Lovely CAPÍTULO 12 #2
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CAPÍTULO 12 #2

Una lágrima resbala por su mejilla y yo la limpio.

—Te pareces mucho a tu padre, Colin. No solo físicamente. Tu forma de ser y de actuar es muy similar a la suya. Son evidentes los valores que te transmitió. Debe de estar muy orgulloso de ti.

—Gracias, Emma.

Me besa y yo correspondo su dulce beso.

—Ahora que mencionaste lo de la fiesta de tu abuela, yo he querido disculparme contigo.

—¿Conmigo? ¿Por qué?

—Te dije que nunca debí conocerte y no lo decía en serio. Tú eres lo mejor que me ha pasado, Colin, y soy muy afortunada de haberte conocido. Por eso quería disculparme. Te dije lo que no sentía en realidad y eso no estuvo bien.

Sonríe y deposita un beso en mi frente.

—Soy yo quien se disculpa. Fui yo quien no dijo lo que sí sentía.

—Parece que vamos a disculparnos toda la madrugada —murmuro en broma.

Colin sonríe.

—Te amo, Colin. Pienso que todo lo que pasamos, haya sido bueno, malo o regular, fue necesario para que los dos estemos ahora juntos y que nuestra relación sea más fuerte.

—También te amo, Emma. Soy el hombre más afortunado del mundo por tenerte y te aseguro que nunca volveré a perderte.

—Ni yo a ti.

Nos besamos de nuevo y es entonces cuando me doy cuenta de que la tormenta ha cesado. Me acurruco y cierro los ojos para dormir tranquilamente, pues estoy en el lugar más seguro que puede existir, entre los brazos de Colin.

Es viernes por la noche. Ya solo nos queda el sábado para disfrutar de este increíble lugar, pues el domingo, después del desayuno, regresamos a casa.

Estoy disfrutando del delicioso jacuzzi al aire libre cuando un mono salta a la baranda y comienza a chillar.

Me sobresalto y salgo corriendo del jacuzzi, dejando un pozo de agua detrás de mí. El mono me persigue por toda la villa hasta que finalmente choco con Colin en la cocina.

Él me sujeta con fuerza mientras el mono sube a una encimera, toma una banana y comienza a comérsela.

—Mi amor, ¿estás bien?

—Ay, Dios…

Me llevo la mano al corazón y trato de tranquilizarme.

—Pensé que el mono iba a matarme.

Colin no puede evitar reírse.

Se acerca al mono y lo acaricia suavemente. El mono se deja y hasta parece que le hace ojitos de enamorado.

Yo miro al mono con enojo y este se ríe.

—¡Se está riendo de mí!

Colin sonríe con burla y niega con la cabeza.

—Regresa al jacuzzi, dulzura. Te llevaré una copa de vino.

Regreso al jacuzzi y, cuando me siento en una grada dentro del agua, el mono sale, se para sobre mi cabeza y luego se marcha.

—¡Monooo!

Mi grito solo hace reír a Colin, quien entra al jacuzzi y coloca las copas de vino cerca de nosotros.

—Te juro que me odia.

—¿Quién podría odiarte, dulzura?

Sus palabras me hacen sonreír.

Me abraza en el jacuzzi mientras tomamos un poco de vino y observamos el hermoso cielo lleno de estrellas.

—¿Te ha gustado el paseo?

Asiento con la cabeza.

—Me ha encantado. Es un lugar maravilloso y tu compañía es todo lo que podría desear.

Me besa suavemente y luego sonríe.

—Mañana será un día muy especial… para los dos.

Lo miro curiosa.

—¿En serio? ¿Por qué?

Sonríe y aparta la mirada.

—Ya lo verás.

Con una traviesa sonrisa, dejo la copa a un lado y subo a horcajadas sobre sus piernas.

—¿No vas a decirme?

Me sujeta de la cintura y niega con la cabeza.

—Quiero que sea una sorpresa.

Acaricio su rostro y asiento.

—De acuerdo.

Me besa y yo lo beso.

Nos abrazamos y acariciamos y no sé en qué momento pasa, pero cuando me doy cuenta, ambos estamos desnudos, excitados y con nuestras respiraciones agitadas.

—Colin…

—Emma…

—Te amo tanto…

Me levanta con gran facilidad y, luego de acomodarse en mi entrada, me deja caer, introduciéndose hasta el fondo en mi interior.

Suelto un gemido mientras él atiende mis pezones, chupándolos y mordisqueándolos suavemente.

—También te amo, dulzura. Te amo más que nada en este mundo.

Me estremezco por sus palabras, sus caricias y sus lentas embestidas.

Dejo caer la cabeza hacia atrás, disfrutando de las deliciosas sensaciones que me provoca, moviendo mis caderas al ritmo de sus embestidas.

Colin me toma del cabello y me obliga a mirarlo. Muerde suavemente mi labio inferior y me mira a los ojos con deseo.

—Eres perfecta.

—Tú eres perfecto.

Comienza a penetrarme con más fuerza y rapidez, provocando sonoros gemidos en mí.

Lo beso con pasión, introduciendo mi lengua en su boca, jugueteando con su lengua al mismo tiempo que lo provoco. Gruñe excitado y entonces me levanta y se pone de pie.

—¡Colin!

Me toma en brazos y me lleva al dormitorio.

Me deja con cuidado en el piso y luego me inclina sobre la cama.

Coloco las manos sobre las sábanas y entonces lo siento penetrarme de nuevo. Noto cómo llega más profundo y mis piernas tiemblan.

—Oh, Colin…

Azota mis glúteos hasta dejarlos rojos y calientes. Arrugo las sábanas con fuerza mientras jadeo intensamente.

—Por favor, Colin…

Me levanta sin salir de mi interior y me pega a su pecho. Sigue embistiéndome con fuerza mientras lame y chupa mi cuello y pellizca suavemente mis pezones.

Llevo las manos hacia arriba y me sujeto de su cuello, dejándome hacer lo que él quiera.

Baja una mano hasta llegar a mi clítoris y lo acaricia suavemente sin dejar de moverse en mi interior.

Cierro los ojos con fuerza y, de inmediato, me dejo ir en un fuerte orgasmo que me hace estremecer.

Con un gruñido, Colin me inclina nuevamente sobre la cama y me embiste un par de veces más hasta venirse muy duro dentro de mí.

Cuando sale de mi interior, estoy palpitante y siento cómo su semen resbala por uno de mis muslos.

Me dejo caer en la cama completamente agotada. Colin besa mis glúteos y luego se acuesta a mi lado.

—¿Estás bien, dulzura?

Lo miro, sonrío y asiento.

—Eso estuvo… muy bien.

—¿Te gustó?

—Me encantó.

Se acerca para besarme y luego nos quedamos acostados tratando de recuperarnos.

Observo con emoción la vista de todo el lugar desde el helicóptero en el que Colin y yo hemos subido.

Desde arriba, todo parece un arcoíris gracias a los hermosos y vivos colores de la naturaleza.

Colin me mira en todo momento, feliz de verme tan emocionada.

Hoy nos levantamos tarde y decidimos no salir durante la mañana. Fue cerca de las tres de la tarde cuando Colin me pidió que me arreglara para salir a dar un paseo. Jamás imaginé que fuera en helicóptero.

Luego de recorrer durante más de cuarenta minutos la zona, el helicóptero comienza a descender en lo que parece una pequeña playa privada.

Bajamos del helicóptero y Colin me toma de la mano mientras me lleva a una mesa en la solitaria y hermosa playa privada.

Sobre la mesa hay vino, dos platos con un delicioso salmón y, de postre, un tiramisú que se ve glorioso.

Colin corre una silla para que me siente y luego se sienta frente a mí.

—Colin, esto es precioso.

—Sabía que te gustaría.

Sonreímos y cenamos, disfrutando del sonido de las olas del mar y la fresca brisa de la tarde.

Cuando terminamos de cenar y comenzamos a degustar el postre, las luces colgantes de la playa se encienden, pues ya ha oscurecido.

—¡Vaya!

Miro emocionada el lugar mientras Colin sonríe.

—Quería que tuviéramos tiempo a solas fuera de la villa. Encontré este lugar y me pareció perfecto.

—Lo es, es perfecto. Nunca había visto una playa tan bonita.

Cuando terminamos el postre, Colin toma una de mis manos y deposita un dulce beso en ella.

—Gracias, Emma —me dice.

—¿Por qué? —pregunto, confundida.

—Por regresar conmigo a pesar del daño que te causé y por amarme aunque no lo merezca.

—Oh, Colin… —digo con la voz entrecortada—. Claro que lo mereces. Soy yo quien siente que no te merece.

Se levanta y me ofrece una mano. La tomo y me pongo de pie.

—Me mereces, Emma. Nunca lo dudes, por favor.

Lo abrazo con fuerza y él corresponde de la misma manera.

—Te amo, Emma.

—Yo también te amo, Colin.

Nos quedamos así por largos segundos, hasta que un trío de guitarristas se aproxima desde lejos, tocando y cantando una romántica canción. Se detienen cerca de nosotros y continúan interpretando la melodía.

Miro a Colin con una sonrisa.

—Lo mejor para mi amor —dice él.

Entonces, sin soltarme, comienza a bailar. Yo lo abrazo de nuevo y me acoplo a sus pasos, disfrutando de la música que nos envuelve, mientras agradezco al destino por permitirme estar al lado de este maravilloso hombre.