Luca (Sangre Bianchi 2) Baile de máscaras
39%

Baile de máscaras

L a música vibraba a través del suelo de mármol, se colaba por los huesos y se mezclaba con el latido acelerado de su corazón.

Había luces doradas flotando en el aire.

Todo estaba decorado al más puro estilo victoriano: Flores, velas flotantes, exuberancia y poder por donde miraras.

Gente rica de todos los círculos sociales estaban allí esa noche.

Hijos de políticos, de actores famosos, niños ricos de nacimiento, hijos de mafiosos… en esa categoría se incluía ella.

Aunque las máscaras estaban pensadas en cierto modo para ocultar la identidad de los presentes, Ariadna era capaz de reconocer a casi todo el mundo con facilidad.

Tampoco nadie se había molestado lo suficiente para que fuese de otra manera.

Esa noche, los jóvenes de la clase alta iban a perder el control, bebiendo, fumando, tomando drogas, e incluso follando en las plantas superiores.

Ariadna sabía de ciertas orgías que se habían dado en esa fiesta años atrás.

Por eso su padre le había mandado al perro guardián de Luca, no era idiota, sabía lo que se movía en este tipo de fiestas, pero tampoco le podía prohibirir, así qué, su mejor opción fue ponerle a Luca como una jodida sombra allí.

Aunque, ella le había dicho que intentara mantener toda la distancia posible esa noche, y él parecía haberle hecho caso por una puñetera vez en la vida, le era imposible disfrutar de la fiesta sin que sus ojos volaran constantemente a donde estaba él.

¡Maldito Luca Moretti !

Apoyado contra una de las columnas del salón, con una copa en la mano y rodeado de varias mujeres que reían por absolutamente todo lo que él decía.

Ariadna lo observaba por encima del borde de su copa, intentando aparentar indiferencia mientras apretaba los dientes.

Se suponía que ella era la que lo iba a molestar, y no al contrario.

Se había sentido triunfante, cuando en la casa, él se había quedado momentáneamente sin palabras al verla, pero desde que habían llegado a la fiesta prácticamente la estaba ignorando, y se veía bien cómodo rodeado de zorras.

—¿Te quieres relajar o te vas a comer el vaso de cristal también? —preguntó Julia a su lado, divertida.

Ariadna bajó la copa, girándose apenas hacia su amiga.

—Estoy relajada. —Ariadna intentó componer una sonrisa, pero no le salió demasiado bien.

—Claro. Y yo soy una monja —replicó Julia, cruzándose de brazos—. Llevas diez minutos observándolo como si quisieras matarlo… O tirártelo, lo cual quizás es lo que debas hacer.

—¡Julia! —Gimió ella, ruborizada.

—¿Qué? No he dicho nada que no se pueda ver desde Saturno. Te trae loca. Y ese vestido… ¿me vas a decir que no lo elegiste pensando en cómo le iba a explotar la cabeza?

Ariadna rodó los ojos.

—Lo elegí porque me queda bien. Punto.

—Y porque el corte en la pierna deja poco a la imaginación y puede causar más de un paro cardíaco. Punto y coma.

Ariadna no respondió. En parte porque lo que decía Julia era cierto.

Se había vestido así por él. Porque Luca la provocaba con cada palabra, cada silencio, cada puta sonrisa torcida.

Y ahora que él estaba ahí, con esa máscara que lo hacía parecer aún más oscuro…

ignorándola completamente mientras esas chicas se colgaban de su brazo…

La sangre le hervía. Notaba como un sentimiento desagradable le subía por la garganta.

—Voy al baño —dijo Ariadna, dejando la copa en una mesa cercana.

—Claro que sí. —Julia rió—. Quizás un poco de agua fresca te apague el humo que te veo salir por la cabeza.

Ariadna la ignoró, no tenía ganas de entrar en una batalla de pullas con Julia. Su humor iba de mal en peor, y las ganas de estar en esa fiesta se estaban escabullendo con la misma rapidez que se apaga una vela.

Era muy consciente de su físico, y de las reacciones que provocaba.

Caminó entre los invitados con paso firme, notando varias miradas clavadas en su espalda, contoneándose al ritmo de sus pasos.

No lo miró cuando pasó cerca de él. Sabía que la había visto.

Podía sentir la mirada de Luca fija en ella.

Ese cosquilleo que siempre le producía en él cuerpo…

Pero no se apartó del grupito de chicas que lo rodeaban.

Perfecto. —Pensó ella.

Si él podía jugar, ella también.

—¡Ari! —la voz de Dante la sacó de sus pensamientos.

Lo vio acercarse con esa sonrisa blanca, y ese pelo rubio perfectamente desordenado. El capitán del equipo. El chico que siempre buscaba su atención, y que ella siempre rechazaba.

Hasta ahora. Una sonrisa perezosa cruzó el rostro de Ariadna. Luca quería provocarla, pues bien, ella le iba a dar su propia medicina.

—Dante—dijo con una sonrisa dulce.

—Wow… Estás… —Sus ojos recorrieron su cuerpo de forma lasciva, ella intentó no borrar la sonrisa de su cara—. Criminal.

—¿Eso es un cumplido? —Le mantuvo la sonrisa como una bobalicona, una sonrisa falsa, pero que pretendía hacer caer a Dante.

—Lo mejor que puedo darte sin que me arresten. —contestó él componiendo una sonrisa también.

Ella rió con elegancia, llevándose una mano al pecho.

Estaba siendo tremendamente superficial y deliberada.

—¿Me acompañas? Necesito salir un momento de todo este ruido. Un poco de aire fresco me vendrá genial.

Él alzó una ceja, pero su cara era de satisfacción pura y dura

—¿A solas? — Dante la miró expectante.

Ella le tomó la mano sin responder y se giró tirando de él para salir.

Ni siquiera sabía por qué lo estaba haciendo. Solo sabía que necesitaba que Luca la viera.

Salieron del salón hacia la zona lateral de la biblioteca privada, más oscura, silenciosa y vacía. Las luces eran tenues y el olor a cuero viejo y madera barnizada lo llenaba todo.

Dante no perdió el tiempo, cerró la puerta de la biblioteca y empezó a caminar hacia ella arrinconándola contra la pared.

—No creí que alguna vez me ibas a dar tu atención —dijo, acercándose demasiado.

—Yo tampoco —confesó Ariadna, sonriendo con tensión, su cuerpo en alerta. Cuando se llevó a Dante de la fiesta solo pretendía desaparecer un rato y hablar con Dante, pero esa situación no era para nada lo que ella pretendía.

Su mente volvió a Luca, el muy cabrón la había ignorado. Se suponía que debía ser su maldita sombra… ¿Dónde estaba?

—Tal vez debería aprovechar la oportunidad entonces. — dijo Dante a escasos centímetros de la cara de ella. Ariadna podía notar su aliento en la cara, con un ligero aroma a alcohol .

Sus manos se posaron en su cintura, deslizándose hacia su espalda descubierta. Ariadna se tensó aún más.

—No tan rápido —ella, colocó una mano en su pecho para retenerlo.

—Vamos, Ari… no seas tímida ahora, tú me has buscado… estoy seguro de que quieres esto tanto como yo.

Su boca se acercó a la de ella. El aliento cargado de alcohol, la presión de su cuerpo que ya rozaba el suyo.

—Dante, para, no quiero. —protestó, Ariadna intentando separarlo de su cuerpo. Pero Dante ejerció más presión en su agarre.

—Sí quieres, solo relájate… No nos va a ver nadie.

Error. La mente de Ariadna iba a mil por hora, y la sangre le había empezado a bullir de ira.

El siguiente sonido fue un chasquido seco.

¡CRACK!

Su puño conectó con la nariz de Dante con un golpe perfecto y limpio. Él gritó, llevándose las manos a la cara mientras la sangre le goteaba entre los dedos.

—¡Estás loca, hija de puta! —rugió él.

—¿Qué me has llamado? —espetó Ariadna, furiosa.

—¡Maldita perra! ¿Crees que porque eres una Bianchi puedes ir pegando puñetazos a cualquiera?

—No lo creo. Lo sé —dijo con frialdad mirando con asco a Dante.

—¡Eres una puta zorra! Primero me provocas y luego me rompes la nariz… ¡Te vas a arrepentir!

—¿Eso crees? ¡Que te jodan Dante! Y que lo sepas… nunca me habría acostado contigo, ni en tus putos sueños ¡imbécil!

—¡Te voy a...! —gritó Dante lanzándose hacía ella como para pegarle. Ariadna se puso en guardia, como su padre le había enseñado, pero una voz fría y profunda hizo que Dante se parara en seco.

—Ni lo intentes.

La orden sonó letal e indiscutible.

—Ariadna. Fuera.

Ella se giró.

Luca estaba de pie en la entrada, los puños apretados a sus costados, la mirada afilada,siniestra como putas cuchillas, y la mandíbula apretada. Su expresión era letal.

Dante se congeló en el sitio, la nariz sangrando aún.

—L-Luca…—Ariadna se quedó sin palabras. El aura que lo rodeaba en ese momento era muy diferente a la que siempre le había visto. Ahora mismo, hasta ella sentía cierto miedo de él.

Luca desvió la mirada de Dante a ella, clavando sus ojos oscuros en los de Ariadna.

Había algo en sus ojos…

Una mezcla de furia contenida, instinto asesino… y algo más.

Algo más oscuro. Más profundo.

—Fuera, princesa —repitió Luca, sin alzar la voz. Pero el tono no dejaba lugar a réplica.

Por primera vez… Ariadna no discutió.

Su pulso seguía disparado, su pecho subía y bajaba con rapidez. Su puño le dolía, y su orgullo estaba tan inflamado como su deseo de hacer daño.

Pero no dijo nada. No se atrevió a replicarle.

Pasó junto a Luca. No era capaz ni de mirarlo.

Sentía su rabia irradiar como un fuego que estaba empezando a propagarse de forma muy rápida.

Luca no se movió cuando ella pasó por su lado.

Volvió la vista hacia Dante, que permanecía quieto, la cara blanca como el marfil.

Ariadna miró por última vez al pobre chico antes de salir fuera de la biblioteca y cerrar la puerta.

Solo cuando estaba en el pasillo, sola, se detuvo a tomar aire.

No sabía qué iba a hacer Luca ahí dentro.

Una parte de ella temía que matara a Dante.

Otra parte, la más oscura se sentía casi satisfecha de qué le hiciera pagar a ese gilipollas por haberla tocado sin su permiso.

Pero no quería que Luca se metiera en ningún lío.

Dante era un niño rico malcriado, y sus padres tenían contactos por todos lados, no sabía si eso podía afectar de alguna manera a Luca.

Pero de una cosa sí que estaba segura.

Pasara lo que pasara ahí dentro, Dante iba a arrepentirse de haberla tocado.