CAPÍTULO 11
Entro a la oficina de Foxy y me quedo de pie frente a su escritorio. Ella se sienta, se lleva las manos al cabello y niega, molesta.
—¿Qué hiciste, Lovely? Te ordeno que me expliques y no te atrevas a mentirme.
—¿Qué quieres que te diga?
La miro con honestidad. No pienso mentir ni mostrarme arrepentida o asustada.
—Me enamoré de Colin.
Respira profundamente antes de mirarme con decepción.
—No puedo creer que hayas traicionado mi confianza, que me hayas mentido y… y que me hayas usado para estar con él.
La miro y sonrío con burla.
—No puedo creer que digas eso. ¿Quién usó a quién, Foxy?
Ella carraspea y me mira con altanería.
—Ahora entiendo por qué el señor Larson dejó de pagar. Tú le dabas todo gratis.
—Bueno, se supone que me pagan por bailar, no por tener sexo. Así que es mi decisión con quién lo hago y si se lo quiero dar gratis. Pero no, Colin no dejó de venir por eso. Fue porque yo se lo pedí.
—Lo dejaste muy embobado como para que él haga lo que tú le pidas.
—No es así, Foxy. Colin me respeta y me quiere. Queremos una relación normal y, para eso, él tenía que dejar de ser mi cliente.
—No solo me mentiste, sino que también hiciste que él dejara de darnos dinero.
La miro sorprendida. No puedo creer que diga esas cosas.
—¿Sabes? Si me lo hubieras confesado, te habría permitido mantener tu relación. El señor Larson tal vez hubiera pagado un poco más por mi aceptación.
—No necesito tu aceptación ni que me permitas nada. En mi vida personal solo yo decido, Foxy.
—Sí, pero mezclaste lo personal con lo laboral. Bien podría despedirte por incumplir con nuestras normas de no involucrarse con clientes.
—Adelante, Foxy. Despídeme. Me pregunto quién se perjudicará más con mi despido. Sabes que tengo muchas propuestas para trabajar en otros locales de pole dance. Además, soy licenciada en publicidad, puedo conseguir trabajo en una semana.
Ella me mira con temor. Sabe que no le conviene.
—No estoy diciendo que vaya a despedirte. Igual debo castigarte; si los demás se enteran, pensarán que tengo favoritismo. Así que, aunque no quiera, debo sancionarte. Estarás suspendida por dos semanas sin goce de sueldo.
—Como quieras.
—Te aconsejo que si las cosas con el señor Larson no funcionan, no intentes involucrarte con otros clientes.
—Y yo te aconsejo que no uses a tus bailarinas como chicas de compañía. Sabes que puedes meterte en problemas si los demás se enteran.
Foxy me mira incrédula. Seguramente piensa que voy a contarle a todos lo que hizo conmigo. No lo haré, pero espero que le sirva de escarmiento.
Me marcho de su oficina y me dirijo al camerino para cambiarme. Poco después, las chicas entran y me miran preocupadas.
—Foxy se enteró de todo por culpa de la ex de Colin y un imbécil que traía con ella.
—Mierda —murmura Babydoll.
—Big Daddy los sacó a patadas. Hicieron un gran alboroto —comenta Sugar.
—¿Qué pasó con Foxy? —pregunta Candy, preocupada.
—¿Te despidió? —pregunta ahora Sugar.
Niego con la cabeza mientras me siento en el sofá.
—Solo me sancionó suspendiéndome por dos semanas sin salario.
—Creo que eso solo la perjudicará a ella —comenta Candy—. Para nadie es un secreto que está hasta el cuello de deudas. Tú siempre has ganado mucho dinero para el Venus.
—Es una idiota —asegura Sugar con enojo.
—¿Te ofendió? —me pregunta Babydoll.
—Quiso tratarme mal y hacerme ver como una malagradecida que traicionó su confianza. Pero la puse en su lugar.
Las chicas me miran orgullosas. Nos abrazamos y sonreímos.
—Gracias por preocuparse por mí.
—Somos una familia —asegura Babydoll.
—Te extrañaremos estas dos semanas —murmura Sugar.
—Cierto —asiente Candy—. Pero creo que te caerá bien descansar un poco.
Asiento con la cabeza y, después de platicar un poco más con las chicas, tomo mi bolsa y me marcho a casa con uno de los choferes del Venus.
Después de llegar a casa, me desmaquillo, me ducho, me pongo una cómoda pijama, ceno un sándwich y, después de cepillarme los dientes, me acuesto en la cama y decido llamar a Colin. Responde casi de inmediato.
—Hola, dulzura.
Sonrío al escucharlo. Él hace que me olvide de todo lo malo.
—Hola, cariño. ¿Qué haces?
—Estoy terminando de firmar algunos papeles. Pensaba llamarte después de terminar con esto.
—Qué sexy debe de ser verte usar un bolígrafo.
Colin se ríe. Otra risita se escucha a su lado.
—No se pongan a decir cosas sucias.
Es Dara. Se escucha más animada.
—No te prometo nada —bromeo.
—En ese caso, mejor los dejo solos. De todas formas, ya terminé de ayudar a Colin a seleccionar sus papeles. Buenas noches, Emma.
—Hasta luego, Dara.
Ni Colin ni yo decimos nada hasta que se escucha la puerta de su oficina cerrarse.
—¿Y tú qué haces? ¿No estás trabajando?
—No… de eso quería hablarte.
—Dime.
—Verás, esta noche, después de mi espectacular presentación en la tarima, fui a mi primer baile privado.
—¿Y qué pasó?
Se escucha preocupado.
—En el salón privado estaban esperándome Shannon y su amigo. Un tal Simon. Estaba muy borracho.
Escucho cómo Colin le da un golpe a su escritorio.
—Maldita sea.
—La cosa es que no quise bailar para ellos. Le pedí a Big Daddy que les devolviera el dinero y que los sacara. En resumen, empezaron a gritar y a decir cosas… cosas nuestras que no debían saberse en el Venus. Foxy se enteró de todo y me suspendió por dos semanas.
Colin se queda en silencio por largos segundos y después lo escucho suspirar.
—Estoy cansado de que se metan en nuestras vidas, Emma. En nuestra relación. Debo ponerles un alto.
—Está bien, Colin. Si lo piensas bien, en realidad nos hicieron un favor. No sé hasta cuándo le hubiera dicho a Foxy lo nuestro. Es verdad, ella quiso molestarse conmigo y ofenderme, pero no se lo permití. Ahora ella sabe la verdad. Y ya no tengo que ocultarle a nadie lo mucho que te amo.
—Yo también te amo.
—¿De verdad?
Ríe suavemente, estremeciendo mi piel.
—Puedo ir a demostrártelo si quieres.
—Me encantaría, pero no quiero que dejes a Dara sola.
—Como ordenes, dulzura.
—Pero… tal vez podrías venir mañana si quieres. Yo podría hacerte de cenar y… tal vez… después pueda mostrarte mis juguetitos.
Lo escucho maldecir. Sonrío cerrando mis piernas con fuerza al sentirme excitada.
—¿A qué hora? —pregunta en un murmullo.
Acaricio mi vientre y subo mi mano lentamente hasta el inicio de mis pechos. Suelto un jadeo.
—Emma, ¿qué haces?
Suelto un gemido al pellizcarme suavemente un pezón.
—Me estoy tocando —le confieso—. Tu voz me excita tanto.
—No me hagas esto, por favor…
Su súplica no sirve de nada. Bajo con mi mano hasta introducirla dentro de mi short y acaricio mi palpitante clítoris.
—Dios, Colin… estoy mojada… Dime, ¿estás duro?
—Mucho.
—Sácalo de tus pantalones, quiero que te toques conmigo.
Lo escucho haciendo ruido en su oficina.
—¿Qué haces?
—Le ponía el seguro a la puerta. ¿Estás desnuda?
—No… ¿Quieres que lo haga?
—Sí.
Pongo el celular en altavoz y lo dejo sobre la almohada. Me saco la pijama quedando completamente desnuda.
—Listo.
—Mójate los dedos con saliva y llévalos a tus pezones. Endurécelos para mí.
Hago lo que me pide y comienzo a gemir mientras muevo las caderas con necesidad. Lo escucho jadear.
—¿Te estás tocando? —le pregunto.
Él asiente con un gemido.
—Me encantaría tenerlo en mi boca, sentir cómo crece hasta explotar.
Gruñe excitado. Yo me pellizco los mojados y duros pezones.
—Lleva tus dedos a tu clítoris, tócate. Quiero escucharte gemir hasta que te vengas.
Llevo mis dedos a mi clítoris y lo acaricio. Suelto un sonoro gemido mientras me arqueo en la cama.
Estoy excitada y mojada. Mi orgasmo se aproxima rápidamente.
—Oh, Colin… estoy cerca…
—Hazlo, nena. Llega conmigo…
Gimo y jadeo mientras me arqueo en la cama disfrutando de aquellas deliciosas sensaciones. Lo escucho gemir casi al mismo tiempo que yo, llegando conmigo al orgasmo.
—¿Emma?
—¿Sí?
—Te amo.
—También te amo, Colin. Nos vemos mañana. A las siete.
Nos despedimos y, después de ir al baño a limpiarme y ponerme la ropa, me acuesto y me quedo dormida casi de inmediato.
Al día siguiente, y aunque estoy suspendida por dos semanas, igual voy a ejercitarme y a entrenar mis rutinas.
Foxy se pavonea por el lugar con superioridad. Las chicas me miran y luego la miran a ella con enojo.
Yo la ignoro todo el tiempo. Tarde o temprano se le pasará su infantil actitud.
Después de finalizar el entrenamiento, las chicas y yo vamos al supermercado a comprar algunas cosas que ya se nos acabaron, y yo aprovecho para comprar algunos ingredientes para la cena que haré para Colin.
Después, regresamos a casa, nos duchamos y pedimos una pizza para comer mientras vemos el programa de vestidos de novia.
Parece que se volvió nuestro programa favorito.
—¿No es raro que veamos esto con tanta emoción? —pregunta Sugar antes de darle un mordisco a su trozo de pizza.
—Es interesante y divertido —comenta Candy.
—En el fondo, es el deseo de toda mujer —murmura Babydoll.
—Tienes razón —asiento—. Una boda de ensueño.
Nos reímos y continuamos disfrutando de la pizza y del programa.
Después de comer, las chicas se marchan a sus dormitorios a descansar un poco antes de ir al Venus, por lo que yo me voy para mi habitación, pongo un poco de música suave y me paso el resto del día cambiando la ropa de mi cama, organizando el dormitorio, limpiando el baño, lavando ropa y demás.
Para cuando termino, las chicas ya se han marchado para el Venus.
Me ducho otra vez, pues he sudado muchísimo limpiando mi habitación, seco y plancho mi cabello, me maquillo de forma natural y me visto con un holgado suéter crop top en color beige y un short de mezclilla.
Me pongo unas bonitas pantuflas en color blanco, me perfumo y me dirijo a la cocina para preparar la cena.
Son las seis de la tarde, así que debo apresurarme. Estoy sacando los ingredientes cuando mi celular suena con una llamada.
—¿Hola?
—¿Qué vas a hacer para cenar?
Es Colin. Sonrío como una tonta.
—Sushi. ¿Te gusta?
—Me encanta. Llevaré vino blanco.
—De acuerdo.
Nos quedamos en silencio y yo no puedo evitar reírme. Él ríe conmigo.
—Ya te extraño, Colin.