CAPÍTULO 11 #2
—También yo, dulzura.
—Bueno, ya déjame preparar la cena.
—Nos vemos, nena.
Terminamos la llamada y yo me concentro por los siguientes cuarenta minutos en preparar el sushi.
Cuando termino de emplatar, llevo todo a la mesa y pongo algunas velas para que se vea un poco más romántico. Bajo la intensidad de las luces de la casa y, en ese momento, suena el timbre de la puerta.
Me arreglo el cabello y me acerco a abrir la puerta, encontrándome con la ardiente mirada de Colin.
Él viste con una camisa negra de mangas cortas, unos jeans y unas botas con cordones.
Entra y me da un dulce beso en los labios. Yo sonrío y cierro la puerta antes de llevarlo al comedor.
—No soy la mejor cocinando.
Él sonríe ante mi advertencia mientras corre una silla para que me siente. Se sienta frente a mí y abre la botella de vino blanco, llenando las copas hasta la mitad. Luego tomamos los palillos y comenzamos a comer.
—¿Cómo está Dara?
Se encoge de hombros antes de darle un mordisco a un rollito. Mastica lentamente y me mira sorprendido.
—Esto está delicioso.
—¿De verdad?
Mi pregunta sale con demasiada emoción. Colin sonríe y asiente.
—Lo juro.
—Me alegra que te guste.
Se termina lo que le quedó del rollito y de inmediato toma otro.
—Dara está bien, pero se ve empeñada en hacerle la vida imposible a Demian. Siento lástima por él.
Yo me río.
—Tal vez quiera hacerlo cambiar de opinión. ¿Qué harías si ellos terminan juntos?
—No lo sé… no quiero ni pensarlo. Mi madre se volverá loca, eso es seguro.
Dejo de hablar sobre el tema porque se nota lo mucho que le preocupa.
—¿Cómo va el trabajo?
—Agotador, definitivamente necesito unas vacaciones.
—¿Y por qué no las tomas? Eres el jefe.
—No lo sé, creo que me sentiría mal por dejar el trabajo solo para…
—¿Para descansar?
Se ríe.
—Sé que suena tonto, pero sí.
—Sería lindo ir de vacaciones contigo a algún lugar bonito.
Me mira a los ojos por largos segundos.
—Pero si quisieras ir de vacaciones solo, también estaría bien.
—Nada me gustaría más que ir de vacaciones contigo, dulzura. Pero, hasta que mi madre no regrese, no puedo hacerlo. Debo cuidar a Dara más que nunca.
—Lo entiendo, Colin. No te preocupes.
—Pero sabes que estaré trabajando desde casa. ¿Tal vez quieras ir a quedarte un par de días conmigo?
Sonrío y asiento.
—Me encantaría.
Se inclina hacia mí y besa suavemente mis labios.
—Gracias, Emma. Sabes que me encanta tu compañía.
Asiento con la cabeza y continuamos cenando.
—¿Cómo va todo con tu jefa?
—Pésimo. Hoy fui a entrenar y se paseaba por el lugar mirándome con desprecio.
—¿Quieres que hable con ella?
Niego con la cabeza antes de darle un pequeño trago a mi copa de vino.
—No quiero que te involucres más con el Venus y mucho menos con Foxy. Estoy segura de que se le pasará y, si no es así, hablaré nuevamente con ella. Por ahora, creo que lo mejor es no ir más al Venus. Entrenaré en otros lugares.
Acaricia mi mano y asiente con la cabeza.
—De acuerdo, pero si necesitas ayuda, debes decírmelo.
—Lo haré, Colin. Te lo prometo.
Cuando terminamos de cenar, Colin me ayuda a recoger los platos. Él los lava y yo los seco y los guardo.
Después de eso, lo tomo de la mano y lo llevo a mi habitación. Él observa el lugar y sonríe.
—Hace mucho no venía aquí.
—Lo sé, ha pasado demasiado tiempo.
Se acerca a mi tocador y toma un portarretrato donde estoy de pequeña con mi abuela.
Me acerco y sonrío.
—A ella le hubieras gustado mucho.
—¿De verdad?
—Sí, siempre me dijo que buscara a un hombre seguro de sí mismo, carismático y exitoso. Tú eres eso y más.
Guardo silencio mientras pienso en mi abuela.
—La imagino diciéndome: “Emma, no te atrevas a perder a este hombre. Seguramente harán unos bebés preciosos”.
Me mira y sonríe. Me sonrojo y me aparto de él, sentándome en la orilla de la cama.
Deja el portarretrato en su lugar, se coloca frente a mí y luego se arrodilla.
—¿Qué pasa, Emma?
—Lo siento, no debí decir eso. No quiero que pienses que imagino una vida de cuentos de hadas con bebés y cosas así.
Sonríe y me acaricia la mejilla.
—No te preocupes, mi abuela ya le puso nombre a nuestros inexistentes hijos.
Me río sin poder evitarlo.
—Además, ¿sería tan malo pensar en una vida juntos? ¿Con bebés y todas esas cosas?
Sonrío y niego con la cabeza.
—Creo que sería maravilloso.
—También yo, dulzura.
Tomo su rostro con mis manos y lo beso en los labios. Él corresponde mi beso sujetándome por la cintura.
—¿Sabes? Con la muerte de mi padre pensé mucho en ti.
Lo miro con atención mientras habla.
—No puedo ni imaginar lo difícil que fue para ti perder a tu abuela, estando sola.
Sonrío con tristeza mientras recuerdo ese momento.
—Fue duro, sí. Me quedé completamente sola en este planeta. Ya no tenía familia. Por suerte tenía a las chicas. Se volvieron mis hermanas y agradecí al cielo tenerlas en un momento tan doloroso.
—Eso me alegra mucho, dulzura.
Me inclino para besarlo suavemente y él corresponde mi beso.
—¿Y bien? ¿Dónde están tus juguetitos?
Sonrío y le señalo el cajón de una de mis mesitas de noche. Su mirada se oscurece mientras se pone de pie y se acerca. Se sienta en la cama y abre lentamente el cajón, encontrando una gran variedad de consoladores y vibradores.
—Bueno, tienes una amplia colección.
Sonrío mientras me levanto y me acerco al cajón. Me arrodillo y tomo uno.
—He estado sola por mucho tiempo. Pero estar sola no significa que no pueda tener placer.
—¿Y cuál es tu favorito?
Tomo un vibrador en forma de anillo y se lo muestro.
—Es pequeño, pero las vibraciones son muy intensas.
Colin se pone el anillo en el dedo y lo enciende. El sonido es casi inaudible, pero las vibraciones son fuertes.
—Solo compro cosas de buena calidad.
Me mira y ambos nos reímos.
—Quítate la ropa y acuéstate en la cama.
Su orden me sorprende, pero no dudo en obedecer. Me pongo de pie, me quito las pantuflas y me deshago del short, mostrándole mi panty rosada. Luego me quito el suéter, dejando a la vista mis pechos desnudos.
—¿Estuviste toda la noche sin sostén y no me lo dijiste?
—Quería que fuera sorpresa.
—Sube a la cama.
Aún con el panty puesto, subo a la cama y me acerco a él gateando.
—Ponte boca arriba.
Obedezco mientras él se deshace de su camisa.
Vuelve a colocarse el vibrador en el dedo y, luego de encenderlo, lo lleva a mi panty.
Me arqueo, arrugando las sábanas al sentir las vibraciones contra mi clítoris.
—Mi amor, ¿ya estás mojada?
Me distraigo al escucharlo llamarme así, es la primera vez que lo hace.
—¿Emma?
—Llámame así de nuevo.
—¿Cómo?
—Mi amor…
Su mirada se oscurece.
—Mi amor.
Me arqueo nuevamente en la cama.
—¿Te gusta que te llame así?
Asiento con la cabeza.
—Me encanta. Siento que soy tuya.
—Ya eres mía, dulzura. Completamente.
Se inclina sobre mí y me besa en los labios con pasión. Presiona el vibrador contra mi clítoris y yo suelto un gemido de placer.
Baja con sus labios por mi cuello y hasta mis pechos, donde se entretiene con mis pezones.
—Por favor, Colin…
—¿Colin? Yo también quiero que me llames así.
Me mira a los ojos y me sonrojo. ¡Es absurdo! Me da pena llamarlo así, pero no que esté jugando con mi clítoris.
—¿No quieres?
—Nunca le he dicho así a nadie.
Acerca su rostro al mío y sonríe.
—Te amo, mi amor.
Mi piel se estremece.
—Yo también te amo…
Se queda mirándome esperando a que lo diga.
—Mi amor…
Entonces vuelve a besarme con pasión, sacándome jadeos y gemidos.
—Te necesito…
—Aún no, amor mío.
Se aparta, se acerca al cajón y saca un consolador. Luego regresa a la cama y me quita mi panty. Acaricia mi húmedo e hinchado clítoris con el consolador y luego lo introduce con fuerza en mi interior.
Yo me arqueo, quedándome sin respiración, y cuando lo siento acariciar nuevamente mi clítoris con el vibrador, comienzo a gemir desesperadamente.
—Mira cómo te deshaces en mis manos, Emma. Eres puro placer.
—Por favor, Colin…
—¿Qué, mi amor? ¿Qué quieres?
Mueve el consolador dentro y fuera de mí sin apartar el vibrador de mi clítoris.
—Te quiero a ti…
—¿Quieres mi pene? ¿Quieres que te coja duro?
—¡Sí! Por favor…
Saca el consolador y se quita el vibrador del dedo, dejándolos a un lado en la cama. Luego se desabrocha el pantalón y se lo quita con el resto de la ropa y zapatos.
Sube a la cama y se coloca entre mis piernas. Humedece su duro pene friccionándolo contra mi clítoris y luego se introduce de golpe.
Ambos soltamos un jadeo, mirándonos fijamente a los ojos. Llevo mis manos a su rostro y lo acaricio.
—No sé cómo pude estar lejos de ti por tanto tiempo, Emma. Fui un completo idiota.
—Lo que importa es que ya estamos juntos, Colin. Soy muy feliz contigo.
—Y yo contigo.
Comienza a moverse, penetrándome completamente. Rodeo sus caderas con mis piernas y acaricio su espalda mientras ambos disfrutamos de las intensas y placenteras sensaciones.
Mi orgasmo se aproxima rápidamente mientras mi cuerpo se estremece de placer.
—Dios, Colin…
Me vengo con fuerza entre gemidos y jadeos. Colin gruñe con placer, viniéndose poco después.
Se deja caer sobre mí sin dejar de penetrarme lentamente, alargando nuestro placer. Yo gimoteo y le araño la espalda.
Él muerde suavemente mi hombro y yo me arqueo bajo su cuerpo ante las deliciosas sensaciones que me provoca.
Se aparta hasta mirarme a los ojos y me besa en los labios. Correspondo su apasionado y lento beso sin dejar de acariciar y arañar su espalda.
—Eres lo mejor que pudo pasarme, Emma.
Mis ojos se llenan de lágrimas. Sonrío como una tonta enamorada y asiento con la cabeza.
—Tú también eres lo mejor que pudo pasarme, Colin.
Sonríe, me besa de nuevo y, cuando me doy cuenta, está moviéndose nuevamente dentro de mí. Gimo con placer mientras me deshago bajo su toque, sus besos y sus fuertes embestidas.
Despierto en la madrugada por el ruido que hace Colin al vestirse. Lo miro mientras se sienta en la cama para ponerse los zapatos.
—¿Ibas a irte sin despedirte?
Él me mira luego de escuchar mi pregunta y sonríe.
—No quería despertarte.
Me siento en la cama y me acerco a él hasta abrazarlo por detrás.
—Desearía dormir contigo todas las noches.