Lovely CAPÍTULO 10 #2
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CAPÍTULO 10 #2

Le da un suave apretón a mi mano y asiente. Yo tomo mi bolsa y lo sigo afuera del restaurante hasta su auto. Ahí abre la puerta del copiloto y me ayuda a subir. Él sube al auto y conduce.

—¿Y Johnson? —le pregunto durante el viaje.

Él es el que siempre conduce este auto.

—Quería que solo fuéramos tú y yo.

No puedo evitar sonreír como una tonta ante su respuesta. Él también sonríe y no decimos nada más.

Cuando llegamos al estacionamiento de su edificio, bajamos del auto en silencio y subimos al ascensor.

Me recuesto en la pared mientras subimos piso a piso. Colin se coloca a mi lado y acaricia suavemente mi mano con sus dedos hasta que nos tomamos de la mano.

Sonrío con la mirada clavada en el piso. Me siento nerviosa y emocionada.

Cuando el ascensor se detiene, Colin hala de mi mano para que lo siga hasta su casa.

Me suelta y me mira, deseando tocarme. Yo dejo mi bolsa sobre el sofá y acorto la distancia entre nosotros.

—Soy tuya, Colin. No dudes.

—También soy tuyo, Emma.

Vuelve a tomarme de la mano y me lleva a su dormitorio.

Yo rodeo su cuello con mis brazos y lo beso. Él acaricia mi cintura y mi espalda correspondiendo mi beso.

Le quito el saco y la camisa con lentitud sin dejar de besarlo. Acaricio su pecho desnudo y él jadea, mirándome con necesidad.

Me deshago de su cinturón y le desabrocho el pantalón. Cuando estoy por bajarle el pantalón, él sujeta mis manos y me mira a los ojos.

—Emma, esta noche quiero hacerte el amor.

Sus palabras me estremecen. Él vuelve a besarme y entonces se deshace lentamente de mi vestido.

Se aleja unos centímetros para mirar mi conjunto de lencería y respira profundamente.

—Eres tan hermosa…

Vuelve a besarme mientras me quita el sostén. Mira mis pechos con deseo antes de llevarse un pezón a los labios. Mi cabeza cae hacia atrás mientras me sujeto de él con fuerza.

—Colin…

Mi voz suena ronca y jadeante.

Colin libera mi pezón y de inmediato se lleva el otro a la boca. Yo me arqueo contra él, sintiendo su pene endurecido contra mi vientre.

—Por favor…

Mi súplica parece funcionar, pues Colin se aparta de mí y muy lentamente se despoja del resto de su ropa. Yo me quito los zapatos y dejo caer mi panty en el suelo.

Él me mira. En sus ojos veo deseo, pasión y… amor.

Me toma en brazos y me deposita con delicadeza sobre la cama. Sube sobre mí besando cada centímetro de mi piel hasta posicionarse entre mis piernas.

Yo le rodeo la cintura con mis piernas y le acaricio el rostro mientras él se mueve lentamente haciendo fricción entre su pene y mi clítoris, el cual se va hinchando poco a poco, provocándome placer y dolor mientras jadeo suavemente contra sus labios.

—Te necesito, Colin.

—También te necesito, Emma.

Coloca su pene en mi entrada y me penetra muy lentamente. Yo me sujeto con fuerza de sus hombros mientras cierro los ojos extasiada.

Él besa mis labios, mis mejillas, mi cuello y mis pechos moviéndose lentamente. Yo le acaricio el pecho y le araño la espalda mientras jadeo tratando de soportar su lento y doloroso vaivén.

—Te amo, Emma.

Lo miro a los ojos y lo beso.

—También te amo, Colin.

Mi voz sale entrecortada al sentir cómo el orgasmo me golpea con fuerza. Me vengo entre gemidos y jadeos mientras me arqueo contra él. Colin gime y gruñe mientras alcanza su propio orgasmo.

Continúa moviéndose dentro de mí hasta que los deliciosos espasmos abandonan nuestros cuerpos.

Después de eso, sale de mi interior y se acuesta a mi lado. Lanza la sábana sobre nuestros cuerpos y me abraza mientras me besa.

No sé cuánto tiempo pasamos así, pero al final logro quedarme dormida entre sus brazos.

La mañana siguiente, unas voces me despiertan. Abro los ojos y miro a mi lado en la cama. Colin ya no está.

—¿Estás diciendo que no puedo tener una cita?

Esa fue la voz de una mujer. Una voz muy conocida. Es Dara.

—Tienes que estudiar —le dice Colin—. No hay tiempo para tonterías.

—¿¡Tonterías!?

El grito de Dara seguramente se escuchó en todo el edificio.

Me levanto de la cama y veo un bonito camisón de satén a la orilla de la cama. El camisón es de color celeste, tiene tirantes delgados y llega hasta el inicio de las rodillas. Me pongo el camisón, arreglo mi cabello con las manos y, luego de ir al baño, salgo del dormitorio.

—Como tú estás solo y amargado —dice Dara, ofendida.

—Dara, sé razonable —le pide Colin.

—¿Razonable? Quieres que me quede solterona para siempre igual que tú.

—No pienso quedarme soltero para siempre.

Me asomo por el pasillo sin que me vean y sonrío. Dara está exprimiendo unas naranjas mientras Colin prepara huevos revueltos y fríe tocino.

—Pero así será. Dejaste ir a Emma, la única mujer buena que te convenía en el mundo. Es que estás tonto del cerebro. ¡Te ama!

—Y yo la amo a ella.

Dara se queda en shock ante su confesión mientras yo me sonrojo.

—¿Tú… qué?

Dara se acerca a su hermano y lo mira a los ojos.

—Que la amo. Amo a Emma.

—¿Y por qué no vas y se lo dices, tonto?

Colin sonríe dándole vuelta al tocino.

—Ya lo hice.

—¿Y qué pasó?

—Bueno…

—Hola, Dara —la saludo acercándome a ellos.

—¡Emma! —su emoción es evidente—. ¡No puedo creerlo!

Se lava las manos y corre a abrazarme. Colin me mira, recorre mi cuerpo con una mirada sexy y luego sonríe antes de volver al desayuno.

—¡Así que volvieron! ¡Perdonaste a mi muy tonto hermano!

Está casi llorando.

—No me quieras tanto —le dice Colin, sirviendo el desayuno en tres platos para seguidamente llevarlos a la mesa.

—Es que no entiendes, Colin. Si no es Emma, no creo que exista otra mujer en el mundo que pueda soportarte.

—Tu hermano no es tan malo.

Dara se ríe ante mi broma y Colin enarca una ceja.

—Creo que soy muy bueno.

Sus palabras van con doble sentido. Yo sonrío mientras Dara me lleva a la mesa para que nos sentemos a desayunar.

—El jugo, Dara —le recuerda Colin.

Ella pone los ojos en blanco y se levanta por el jugo de naranja recién exprimido y tres vasos.

Colin se sienta a mi lado y me acaricia una pierna por debajo de la mesa.

—Ayúdame, Emma.

Detengo el tenedor a pocos centímetros de mis labios y miro a Dara.

—¿Con qué? —le pregunto.

Colin clava su tenedor en el tocino con demasiada fuerza y mira a su hermana con seriedad.

Dara carraspea con nervios, pero es una chica valiente. Ni la mirada más aterradora de su hermano la detiene para decir lo que quiera.

—Pues, verás, Emma. No sé si recuerdes que hace algunos meses me ayudaste a comprar mi vestido para el baile de graduación.

Yo asiento con la cabeza mientras le doy un trago a mi jugo de naranja.

En ese momento, las puertas del ascensor se abren. Demian entra trayendo algunas maletas.

—El baile de graduación es el próximo mes y el chico que me invitó a ir con él quiere que vayamos a una cita este sábado.

Demian suelta las maletas en el piso con demasiada fuerza. Colin y yo lo miramos, pero Dara se queda con la mirada fija en su desayuno.

—¿Estás bien? —le pregunto.

Demian asiente, recoge las maletas y las lleva a la que supongo es la habitación de Dara. Regresa poco después y camina directo al ascensor.

—Demian —lo llama Colin.

—¿Señor?

—Tómalo con calma, sé que ser chofer y guardaespaldas de Dara puede ser agotador.

Dara mira ofendida a su hermano y luego mira a Demian.

—¡Puedes renunciar cuando quieras! —le grita ella.

Las puertas del ascensor se abren y, antes de que Demian entre, se da la vuelta y mira a Dara.

—Lo haría con mucho gusto, pero le hice una promesa a tu padre.

Después de aquello, Demian entra al ascensor y se marcha. Dara se quita un zapato y lo lanza contra las puertas del ascensor.

Yo miro a Colin y él mira a Dara con sospecha.

—¿Me quieres explicar qué pasa?

Dara se levanta de la silla y va por su zapato.

—Nada.

Nunca había visto esa frialdad en Dara. Se marcha a su habitación y cierra la puerta con fuerza.

Colin se ve preocupado. Yo le acaricio la mejilla.

—¿Te parece bien si hablo con ella?

Colin respira profundo y asiente.

—Por favor. Parece que eres la única a la que escucha. Sé que la muerte de mi padre es reciente, pero creo que Dara no lo está sobrellevando bien.

La verdad no creo que ese sea el asunto. Algo está pasando entre estos dos.

Le doy a Colin un beso en los labios y me levanto de la silla. Él me toma de la mano y hala de mí, obligándome a sentarme en sus piernas.

—Apresúrate, quiero que nos bañemos juntos.

Su sexy y suave voz me excita de inmediato. Yo le muerdo suavemente el labio inferior y asiento.

—Sí, señor.

Colin sonríe y me libera. Le guiño un ojo y me marcho hacia la habitación de Dara.

Toco suavemente la puerta y entro.

—¿Dara?

Ella está sentada en la cama llorando en silencio.

—¿Qué pasa? —le pregunto preocupada mientras me siento a su lado y la abrazo.

Dara niega con la cabeza antes de abrazarme.

—No puedo decírtelo.

—¿Qué cosa? ¿Qué te gusta Demian?

Se aparta de mí y me mira sorprendida.

—¿Cómo lo supiste?

La puerta del dormitorio se abre y Colin entra lleno de furia.

—¿Te gusta Demian?

El rostro de Dara pierde color mientras mira aterrada a Colin.

—¡Colin! —lo reprendo molesta—. Te dije que hablaría con ella.

—Lo siento, Emma. Pero me sentí muy preocupado y ya veo que tenía razón. ¡A mi hermana le gusta su chofer!

Dara me abraza con fuerza y yo la mantengo entre mis brazos para que sepa que cuenta con mi apoyo.

—Antes de matar a Demian, dime, ¿hasta dónde has llegado con él?

Dara mira ofendida a su hermano, me libera y se pone de pie.

—Nada, absolutamente nada. ¿Qué piensas que soy, Colin?

Yo me mantengo sentada y al margen de todo. Es una pelea entre hermanos.

—Dara, papá se levantaría de la tumba solo para matarme si algo te pasara. Y si nuestra madre se entera… ¿entiendes que tengo que protegerte?

—¡Lo sé, Colin! Pero no tienes nada de qué preocuparte. Es verdad, me gusta Demian desde hace mucho tiempo. Pero él no está interesado en mí.

—Bueno, eso vamos a averiguarlo.

Colin sale de la habitación y Dara y yo lo seguimos, preocupadas por lo que hará. Él se acerca a la mesa del comedor, toma su celular y llama a alguien.

—Demian, sube. Necesito hablar contigo.

Corta la llamada y mira a Dara.