CAPÍTULO 9 #3
—¿Está bien si yo te acompaño a ti?
Me muestra una pequeña sonrisa y asiente.
—Eso me gustaría mucho —murmura.
—Muy bien.
El resto de la noche acompaño a Colin. Casi no hablamos, pero procuro que coma algo, que se siente y que salga por un poco de aire.
En el transcurso de la noche, muchos se van y otros recién llegan, pero el salón siempre se mantiene lleno. Es evidente que Theodore tenía muchas amistades y socios.
A medianoche, las chicas se acercan a nosotros.
—Dara subió a su habitación a dormir un poco —comenta Candy.
—Nosotros nos marcharemos ya —anuncia Sugar.
—Gracias por venir y por acompañar a mi hermana —les dice Colin.
—No hay nada que agradecer —asegura Babydoll.
Una a una le dan un abrazo a Colin y se marchan sin siquiera preguntarme si me voy con ellas. Saben que quiero estar aquí.
—Tú también deberías dormir un poco —le digo a Colin cuando las chicas y Boris ya se han marchado.
Él asiente y, sin soltar mi mano, comienza a caminar. Yo lo sigo por unas escaleras hasta el segundo piso, donde se detiene frente a una puerta y la abre.
Lo sigo adentro y le ayudo a quitarse el saco y los zapatos. Se acuesta en la cama y me mira.
—¿Estarás bien? —le pregunto.
Hala suavemente mi mano.
—Quédate conmigo.
Me quito los zapatos y me acuesto a su lado. Lo miro a los ojos notando la tristeza en ellos.
—¿Crees que algún día este dolor se vaya?
—No, Colin. El dolor no se irá nunca, pero te acostumbrarás a él.
Me abraza hundiendo su rostro en mi cuello.
—No quiso decirme que estaba empeorando. Se guardó todo hasta el último minuto. Me aseguraba que estaba bien, pero no era cierto. No me dejó ayudarlo.
Entonces comienza a llorar, sujetándose a mí como si yo fuera su salvavidas.
—Tu padre te amaba, Colin. Quería que fueras feliz y que no tuvieras preocupaciones. Es lo que un padre ejemplar haría.
Asiente con la cabeza y continúa llorando, desahogándose, hasta que finalmente se queda dormido.
La mañana siguiente, unos golpecitos suenan en la puerta. Colin sigue dormido entre mis brazos.
Me levanto sin despertarlo y abro la puerta. Una empleada entra trayendo un vestido y un traje en color negro, además de una canasta con artículos personales.
—La señora Simone envía esto —me dice la mujer—. Para que puedan prepararse para el funeral.
—Gracias.
La mujer deja todo sobre un sofá y se marcha.
Cuando cierro la puerta y me giro, veo a Colin sentado a la orilla de la cama.
—¿Quieres ducharte?
Asiente con la cabeza. Lo tomo de la mano y lo llevo al cuarto de baño del dormitorio.
Ahí lo ayudo a quitarse la ropa, me quito la mía y lo llevo a la ducha para que el agua caliente caiga sobre nosotros. Colin me mira a los ojos todo el tiempo mientras yo enjabono nuestros cuerpos.
Cuando terminamos, lo ayudo a secarse y a vestirse. Incluso lo ayudo a peinarse como siempre lo hace él.
—Gracias, Emma.
Yo sonrío y asiento antes de apartarme de él para vestirme y peinarme. Por fortuna, Simone envió maquillaje e incluso una secadora, lo que me permite arreglarme para verme decente y sin ojeras.
Cuando estamos listos, salimos del dormitorio encontrando a Dara en el camino. Ella me toma de la mano y vamos a desayunar.
Nadie habla y casi nadie come. Todos miran la que supongo era la silla de Theodore.
Cuando el desayuno termina, cada quien se va en sus propios autos hacia el cementerio. Johnson nos lleva a Colin, Dara y a mí, mientras Demian lleva a la abuela y a Simone.
Al funeral asisten muchas personas. Me sorprende y alegra ver a Babydoll, Candy y Sugar, quienes se mantienen a mi lado en todo momento, dándole apoyo a Dara mientras yo sujeto con fuerza a Colin.
Simone llora en brazos de la abuela todo el tiempo mientras el sacerdote realiza la ceremonia. Cuando esta termina, la familia se acerca a depositar rosas blancas sobre el ataúd antes de que lo coloquen en su nicho para sellarlo.
Colin sujeta mi mano con fuerza, mirando con tristeza por última vez el ataúd de su padre.
Las chicas sujetan a Dara, dándole aliento mientras el lugar se queda en completo silencio.
Poco a poco, las personas comienzan a marcharse. En esta ocasión, las chicas me esperan. Yo me despido de la abuela y de Dara, abrazándolas con fuerza. Acaricio suavemente la espalda de Simone y me acerco a Colin.
—Ya debo irme.
Asiente con la cabeza mirándome a los ojos.
—No tengo palabras para agradecerte por lo que has hecho por Dara y por mí.
—No hay nada que agradecer.
Le doy un suave beso en la mejilla y me marcho, obligándome a no mirarlo porque sé que si lo hago no querré marcharme.
Subo con las chicas al auto y Boris nos lleva a casa.
Los días y las semanas pasan. Yo regreso a mi rutina habitual de mantenerme ocupada en el día con ejercicio, ensayando mis rutinas y haciendo limpieza, mientras en las noches bailo alegremente en el Venus, tanto en mis shows como en mis bailes privados.
Cuando me doy cuenta, ya ha pasado un mes desde la muerte de Theodore.
Hablo con Dara casi todos los días y, de vez en cuando, viene con Demian a pasar tiempo conmigo y con las chicas.
De Colin no volví a saber nada. Él no me contactó y eso no me extrañó. Haberle dado mi apoyo y compañía durante la muerte de su padre no significa que las cosas entre nosotros hayan cambiado. Él lo sabe y yo también.
El domingo por la mañana, he terminado de lavar toda mi ropa cuando suena el timbre de la puerta.
Me acerco a abrir y me encuentro con un hombre cargando un ramo de rosas rojas en un elegante jarrón de cristal.
—¿Emma Cassidy? —pregunta.
Yo asiento confundida.
—Para usted. Firme aquí, por favor.
Firmo y recibo las rosas. Las pongo sobre la mesa del comedor y saco la pequeña tarjeta perfumada.
En cuanto leo la nota, mi corazón se acelera.
“Me pregunto si merezco otra oportunidad.
Restaurante Royal, 8:00 p.m.”
No tiene remitente, pero sé que es de Colin.