Lovely CAPÍTULO 11 #4
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CAPÍTULO 11 #4

—Habla con él. Pero no como su jefa. No le ordenes, no le exijas. Habla con sinceridad, dile lo que sientes y lo que piensas como la mujer que sé que eres. Pídele que haga lo mismo y, si al final él no quiere hacerlo, pues no es el indicado para ti.

—Eso no me da mucho consuelo…

—Lo sé, pero debo ser realista y honesta contigo.

Me mira con nerviosismo.

—¿Y qué hay de Colin o de mamá?

—Ya he hablado con Colin, él está de acuerdo conmigo. Y no pienses en tu madre. Ni siquiera sabes qué pasará. No te preocupes innecesariamente.

Asiente con la cabeza.

—Tienes razón, Emma. Debo dejar de actuar como una niña malcriada, debo mostrarle a Demian que soy una mujer y debo ser honesta con él.

—Y yo te ayudaré para que puedas hablar con él.

—¿Cómo?

—Bueno, mañana podemos salir y yo te dejaré a solas con él para que hablen con tranquilidad.

Su mirada se ilumina.

—Gracias, Emma.

Me abraza. Yo sonrío mientras la abrazo también.

Al día siguiente, Dara y yo subimos al auto conducido por Demian.

—¿A dónde las llevo, señoritas?

—A La Casa del Postre, Demian. Hoy tenemos ganas de algo dulce.

Él asiente ante mis palabras y comienza a conducir.

Dara retuerce sus manos con nerviosismo mientras mira por la ventana. Yo palmeo suavemente sus manos para tranquilizarla.

Demian la observa de vez en cuando por el espejo retrovisor. Se ve preocupado por la actitud de Dara.

Y cómo no, después de nuestra charla el día anterior, Dara dejó de molestar a Demian. Le habló con naturalidad, no le gritó y no le dio órdenes.

En cuanto llegamos al restaurante de postres, Demian se baja para abrirnos la puerta. Yo salgo primero y, cuando Dara lo hace, él se queda mirándola a los ojos.

—¿Sucede algo? —le pregunta.

Dara lo mira por largos segundos y luego sonríe.

—No.

Pasa por su lado y me toma del brazo. Yo le sonrío orgullosa.

Demian nos sigue al restaurante y, cuando Dara y yo nos sentamos, él camina hacia otra mesa.

—Siéntate con nosotras —le pido.

Lo piensa unos segundos y finalmente se acerca y se sienta junto a nosotras.

—Debo ir al baño, pero siéntanse libres de ordenar sin mí.

Palmeo a Dara suavemente bajo la mesa y luego me levanto y me marcho al baño.

Me quedo ahí más de lo necesario y, cuando finalmente salgo, me siento en una mesa bastante lejos de ellos y los observo.

Dara habla, se ve tranquila y lo mira a los ojos en todo momento.

Demian, por el contrario, se ve nervioso. Incluso bebe su limonada con gran rapidez.

Cuando parece que Dara termina de hablar, Demian la mira, pero no dice nada. Dara baja la mirada a su trozo de pastel y, luego de lo que parece una eternidad, se pone de pie, dispuesta a marcharse.

Entonces Demian la toma de la mano y le dice algo que no entiendo porque no sé leer los labios. Maldita sea… Dara sonríe y vuelve a sentarse y, sin soltar sus manos, Demian comienza a hablar.

Yo suelto el aliento, dándome cuenta de que había estado conteniendo la respiración.

Con una sonrisa, me levanto de la mesa, me acerco al mostrador y compro dos trozos de pastel de chocolate para compartir con Colin. Luego me marcho a su casa en un taxi, dejando que Dara y Demian decidan por sí mismos su propio destino.

Por la tarde, cuando Dara regresa al apartamento de Colin, una gran sonrisa adorna su rostro. No me cuenta nada y yo tampoco le pregunto; su sonrisa basta para saber que las cosas con Demian han salido bien.

El sábado por la mañana, despierto sola en la cama. Me levanto, voy al baño y luego me pongo una bata antes de salir del dormitorio.

Dara aún no se ha levantado y Colin está sentado a la mesa desayunando, mientras su atención se centra en su celular.

—Buenos días, mi amor —dice sin mirarme.

Me sorprende que me haya notado.

—Buenos días para ti también, mi amor.

Me mira y sonríe.

—Mi madre regresa hoy, así que Dara podrá regresar a casa mañana.

—Oh, de acuerdo.

—Aún te queda una semana libre, ¿cierto?

Asiento con la cabeza.

—Creo que es momento de tomar esas vacaciones. Estoy agotado por tanto trabajo y sé que tú también lo estás; ayudar a Dara siempre es agotador.

Yo sonrío.

—No es que haya hecho la gran cosa…

Ayer, cuando regresé a casa de Colin y mientras disfrutaba del pastel de chocolate con él, le conté lo que había hecho con Dara. Se preocupó un poco, pero cuando la vio regresar con una gran sonrisa, simplemente se tranquilizó y decidió no tocar el tema.

—¿De verdad iremos de vacaciones? —le pregunto emocionada.

—Sí, solo tú y yo.

Me acerco a él y me siento en su regazo antes de besarlo en los labios.

—¿A dónde iremos?

—Bueno, ya que mi abuela vive enamorada de Costa Rica, pensé que sería buena idea ir allá.

—¿En serio? ¿A Costa Rica?

No puedo ocultar mi emoción.

—En estos momentos estaba terminando la reservación. Iremos a un hermoso complejo residencial. Tendremos una villa privada para nosotros dos y podremos disfrutar de muchas actividades.

Comienzo a darle besos en las mejillas y los labios. Él se ríe.

—¡No puedo creer que vayamos de vacaciones a Costa Rica!

—Sabía que te gustaría.

No he borrado la emoción de mi rostro cuando Dara se acerca al comedor.

—¿Y ustedes por qué están tan felices?

—¡Colin va a llevarme a Costa Rica!

Mi gritillo hace reír a Colin. Dara aplaude emocionada.

—¡Oh! ¡Qué maravilloso! Ya era hora de que se fueran de vacaciones.

—Bueno, lo habríamos hecho antes si hubieras ido con nuestra madre a su viaje, en lugar de quedarte aquí.

Dara le saca la lengua a Colin y se sirve un vaso de jugo de naranja.

—Si hubiera sabido que mamá iba a regresar antes de mi baile de graduación, habría ido con ella y con la abuela. Comprar en París siempre es un placer.

Me río mientras trato de levantarme, pero Colin me sujeta con fuerza de la cintura.

Lo miro a los ojos y noto el deseo en su mirada. Desde que vine a quedarme con él, no hemos tenido sexo. Me la he pasado muy pendiente de Dara y él del trabajo.

—Y bien, ¿a qué hora es tu cita de hoy? —le pregunta Colin a su hermana.

—Yo… bueno… cancelé la cita. La verdad el chico no me gustaba. Iré al baile con alguien más…

—¿Con quién? —le pregunto sin poder evitarlo.

En ese momento, Demian sale del ascensor.

—Conmigo —responde, llamando nuestra atención—. Si el señor Larson lo aprueba.

Colin mira a Demian y luego mira a Dara.

—Por supuesto.

Dara sonríe emocionada y le da un beso a Colin en la mejilla.

—¿Te he dicho que eres el mejor hermano del mundo?

—Nunca —dice Colin.

—Oh, lo eres, hermanito. Te lo juro.

Yo miro a Demian y sonrío. Él también lo hace mientras sus mejillas se tornan un poco rosadas. Está avergonzado.

—Ahora, me voy a bañar. Se me antoja desayunar afuera… —comenta, mirando a Demian con intención.

—Tendré el auto listo —dice él, antes de apresurarse al ascensor.

Dara se marcha presurosa a su habitación mientras Colin niega con la cabeza y yo me río.

—Mi madre se volverá loca.

—Yo también estoy loca —le digo al oído—. Pero por ti…

Sube su mano por mi espalda, acariciándome superficialmente y haciéndome estremecer.

Bajo de sus piernas, sonrío sensualmente y, mientras lo tomo de la mano, lo conduzco a su habitación.

Cuando llegamos a la cama, acaricio su pecho y lo empujo suavemente.

—Sube a la cama, cariño.

Su mirada se oscurece ante mi orden. Se sienta en la cama y retrocede hasta dejar su cabeza sobre las almohadas.

Subo gateando hasta llegar a él y lo beso en los labios con pasión. Él acaricia mi rostro y mis brazos mientras corresponde mi beso.

Yo me aparto lentamente y me deshago de su camisa. Llevo mis labios a sus pezones y los chupo.

Colin suelta un gemido mientras yo bajo por su escultural pecho, besando, chupando y lamiendo.

—Nena…

—Shhh… —le digo suavemente—. Déjame encargarme de ti.

Se muerde el labio inferior mientras me observa bajarle los pantalones de chándal.

Saco su pene ya erecto y comienzo a acariciarlo con mi mano.

—Estás tan duro, mi amor… déjame ayudar…

En cuanto lo introduzco en mi boca, Colin suelta otro gemido mientras deja caer la cabeza hacia atrás.

—Dios… —gime extasiado.

Yo gimo sonoramente, provocando que las vibraciones de mi voz le den placer.

Él arruga las sábanas con las manos mientras se deshace bajo mi toque.

Comienzo a chupar y lamer su miembro con ímpetu, introduciéndolo hasta sentirlo chocar contra mi garganta y luego sacándolo, terminando con un sonoro pop.

—Mierda, Emma… no voy a durar mucho si sigues haciendo eso…

—Hazlo, cariño… quiero que te vengas muy duro en mi boca.

Suelta otro gemido mientras lleva sus manos a mi cabello para sujetarlo con fuerza y poder observar cómo su pene se pierde en mi boca.

Gimo una vez más y él suelta un gruñido, viniéndose en mi boca. Trago su semen y limpio su miembro con mi lengua hasta dejarlo duro de nuevo.

Subo hasta quedar sentada sobre su cintura y lo beso.

—¿Estás bien?

Sonríe y asiente con la cabeza.

—Qué bueno, porque apenas estamos comenzando.

Me mira con deseo antes de que yo vuelva a besarlo, con la promesa silenciosa de no salir de esta cama hasta que nos saciemos del otro…

La mañana siguiente, Dara saca sus maletas de la habitación y Demian se acerca presuroso a ayudarla. Ambos se sonríen antes de que él tome las maletas y camine hacia el ascensor.

Dara nos mira y sonríe.

—Espero no haberles causado muchas molestias, y también espero que se diviertan en su viaje a Costa Rica.

Se acerca a mí y me abraza. Yo también la abrazo.

—Gracias —susurra en mi oído.

Le doy unas palmaditas y asiento.

Luego se acerca a Colin y lo abraza por la cintura. Él le da un beso en la frente y le acaricia el cabello.

—No hagas locuras, Dara.

Ella asiente con la cabeza y camina hasta donde está Demian.

—Demian —lo llama Colin.

Él se detiene antes de entrar al ascensor y lo mira.

—Cuídala bien.

Demian asiente con la cabeza.

—Lo haré, señor.

Entran al ascensor y yo los observo con una sonrisa mientras las puertas se cierran.