Lovely CAPÍTULO 11 #3
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CAPÍTULO 11 #3

Se gira un poco y me besa en los labios.

—También yo, Emma.

Vuelve a besarme y se pone de pie.

—Debo irme, me preocupa que Dara esté sola.

Asiento con la cabeza, volviendo a acostarme en la cama y dejando a la vista mis senos desnudos.

Colin me mira con deseo.

—Eres una obra de arte.

Le lanzo un beso y él sonríe antes de marcharse. Lo escucho abrir y cerrar la puerta del apartamento y entonces vuelvo a acurrucarme bajo mis sábanas para dormir un par de horas más.

Guardo objetos de aseo personal, maquillaje, ropa, zapatos y accesorios en una de mis maletas de viaje.

Sonrío mientras imagino mis cosas junto a las de Colin. Sé que es tonto, pero nunca he tenido una relación seria, así que estos pequeños detalles me emocionan mucho.

Candy se asoma por la puerta abierta de mi dormitorio y sonríe.

—Vaya, vaya… así que ya comienzas con la mudanza. Nos abandonas.

Me río y niego con la cabeza.

—Nunca las abandonaría.

—Eso dices ahorita. Primero te vas por unos días, luego semanas y finalmente algún día ya no regresarás.

—Sabes que nunca lo haría, Candy. Ustedes son mis hermanas. Nunca las dejaría.

Se acerca y me abraza.

—Lo sé, Lovely.

Se sienta en la cama y me ayuda a doblar y a guardar ropa en la maleta.

—Pero seamos honestas, algún día todas dejaremos nuestros trabajos, nos casaremos y nos marcharemos.

—Tal vez tengas razón, pero eso no significa que dejemos de vernos o de ser hermanas. Eso siempre será igual.

Sonríe y asiente.

—Tienes razón.

—¿Qué hacen? —pregunta Sugar entrando al dormitorio mientras hace bombas con un chicle.

—Ayudo a Lovely a empacar.

Sugar se quita las pantuflas que trae puestas y comienza a probarse mis zapatos.

—No te irás para siempre, ¿o sí?

Me río de nuevo.

—Claro que no. Como les dije esta mañana, solo pasaré un par de días con Colin. Además, quiero acompañar a Dara.

—Y eso está muy bien —comenta Babydoll, recostándose en el marco de la puerta de mi dormitorio—. Después de lo que nos contaste, ella necesita mucho apoyo y mucha guía.

—Pero comunícate con nosotras —ordena Sugar, quitándose los zapatos y alcanzándomelos para guardarlos.

—Con un mensajito al día será suficiente —asegura Candy.

—Lo haré, lo prometo.

Babydoll sonríe y entra para ayudarme también a empacar.

Cuando terminamos, las chicas se marchan y yo me doy un rápido baño antes de avisarle a Colin que estoy lista para que envíe a Johnson por mí.

Cuando las puertas del ascensor se abren, Johnson y yo salimos, encontrando a Dara del otro lado con una enorme sonrisa.

—¡No puedo creer que vayas a quedarte aquí! ¡Qué emocionante!

Me abraza y luego me toma de la mano, arrastrándome hasta la sala de estar, donde me obliga a sentarme en el sofá con ella.

—Déjala llegar, Dara.

Colin sale del pasillo y se acerca a nosotras. Me da un dulce beso en los labios y acaricia mi mano.

Lo miro embobada y Dara gruñe, molesta.

—¡Emma vino a pasar tiempo conmigo!

Colin se ríe.

—Ni tú te crees eso, Dara.

Ella gruñe y se cruza de brazos, aún más molesta.

—No te enojes, Dara. Vine a pasar tiempo con los dos.

Colin besa mi mano y me ayuda a levantarme.

—Primero que nada, debes instalarte. Dara, ¿por qué no la ayudas?

Los ojos de Dara brillan de emoción.

—¡Vamos, Emma!

Se levanta del sofá y toma mi maleta, guiándola a la habitación de Colin.

—Debo trabajar, ¿almorzamos juntos?

Asiento con la cabeza antes de que Colin me dé otro dulce beso.

—Siéntete en casa.

Regresa a su oficina y yo me dirijo a su dormitorio. Luego sigo a Dara hasta el vestidor, donde ella comienza a sacar mis cosas.

Una hermosa señora en sus sesentas me mira con una amplia sonrisa. Su larga cabellera rubia la lleva recogida en una impresionante trenza. Viste un bonito y moderno traje de limpieza compuesto por una camiseta tipo scrub y pantalón largo.

—Finalmente la conozco, señorita Cassidy. El señor Colin me ha hablado mucho de usted.

Yo le sonrío con nerviosismo.

—Emma, ella es Edith —dice Dara—. Ayuda a Colin limpiando la casa.

Asiento al recordar que Colin la había mencionado.

Le ofrezco mi mano para saludarla. Ella la toma de inmediato.

—Mucho gusto, Edith. Por favor, llámeme Emma.

—El gusto es mío, señorita Emma. Ya he hecho espacio para su ropa, como me lo pidió el señor Colin. Las dejo para que puedan guardar las cosas con comodidad.

—Gracias, Edith —le digo, antes de que se marche.

—Tienes cosas muy bonitas —dice Dara, llamando mi atención—. Mi madre me obliga a vestir como una niña de doce años.

—Aún eres joven, Dara. Además, pienso que tu ropa es muy bonita.

—Es demasiado recatada.

—Es bonita.

Se ríe ante mi insistencia mientras toma algunas de mis prendas y las cuelga. Yo la imito y seguimos haciendo lo mismo por los siguientes veinte minutos.

Al mediodía, Demian entra al apartamento trayendo comida. Su rostro se ve cansado.

Dara mantiene la mirada fija en el televisor y yo me levanto del sofá para ayudarlo a colocar la comida en la mesa.

—¿Estás bien? —le pregunto en un murmullo.

Él respira profundamente y asiente.

—Gracias, Demian. Puedes irte —dice Colin, acercándose a la mesa.

—Sí, señor.

Demian se da la vuelta y se marcha.

Yo miro a Colin y él se encoge de hombros mientras va a la cocina por tres platos. Sirve espagueti con albóndigas y deja sobre la mesa papas fritas y verduras salteadas.

—¿Te gustaría una gaseosa?

Asiento mientras Dara se acerca a la mesa y se sienta para comenzar a comer.

Colin trae tres latas de gaseosa y las coloca en la mesa. Luego se acerca a mí y corre la silla para que me siente. Él se sienta a mi lado y comenzamos a comer en silencio.

El espagueti es la cosa más deliciosa que he probado en la vida. Las albóndigas son gigantescas y muy jugosas gracias a la salsa de tomate.

Miro a Dara de reojo, notando cómo apuñala a la pobre albóndiga. Le doy un suave codazo a Colin y él mira a su hermana.

—Basta, Dara.

Se levanta de la mesa sin haber dado un solo bocado y se marcha a su habitación.

—Colin, esto no está bien.

Él respira profundamente y asiente.

—Lo sé, Emma. Pero, ¿qué puedo hacer? Le dije a Dara que despediría a Demian para que estuviera más tranquila y me dijo que si lo hacía, se escaparía. Le propuse al menos buscarle otro chofer y guardaespaldas y se negó rotundamente. No quiere verlo, pero tampoco quiere dejar de verlo.

Le doy un gran mordisco a una albóndiga y Colin sonríe.

—Al menos tú disfrutas la comida.

—Lo siento, no le estoy restando importancia al asunto, pero esto está delicioso.

—Sí, sabía que te gustaría.

—¿Quieres que hable con Dara?

Se encoge de hombros.

—¿Qué hay de Demian? Se ve terrible.

—Te dije que Dara estaba haciendo su vida imposible. No lo deja ni dormir.

—Qué difícil situación…

—Lo sé y te aseguro que traté de calmar las cosas, pero es imposible. Ninguno de los dos da su brazo a torcer.

—Déjamelo a mí, Colin.

Me mira dudoso.

—Emma…

—Por favor. Te juro que trataré de mejorar las cosas.

—Sabes que ellos no pueden estar juntos.

—¿Por qué no? ¿Porque Demian es un chofer y Dara una princesita millonaria?

Se queda en silencio.

—Yo soy una bailarina de pole dance y tú eres un empresario multimillonario. ¿Por qué tú y yo sí podemos estar juntos y ellos no? ¿Cuál es la diferencia? Demian y yo somos iguales.

—No me malinterpretes, Emma. Sé que Demian es un buen hombre. La condición social y económica de las personas nunca ha sido de mi interés, pero debes comprender que Dara es una niña.

—Tiene diecisiete años, Colin. Está próxima a entrar a la universidad. Es una mujer para mí.

—Sigo viéndola como una niña.

Sonrío y le acaricio suavemente una mejilla.

—Dara siempre será tu hermanita, eso nunca cambiará. Pero debes apoyarla y ayudarla a crecer. No le impongas ni le des órdenes. Es una buena chica.

Coloca su mano sobre la mía y la acaricia suavemente.

—Lo sé.

—Y no estoy diciendo que Dara vaya a terminar con Demian, pero deberíamos darles la oportunidad de que expresen lo que sienten. Al menos eso hará que dejen de pelear.

—De acuerdo, Emma. Encárgate de ellos. Y en caso de que pase algo, yo me encargaré de mi madre.

Sonrío y asiento mientras tomo un poco de espagueti con mi tenedor y se lo ofrezco. Él abre la boca y recibe el espagueti. Lleva su mano a una de mis piernas y me da un suave apretón.

—Me alegra que estés aquí, dulzura.

Ahora es él quien toma un poco de espagueti con su tenedor y me lo ofrece. Lo recibo y sonrío.

Limpia la comisura de mis labios con una servilleta y yo hago lo mismo con él.

—Yo estoy encantada de estar contigo.

Se inclina y me besa. Yo tomo su rostro con mis manos e intensifico el beso.

—Si no te detienes, te arrancaré la ropa aquí mismo.

Me río mientras me aparto lentamente de él.

—Me encantaría que lo hicieras, pero creo que tu hermana me necesita.

—Tienes razón.

Terminamos de comer, esta vez entre amenas pláticas y risas. Luego, recogemos los platos y limpiamos.

Colin me da un beso y, antes de regresar a su oficina, me entrega una tarjeta magnética.

—Debí dártela hace mucho —dice—. Quiero que sepas que esta también es tu casa, Emma. Puedes venir cuando quieras.

Yo me lanzo a sus brazos y lo abrazo.

—Gracias, Colin. Te amo.

Me aparta un poco, sonríe y después me da un corto beso.

—También te amo, dulzura.

Con una última caricia en mi mejilla, se marcha a su oficina, mientras yo me dirijo a la habitación de Dara.

Toco suavemente su puerta y la abro lentamente. Está sentada frente a su tocador observando una pequeña fotografía.

Camino hacia ella y me inclino para ver la foto. Es del cumpleaños de su abuela, la noche que bailamos en la playa. Demian está bailando con Dara y ambos se miran a los ojos.

—Es una hermosa foto.

Dara asiente ante mis palabras.

—Lo es, Emma. Pero, Demian…

—Claro que le gustas, lo veo en su mirada.

Me mira confundida.

—Dara, no soy muy experta en relaciones, pero hay cosas que son demasiado evidentes. Dudo mucho que Demian esté soportando todo el infierno que le estás haciendo pasar solo porque está agradecido y en deuda con tu padre.

—¿De verdad lo crees?

—Por supuesto. Pero te aseguro que con tu comportamiento, solo lo estás alejando más.

—¿Entonces qué debo hacer?