CAPÍTULO 10
Las chicas leen la nota una y otra vez mientras meditan lo que aquello puede significar. Yo me siento sorprendida, feliz, emocionada, nerviosa, asustada. En fin, siento muchas cosas a la vez y no tengo cabeza para pensar.
Mentiría si dijera que me esperaba esto o algo parecido. Ha pasado un mes desde la muerte de Theodore, no supe nada más de Colin desde entonces y pensé que las cosas seguirían así.
—Quiere volver —asegura Sugar.
—A lo mejor solo quiere agradecerte por todo lo que hiciste cuando murió su padre —comenta Candy.
—¡Por favor! ¡Le está hablando de otra oportunidad! —replica Sugar señalando las palabras en la tarjeta.
—Eso no importa —les dice Babydoll—. Lo que importa es qué piensa nuestra Lovely.
Las tres me miran fijamente y yo les sonrío nerviosa.
—No lo sé…
Las tres ponen los ojos en blanco mientras gruñen molestas.
—Pero, ¿vas a ir? —me pregunta Candy.
—¿Sí?
—¿Es una pregunta o una afirmación? —pregunta Babydoll.
—Yo… sí, voy a ir. No sé qué pasará, pero quiero ir.
—¡Sí! —exclama Sugar emocionada—. Amo los finales felices.
—No hay que apresurarnos. Debemos esperar a ver qué sucederá y ya después podremos alegrarnos con Lovely o consolarla —murmura Babydoll.
—Siempre tan motivadora —asegura Candy con burla.
—¿Y si quiere que regresemos? —les pregunto.
—¿Tú quieres regresar con él? —me pregunta Babydoll.
Asiento con la cabeza.
—Eso es lo único que importa —asegura Sugar.
—Sabes que siempre te apoyaremos —finaliza Candy.
—Gracias, chicas. Soy tan afortunada de tenerlas.
Les doy un abrazo con cariño y ellas corresponden de la misma forma.
—Y nosotras de tenerte a ti —asegura Candy.
—Bien —comenta Sugar sacando su celular de uno de los bolsillos de su short de mezclilla—. Veamos cómo es ese restaurante Royal.
Busca el restaurante en la web mientras las demás nos pegamos a ella para observar. El lugar es refinado y costoso. Todos los clientes visten de forma muy elegante.
—Dice que es muy difícil conseguir reservación —lee Sugar—. Y que las mesas están distribuidas en pequeñas habitaciones para dar privacidad y romanticismo.
En las fotos se ven las elegantes mesas en pequeñas habitaciones con vista a lo que simula ser un bosque lleno de luces y mariposas.
—Pues está muy bonito y romántico —asegura Babydoll.
—Y tú —dice Sugar señalándome—. Te vas a ver regia.
—Yo te peino —propone Babydoll.
—Yo te maquillo —dice Candy.
—Entonces yo elijo el atuendo —finaliza Sugar.
Las miro con cariño y agradecimiento.
—Vamos, entonces —dice Candy.
—¿A dónde? —le pregunto.
—¡De compras! —exclama Sugar.
Nos reímos, tomamos nuestras bolsas y pasamos todo el día comprando.
Después de comer algo, regresamos a la casa y me ducho. Cuando salgo del cuarto de baño con una bata cubriendo mi cuerpo y el cabello envuelto en una toalla, Babydoll me espera frente al tocador.
Yo sonrío mientras me siento y observo cómo me seca el cabello para seguidamente hacerme unas bonitas ondas sueltas con las tenazas y un sencillo pero elegante peinado semirrecogido.
Cuando ella finaliza, Candy entra y me hace un maquillaje de noche sutil, pero que resalta mis facciones.
Finalizado el peinado y el maquillaje, Sugar entra con una de las bolsas de compras y me obliga a ir al vestidor.
Me pongo un lindo sostén de media copa y un panty de encaje en color negro. Me miro en el espejo y me sorprendo de lo bonita que se ve esta lencería en mí.
Después de eso, me pongo el vestido que Sugar eligió para mí. Es un hermoso, elegante y moderno vestido largo hasta las pantorrillas en color rojo oscuro. El vestido es ajustado, con escote en V, mangas largas y bombachas.
Cuando salgo del vestidor, las chicas me miran fascinadas. Yo me sonrojo mientras Sugar me ofrece un par de sandalias negras de tacón de aguja.
Candy me pone perfume y Babydoll me coloca un juego de argollas, collar, pulsera y anillo de plata.
Cuando estoy lista, me miro en el espejo y sonrío.
—Vaya… me veo…
—Hermosa —aseguran las chicas.
—Gracias, esto significa mucho para mí.
Ellas me entregan una bolsa de mano a juego con mi atuendo, me sacan de mi dormitorio y me conducen hasta la puerta.
—El taxi ya te espera —dice Babydoll.
—Ve y diviértete —agrega Candy.
—Y luego cuéntanoslo todo —pide Sugar.
Yo sonrío y asiento antes de salir del apartamento llena de nervios y con el corazón latiendo rápidamente.
Cuando bajo del taxi, observo la entrada del elegante restaurante. Los nervios y el temor me invaden. Mis manos sudan y mi corazón late con rapidez. ¿Y si las cosas no van bien? ¿Y si Colin no quiere regresar conmigo? ¿Y si sí quiere regresar?
En ese momento, recibo mensajes de las chicas en el grupo que tenemos.
Babydoll
No pienses demasiado las cosas.
7:58 p.m.
Sugar
Escucha lo que te quiere decir y después decidirás.
7:58 p.m.
Candy
No vale la pena que te preocupes anticipadamente.
7:58 p.m.
Sonrío agradecida. Ellas siempre están para mí cuando más las necesito.
Lovely
Gracias, chicas. Son las mejores amigas y hermanas.
7:59 p.m.
Respiro profundamente y entro al restaurante, donde una muchacha me saluda.
—Buenas noches. Bienvenida al restaurante Royal. ¿A qué nombre reservó?
—Buenas noches. Colin Larson.
La muchacha ni siquiera revisa las reservaciones, solo asiente con la cabeza y me guía por el restaurante hasta una pequeña y bonita habitación con vista al ficticio bosque que las chicas y yo vimos en las fotografías.
En persona se ve mucho más mágico y romántico.
Colin está de pie frente a la pared de vidrio observando el paisaje. Viste un elegante traje azul a la medida que lo hace lucir muy guapo.
—Señor Larson, su acompañante ha llegado.
La muchacha se marcha después de anunciarme. Yo me quedo en la entrada mientras él se da la vuelta para mirarme.
—Emma.
Me mira con añoranza y siento cómo mi corazón se acelera.
—Hola, Colin.
Me tranquiliza ver que ya no hay tristeza en sus ojos.
—Por favor.
Corre una silla y yo me acerco para sentarme. Acaricia superficialmente uno de mis brazos y yo me estremezco.
Se sienta frente a mí en la pequeña y redonda mesa antes de que un mesero entre con una botella de vino.
—Ya he ordenado la cena, pero si quieres algo en particular o alguna entrada, solo dímelo.
—No, está bien.
Otro mesero entra y deja dos platos con lomo de salmón en salsa y verduras salteadas. El emplatado parece una obra de arte y hasta me da lástima comerlo, pero huele delicioso, así que en cuanto los meseros se van, comienzo a comer.
Colin parece desear hablar, pero se mantiene en silencio mientras cenamos.
Yo me maravillo con la hermosa vista a través del vidrio. Las mariposas vuelan de un lado para otro mientras las luces se mueven suavemente debido al viento.
Cuando terminamos de cenar, Colin me mira.
—Pensé que no vendrías…
—¿Por qué no?
—Emma… he sido un completo idiota.
Le da un pequeño trago a su copa de vino antes de hablar de nuevo.
—Yo… he querido hablar contigo desde hace mucho tiempo, pero sentía que no era justo para ti… sentí que… que no te merecía.
Lo miro a los ojos sin decir nada. Quiero escuchar lo que piensa y lo que siente.
—Pero… te necesito. Nunca debí dejar que te bajaras del auto el día que regresamos del cumpleaños de la abuela. Me bajé con la intención de detenerte, pero no pude, te dejé ir.
Guarda silencio unos segundos mientras muestra un semblante afligido y triste. Poco después vuelve a hablar.
—Tuve que llevarte conmigo y arreglar las cosas, pero fui un cobarde y tuve miedo de no ser suficiente para ti, tuve miedo de lastimarte o de que…
—O de que yo te lastimara —concluyo con pesar—. Sé que Shannon te hizo daño, Colin. Y sé que hay muchas otras mujeres que quisieran hacer lo mismo que ella hizo contigo, pero yo…
—Lo sé y lo siento. No dudo de ti, Emma. Dudo de mí.
—Yo nunca te haría daño a propósito, Colin.
Las palabras salen de mis labios en un murmullo entrecortado y respiro profundamente para no llorar.
Colin baja la mirada y sonríe con tristeza.
—Emma, yo… yo te amo.
Lo miro sorprendida sin poder creer que lo haya dicho.
—Lo siento, debí decírtelo en el instante en que tú lo hiciste. Me tardé demasiado. Cinco meses, para ser más exactos.
—Colin…
—Te amo —susurra mirándome a los ojos.
Mi corazón se acelera de nuevo. No vale la pena que trate de negar u ocultar mis sentimientos, por lo que hablo con total sinceridad.
—Yo también te amo, Colin. No he dejado de hacerlo.
—¿Podrías perdonarme y darme otra oportunidad?
Asiento con la cabeza sin dudarlo mientras mis ojos se llenan de lágrimas.
Colin se pone de pie y me ofrece su mano. Yo la tomo y me pongo de pie frente a él.
Él acaricia mis manos suavemente, luego acaricia mis brazos y por último coloca sus manos sobre mis mejillas.
—Emma.
Lo miro a los ojos. Limpia mis lágrimas y luego se inclina hacia mí para besarme. Yo cierro los ojos y correspondo su beso mientras acaricio su pecho.
—Dios… te he extrañado tanto…
Su voz suena triste. Yo le rodeo la cintura con mis brazos y lo abrazo con fuerza, recostando mi mejilla sobre su pecho, escuchando los acelerados latidos de su corazón mientras el delicioso aroma de su loción me invade.
—También te he extrañado, Colin. Me he sentido muy triste y sola sin ti.
—Todo esto es mi culpa, Emma —dice abrazándome—. Lo siento.
Yo niego con la cabeza.
—También es mi culpa, Colin. Debí apoyarte más. Tener más paciencia.
Él niega con la cabeza mientras acaricia mi espalda.
—No pudiste haberme apoyado más, Emma. Siempre fuiste atenta, dulce y comprensiva. Conmigo, con mi familia, incluso para la muerte de mi padre estuviste ahí para mí en todo momento.
Se aparta un poco para mirarme.
—Fue ahí cuando me di cuenta de la maravillosa mujer que estaba dejando ir. No creo que pueda encontrar a otra como tú, Emma. No quiero perderte. Quiero que seas mía para siempre.
Entonces me besa de nuevo, esta vez con pasión, y yo le correspondo de la misma forma.
Se aparta con dificultad y respira profundamente.
—Sentémonos y tomemos otra copa de vino.
Niego con la cabeza mientras lo tomo de la mano.
—Quiero estar contigo, Colin.