y chupó todos los trozos de piel que encontraba a su paso, dejando las zonas enrojecidas e irritadas, pero eso solo lo hacía ponerse más posesivo con ella.
Ella se retorcía como una maldita lagartija debajo de él, gimiendo y suplicando. No podían más. Ninguno de los dos.
Luca se incorporó sobre sus brazos y cogiendo las piernas de ella y colocándoselas en los hombros la miró a los ojos antes de sonreír como un puto obseso y penetrarla de una sola estocada brutal. Ella gimió, deshaciéndose en la cama como lava derretida.
Sus caderas comenzaron a moverse con un ritmo que nada tenía de dulce.
Era posesivo. Exigente. Doloroso.
Ariadna se incorporó obligándolo a girar de nuevo. Quedando nuevamente encima de él.
La dejó marcar la piel de su pecho con las uñas.
La dejó apretarlo con sus piernas.
La dejó arrastrarlo a su propio infierno de deseo, rabia y necesidad.
Cuando ella se inclinó sobre él y lo miró con esos ojos brillantes, Luca supo que ya no había vuelta atrás.
Ella no era solo una hija del enemigo.
Era su adicción.
Su maldición.
Era su puñetera, y jodida perdición más hermosa .