CAPÍTULO 10 #3
—A tu habitación. Emma, acompáñala.
—¡No voy a dejarte solo con él! ¡No permitiré que lo lastimes!
—Te prometo que no le pondré un dedo encima. Ahora vete.
Tomo a Dara por los hombros y la llevo hasta el pasillo. Abro la puerta, pero no entramos. Le pido a Dara que se mantenga en silencio y luego cierro la puerta.
En ese momento, las puertas del ascensor se abren. Dara y yo nos mantenemos en silencio observando desde el pasillo.
—¿Me necesita, señor? —pregunta Demian acercándose a Colin.
Colin mira a Demian por largos segundos y luego le da un puñetazo.
Demian se mantiene en pie como todo un guerrero mientras limpia la sangre que comienza a resbalar por la comisura de sus labios.
Dara trata de ir con Demian, pero la detengo sujetándola con fuerza de la cintura.
—Solo voy a preguntarte esto una vez. Dime, ¿te gusta mi hermana?
Demian mira a Colin por un par de segundos y luego baja la mirada al suelo. No dice nada.
—¿Sabías que le gustas a Dara?
—No tiene que preocuparse, señor. Sé cuál es mi lugar.
Colin mira a Demian y niega con la cabeza.
—Puedes irte.
Demian se marcha y Colin se sienta en el sillón.
Dara se suelta de mi agarre, sale del pasillo y detiene a Demian en el ascensor. Yo me acerco a Colin y me siento a su lado.
—Nunca voy a gustarte, ¿verdad?
Colin trata de ponerse de pie, pero yo lo detengo.
—Señorita, por favor…
—¡Dara! Mi nombre es Dara.
Ella golpea el pecho de Demian con fuerza mientras llora.
—¿No te importa que vaya a citas con otros? ¿No te importa que sea otro el que me lleve a mi baile de graduación?
—Por favor… entienda que yo solo soy su chofer.
—¡No! Eres Demian, el que siempre ha estado para mí, el que siempre me ha cuidado, el que siempre me ha hecho reír cuando estoy triste. Eres… eres mi Demian.
Él mira a Dara a los ojos. Su tristeza es evidente.
—Entienda que no puede ser.
—Cobarde —murmura ella—. Eres un cobarde.
Después de eso, Dara se marcha a su habitación. Demian da un paso hacia adelante, parece que quiere ir detrás de ella, pero no lo hace.
—Estaré abajo por si me necesitan —dice él, antes de entrar al ascensor y marcharse.
Miro a Colin. Él me mira y niega con la cabeza.
—¿Qué se supone que haga ahora, Emma? ¿Debo despedirlo? ¿Debo hablar con Dara? ¿Castigarla?
—Creo que lo mejor es que no hagas nada, Colin. Dara ya no es una niña. Ella debe ser capaz de resolver esto, de saber qué hacer. Tú solo debes estar ahí para ella.
—De acuerdo, lo intentaré.
—No debiste golpearlo. Le prometiste a Dara que no le pondrías un dedo encima.
—No pude evitarlo.
—Ven, vamos a bañarnos. Déjame ayudarte a distraerte un poco.
Me levanto del sofá, lo tomo de la mano y lo ayudo a levantarse. Lo guío hasta su cuarto de baño y le quito la camisa blanca y los pantalones de chándal. Él toma mi camisón desde abajo y lo sube lentamente hasta dejarme desnuda.
Entramos a la ducha y dejamos que el agua caliente moje nuestros cuerpos.
Tomo champú y le masajeo su cabello al mismo tiempo que él lo hace conmigo. Después, llenamos el cuerpo del otro con jabón líquido, excitándonos con nuestros toques.
Estando resbalosos por el jabón y el champú, Colin me levanta en el aire y yo le rodeo la cintura con las piernas. Nos besamos con pasión mientras él acomoda su pene en mi entrada y me penetra con fuerza.
Yo suelto un gemido de placer mientras dejo caer la cabeza hacia atrás. Colin me pega contra el vidrio, permitiendo que el agua caliente caiga sobre nuestros cuerpos.
Lo tomo del rostro y lo beso, gimiendo y jadeando por sus duras penetraciones.
—Dios, no pares…
Él gruñe ante mis palabras y, como si fuera posible, bombea mucho más profundo dentro de mí. Yo araño su espalda disfrutando del placer que me provoca.
—Colin… me voy a venir…
—Hazlo. Quiero que te vengas muy duro.
Él no se detiene, parece una máquina de placer. Me penetra una y otra vez, llegando hasta lo más profundo de mi ser.
Siento cómo el orgasmo comienza a construirse dentro de mí.
Abrazo a Colin con fuerza y me dejo ir en una oleada de placer que recorre todo mi cuerpo.
Me contraigo con fuerza, viniéndome entre sonoros gemidos que solo parecen excitar demasiado a Colin, pues se viene poco después, hundiendo su rostro en mi cuello para amortiguar sus gemidos.
Sigue penetrándome un par de veces más hasta que los últimos espasmos de placer desaparecen.
Sale de mi interior y me baja lentamente. Yo me sujeto a él al sentir mis piernas temblorosas.
—No me sueltes.
Me sujeta con fuerza y es él quien limpia nuestros cuerpos antes de ayudarme a salir del baño y secar mi cuerpo con delicadeza. Me pone una bata y, cuando ya me siento capaz de mantenerme en pie por mí misma, seco su cuerpo mientras nos miramos de vez en cuando, sonriendo.
Salimos del cuarto de baño y yo comienzo a vestirme. Colin se marcha a su vestidor para arreglarse.
Cuando estoy terminando de ponerme los zapatos, Colin sale vistiendo una camisa, unos jeans y unas botas de cordones, todo en tonos oscuros.
—¿Hoy no trabajas?
Asiente con la cabeza.
—Voy a trabajar desde aquí hoy. Mi madre se fue unos días a Francia con la abuela. Dara no quiso ir y decidió quedarse aquí. No quiero que esté sola.
—Eres un buen hermano, Colin.
Él no parece estar de acuerdo. Yo me acerco a él y lo abrazo por la cintura.
—¿Cómo no me di cuenta? —me pregunta preocupado.
—Eres un hombre muy ocupado, Colin. Además, tal vez Dara no quería que nadie supiera lo que sentía por Demian.
—Quiero matarlo por…
—¿Por no corresponder sus sentimientos?
Colin se ve sorprendido por ese descubrimiento.
—Sí. No puedo creer que yo diga esto, pero hubiera sido mejor enterarme de que tenían una relación y que Dara es feliz, a darme cuenta de que Demian no le corresponde y mi pobre hermana sufre.
—Creo que Demian sí corresponde sus sentimientos, Colin. Pero parece que no se siente lo suficiente para ella.
—Es un imbécil.
Me río y le doy un beso en la mejilla.
—Creo que estuviste en su misma posición. ¿Ya lo olvidaste?
Gruñe molesto. Yo sonrío.
—Tengo que irme. Debo trabajar en la noche.
—Le diré a Johnson que te lleve a casa.
Niego con la cabeza.
—Dile a Demian que me lleve. Me gustaría hablar con él.
—¿Prometes contármelo todo?
Me río y asiento.
Después de llamar a Demian para que prepare el auto, Colin me acompaña hasta el estacionamiento. Decido no despedirme de Dara para no molestarla.
Bajamos cada piso tomados de la mano. Me siento como una adolescente enamorada. No puedo evitar sonrojarme y sonreír cada vez que Colin me mira.
—Te llamaré —asegura Colin cuando llegamos al estacionamiento.
—Estaré esperando.
Me da un suave y corto beso antes de que Demian abra la puerta de los asientos traseros.
En lugar de sentarme ahí, abro la puerta del copiloto y subo al auto. Demian me mira confundido, pero simplemente cierra la puerta y sube al auto en silencio.
Cuando salimos del edificio, miro a Demian por largos segundos. Es un hombre muy atractivo. Su cabello y ojos son oscuros y tiene un cuerpo muy atlético.
—Demian.
—¿Señorita?
Ni siquiera me mira. Mantiene la vista fija en el camino.
—Llámame Emma. Yo no soy tu jefa.
—Es la novia del señor Larson. Debo tratarla igual que a él.
—Pues yo te digo que puedes llamarme por mi nombre y tutearme.
Niega con la cabeza. Yo pongo los ojos en blanco y me quedo mirándolo por un largo rato hasta que finalmente él me mira. Yo le sonrío y él no puede evitar sonreír antes de regresar su mirada al frente.
—¿Duele?
Le señalo la comisura del labio. Se encoge de hombros.
—Hay cosas que duelen más.
Me quedo mirándolo en silencio tratando de descifrar sus pensamientos, pero obviamente es imposible.
—Cuéntame de ti, Demian.
—Bueno… ¿Qué le gustaría saber?
—¿Cómo llegaste a trabajar con los Larson?
—Era solo un niño de diez años cuando el señor Theodore Larson me sacó de la calle.
—¿No tenías familia?
Niega con la cabeza.
—Nunca conocí a mi padre. Mi madre se prostituía para tener dinero y alimentarme. La mataron y me quedé solo por más de un año. Me alimentaba con cosas que encontraba en la basura y dormía en los rincones de algunos locales para tener un techo.
—Por Dios, Demian… debió ser muy difícil.