Luca (Sangre Bianchi 2) Con la mente echa un ¨Khaos¨
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Con la mente echa un ¨Khaos¨

L a noche se había instalado sobre la finca, todo estaba en silencio, a esa hora las tierras de los Bianchi parecían respirar calma, solo los sonidos de los árboles al mecerse con el viento, o el eco lejano de algún búho interrumpía esa calma.

Ariadna caminaba por los jardines traseros, le encantaba salir a esa hora, disfrutar de esa tranquilidad, respirar paz, ordenar sus malditos pensamientos.

Estaba cerca del área de entrenamiento de los perros de su padre, ella había pasado muchas horas por allí, cuando Romeo la enseñó a adiestrar a su perro.

Llevaba el silbato para perros colgando de su cuello, y una linterna pequeña en la mano, ya que esa zona estaba bastante oscura a esa hora.

Su perro Khaos , caminaba a su lado, esperando a que en algún momento Ariadna le diera una orden.

El Dóberman negro de mirada asesina y mandíbula capaz de partir huesos. Iba con paso firme, las orejas en alto, la tensión en cada músculo. Entrenado personalmente por su padre. Khaos era una bestia hecha para proteger, atacar, y obedecer solo a la voz correcta.

La de ella.

— ¡Seduto! —ordenó Ariadna, cuando llegaron al campo de entrenamiento.

Khaos se sentó al instante. Ella sonrió, orgullosa. Le encantaba ver cómo respondía, cómo la reconocía como autoridad .

—Khaos, attento —El perro giró su cabeza alerta, buscando algún movimiento.

Ariadna se giró para inspeccionar la oscuridad, aún con la linterna apagada. No necesitaba más luz. Conocía el terreno de memoria.

Pero entonces, lo escuchó.

Pisadas sobre la grava. Un ritmo firme y controlado. Khaos comenzó a gruñir, sus orejas más tiesas, su cuerpo se había puesto en tensión. Estaba preparado para cualquier orden que le diera Ariadna.

Unos segundos después, apareció una sombra grande.

Ariadna, intentó mantener la calma, Khaos , seguía gruñendo listo para atacar, pero cuando la sombra oscura se acercó más y pudo distinguirla, su pulso se disparó por completo.

Era Luca. Estaba sudado. No llevaba camiseta, enseñando sus perfectos abdominales, llevaba puesto un pantalón deportivo negro, que le colgaba bajo en la cadera, mostrando la perfecta v de sus oblicuos.

Su pelo negro, estaba alborotado y húmedo por el sudor.

¡M aldito fuera si no se veía como un puto pecado ambulante !

Se paró en seco frente a ella y procedió a repasarla con su oscura mirada, de forma descarada. Luca Moretti no parecía sorprendido al verla. Solo… divertido.

—Bonito pijama, princesa. ¿Los ositos asesinos son tu especialidad? —soltó él nada más verla.

Ariadna frunció el ceño, llevándose las manos a las caderas. Su pijama era cómodo y holgado, y sí, tenía dibujos de animales caricaturescos. Quizás no era el pijama más sexy del mundo pero, ¿y qué? Estaba en su maldita casa. Su lugar seguro, donde no tenía que fingir ni esconderse.

—¿Tú entrenas sin camiseta por qué tienes calor, o porque eres un presumido prepotente?

Él dio varios pasos más para ponerse justo frente a ella, a escasos metros. Una fina película de sudor brillaba sobre su piel marcada por tatuajes y músculos tensos por el ejercicio.

—Solo quería ver si tú también babeabas como todas las del campus —respondió con una sonrisa ladina, provocándola.

Ella se tensó como la cuerda de una guitarra llevada al límite. Khaos gruñó, como si captara el cambio en el cuerpo de Ariadna.

Se obligó a sonreír, aunque lo que le salió no era una sonrisa para nada amable.

—Khaos. Allerta . —ordenó ella, con toda la tranquilidad del mundo, sin apartar la vista ni un solo segundo de Luca, desafiándolo.

El perro se irguió de golpe, los ojos negros clavados en él. Un gruñido profundo le vibró en el pecho.

Pero Luca no retrocedió. Ni un maldito paso.

—¿Vas a atacarme, princesa? —preguntó con calma, devolviéndole la mirada a ella, sin prestar atención al perro.

—Podría. Te sorprendería lo bien entrenado que está.

—Tú también estás bien entrenada —Luca bajó la mirada solo un segundo, como si evaluara cada curva de su cuerpo bajo el pijama, y la volvió a subir lentamente—. Pero tampoco atacas sin motivo ¿No? — dio un paso más hacia ella.

Khaos seguía gruñendo, pero lo estaba ignorando completamente, como si no le importara que una bestia de cuarenta y cinco kilos, estuviera preparado para desgarrarle el cuello con una sola orden de ella.

Ariadna se llevó la mano al pecho, y apretó el silbato entre los dedos, casi de forma inconsciente .

—Estás invadiendo mi espacio personal. —escupió ella, con menos fuerza de la que realmente pretendía decirlo.

—¿Tu espacio personal es la finca de tu padre? —preguntó él, alzando una ceja burlona.

—Esta parte, la utilizo yo a estas horas. —su voz se volvió aguda por la rabia contenida. Un calor horrible comenzó a subirle por el cuello y estaba muy segura que nada tenía que ver con la furia que sentía.

Él se acercó un paso más. Luego otro, sin desviar su mirada negra de la azul de ella. La estaba probando, sabía que quería ver hasta dónde era capaz de llegar.

Khaos gruñó más fuerte, mostrando sus afilados dientes, su cuerpo tenso, listo para saltar encima de Luca.

Ariadna levantó la mano en dirección al perro.

—Khaos, aspetta. —le ordenó sin apartar la mirada de Luca, que mantenía una expresión burlona en su cara.

El perro dejó de gruñir al instante, pero no relajó su postura.

Él dio un paso más. Ahora estaba a menos de un metro de ella. La luz de la luna iluminaba su rostro parcialmente. El hoyuelo apenas visible bajo la sonrisa torcida. Su jodido aroma, le llegó haciendo que Ariadna apretase los puños a ambos lados de su cuerpo.

—¿Y si te reto a que des la orden, Ariadna? —Preguntó él con voz baja, aterciopelada. —¿Tienes ese veneno que dices tener… o solo sabes ladrar cómo tu perro? —el imbécil estaba buscando que ella reaccionara, que perdiera los papeles delante de él y así tener el maldito control de la situación.

Ariadna sintió cómo se le erizaba la piel. Estaba realmente muy furiosa. Pero había algo más, que bullía dentro de ella, y le provocaba aún más furia. Estaba sintiendo deseo.

¡Joder! ¡se estaba poniendo jodidamente cachonda con la situación !

El muy cabrón la estaba provocando. Estaba jugando con ella, desafiándola, y ella estaba sintiendo mil emociones contradictorias en ese puto momento.

Luca se acercó otro poco. Ahora sus respiraciones se tocaban. El calor del cuerpo de él envolvía el suyo, pero… Aun así, él parecía frío como el acero.

—Vamos, princesa…—Las palabras le salieron con un gruñido bajo—. Hazlo. Di attacca —su voz era un susurro grave e intoxicante, que se filtraba en el sistema de Ariadna como un jodido veneno…—. Estás deseando…

—Eres despreciable —escupió ella.

—Puede ser. Pero entonces… ¿Por qué estás temblando? — volvió a recorrerla con la mirada.

No era cierto, ella no estaba temblando.

¿O sí?

Él bajó la mirada hasta su cuello, donde el silbato seguía colgando. Lo rozó con la yema de los dedos, solo un segundo. Ariadna no se movió. No le iba a dar el gusto de salir huyendo, aunque su cabeza le gritaba que lo hiciera.

—¿Cuántas veces vas a intentar morderme sin atreverte a sangrarme? —soltó él, bajito, su voz fue más como un gruñido, sonando malditamente sexy.

—¿Y cuántas veces vas a tocarme sin permiso antes de que te arranque la mano? —logró responder ella, sin moverse ni un milímetro de la postura en la que estaba, tan cerca de él.

Los ojos negros de Luca brillaron con una malicia encantadora.

—Vamos princesa… Te mueres de ganas. —sonrió mostrando los putos hoyuelos que la traían de cabeza.

—Lo que deseo, —espetó ella— es que desaparezcas —mintió, intentando que no le temblara la voz .

Entonces, él retrocedió. Un paso. Luego otro. La sonrisa seguía ahí, intacta. Su expresión era segura, de quien sabe que esta partida la ha ganado.

—No me tientes, princesa, puede que luego te arrepientas de tus palabras—dijo antes de darse la vuelta y alejarse, reanudando su trote como si nada hubiera pasado.

Ariadna lo siguió con la mirada, con el corazón golpeándole las costillas.

Soltó despacio el aire que no se había dado cuenta estaba conteniendo, y relajó sus manos, cayendo en la cuenta de que se había vuelto a clavar las uñas en las palmas.

Cuando la figura de Luca, se perdió en la oscuridad, se giró hacia Khaos , que aún estaba tenso, con la vista fija en la dirección por la que había desaparecido él.

—Khaos. Rilassati .

El perro se sentó al instante, relajando la postura. Sacó la lengua y la miró con cara de cachorrito bueno. Un mismo perro, dos caras muy diferentes.

Volvió a mirar en la dirección que se había ido Luca, y maldijo entre dientes. Finalmente se giró, y caminó de regreso, con la linterna apagada y los pasos firmes.

Estaba cabreada.

¡No, estaba realmente furiosa!

Pero sobre todo con ella misma. Más concretamente con su maldito cuerpo, que reaccionaba de forma totalmente contraria a su cerebro, quería odiarlo.

Debía odiarlo. Era su guardaespaldas. Un maldito soldado de su padre.

Su puto chivato personal, y ella no quería una maldita sombra pendiente de todo lo que hacía, pero su cuerpo se había empeñado en reaccionar con Luca.

Cuando lo había visto sin camiseta…, sudado…

, ¡joder! ese cuerpo era un puto crimen.

Aria dna había visto muchos hombres musculosos entre los soldados de su padre, pero Luca era una puta obra de arte tatuada, y cuando sonreía…

, esos hoyuelos estaban hechos para seducir mujeres, lo tenía clarísimo.

Pero ella no podía, no. No debía sentir esas cosas por él.

Se paró en seco, y alzó la mirada al cielo frustrada con el remolino de pensamientos que le azotaban la cabeza en ese momento. Khaos se paró también a su lado, mirando a su dueña como si comprendiera lo que le estaba sucediendo.

Ariadna se llevó las manos a la cara, y soltó un grito frustrado al aire.

Odiaba a Luca Moretti.

Odiaba su maldita sonrisa con hoyuelos.

Pero, sobre todo, odiaba lo mucho que deseaba volver a encontrárselo otra vez…

¡Joder! Se odiaba también a sí misma por ello.