Lovely CAPÍTULO 9 #2
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CAPÍTULO 9 #2

—Solo vivir y ser feliz hasta el último momento —agrega Demian con tristeza—. La señorita Dara ha estado muy triste y depresiva. Tuvieron que sacarla del instituto y que llevara sus clases virtuales para que el señor Colin la mantuviera vigilada.

—Por eso fue a verme —comento.

Ambos asienten.

De pronto, se escuchan gritos y llantos en la habitación. Demian no puede evitar llorar y Johnson se lo lleva para que se calme.

La puerta se abre y Colin sale. Su mirada se ve tan triste y vacía. Camina hasta una silla y se sienta.

Las palabras de Theodore resuenan en mi cabeza.

“Por favor, Emma, perdónalo y cuida de su corazón.”

Sin darme cuenta, mis pies se mueven caminando hacia Colin. Cuando estoy frente a él, tomo su rostro con mis manos y lo obligo a mirarme.

—¿Estás bien?

Sus ojos se llenan de lágrimas y niega con la cabeza antes de abrazarme con fuerza y hundir su rostro en mi vientre. Yo respiro profundamente para no llorar y lo abrazo, tratando de consolarlo.

Aún se escucha el llanto y los lamentos de las mujeres Larson en la habitación de Theodore. Los recuerdos del día en que falleció mi abuela me invaden y me obligo a no llorar. Debo ser fuerte por Dara y por Colin.

Cuando Dara y su abuela salen de la habitación en un mar de lágrimas, Colin me suelta, respira profundamente, se limpia las lágrimas y se acerca a su hermana y a su abuela para consolarlas.

Yo me quedo en ese solitario rincón observándolos. No quiero entrometerme en sus asuntos familiares, solo quiero brindarles mi apoyo si lo necesitan.

Poco después, Simone sale de la habitación. Se ve devastada y vacía.

—Debemos preparar el funeral —le dice Colin a su madre.

Ella asiente tratando de recomponerse.

—Sí. Tienes razón, hijo.

Dara suelta a su hermano y camina hacia mí.

—Gracias por haber venido, Emma. Significa mucho para mí.

La abrazo y asiento con la cabeza mientras ella solloza.

—Sabes que cuentas conmigo siempre.

—Lo sé y siento mucho no haberte contado cómo habían estado las cosas estos últimos meses. Colin me pidió que no te preocupara.

Miro a Colin. Ahora está hablando con un médico mientras su madre y su abuela se marchan.

—Está bien —le digo a Dara—. Es una situación difícil y dolorosa. Más para una jovencita como tú. Debes ser fuerte, Dara, y comprender que tu padre ya no sufre. Aunque ya no lo verás, él siempre estará contigo, cuidándote.

Dara asiente con la cabeza y vuelve a llorar con fuerza.

—Lo voy a extrañar mucho.

—Lo sé, Dara. Llora, llora mucho. No es cualquier persona la que has perdido. Es tu padre, el hombre más importante de tu vida. Llora y date todo el tiempo que necesites para llevar tu duelo. Aquí estaré para ti siempre, para apoyarte.

Los recuerdos de perder a mi abuela me invaden. Fue lo más doloroso que pudo pasarme y aun así no imagino el dolor tan grande por el que están pasando Dara y Colin. Todas las pérdidas son diferentes, el dolor es diferente.

Dara asiente de nuevo y me abraza con fuerza.

—Dara —dice Colin acercándose a nosotras—. Debemos irnos. Tenemos mucho que preparar.

Dara me suelta y asiente. Yo le limpio las lágrimas y le acaricio el cabello.

—Llámame si me necesitas, ¿de acuerdo?

Dara asiente.

Miro a Colin por unos segundos, dándole a entender que él también puede llamarme si me necesita.

—Gracias por venir —dice Colin antes de marcharse con Dara.

Llamo un taxi y salgo del hospital poco después que ellos, quienes siguen afuera hablando con algunos conocidos.

—¿Necesita un auto? —me pregunta Johnson.

Niego con la cabeza.

—Ya pedí un taxi.

—Sé que el señor Larson ahora mismo tiene la mente en otras cosas, pero estoy seguro de que aprecia mucho que haya venido a acompañarlos.

—Gracias por tus palabras, Johnson.

Él sonríe y se queda a mi lado hasta que llega el taxi. Me despido de él y me marcho a mi casa.

Llego al apartamento a las cinco de la mañana. Las chicas aún duermen, así que decido esperar para contarles lo sucedido.

Voy a mi dormitorio, me quito los zapatos y los jeans, y me acuesto en la cama mentalmente agotada, todavía en shock por todo lo ocurrido con el señor Larson.

Mi celular vibra con un mensaje. Lo tomo de la mesita de noche y lo leo.

Colin

Gracias, Emma.

5:15 a.m.

Me quedo mirando el mensaje hasta que finalmente me quedo dormida.

—Qué difícil para Dara —comenta Babydoll.

Es casi mediodía y ya les he contado a las chicas lo que pasó.

—Y para Colin —murmura Candy.

—Para todos, diría yo —agrega Sugar—. Perder a un ser querido nunca es fácil para nadie.

—Todos estaban devastados —les cuento—. Lo conocí muy poco, pero puedo asegurar que el señor Theodore Larson era un hombre bueno y amoroso con todos.

—¿Cuándo será el funeral? —me pregunta Candy.

—Dara me envió un mensaje hace una hora. El velorio será toda esta noche y mañana por la mañana será el funeral.

—Quieres ir, ¿verdad? —dice Sugar.

—Sí, me gustaría. Pero esta noche debo trabajar. Espero ir al funeral mañana en la mañana.

—Si quieres ir a la vela, puedes hablar con Foxy —me aconseja Babydoll—. Estoy segura de que ella comprenderá que, por el tiempo que Colin y tú pasaron juntos, es lo ideal.

En ese momento, mi celular suena con una llamada. Miro la pantalla y veo el nombre de Foxy.

—Es Foxy —le digo a las chicas.

Respondo la llamada y ella comienza a hablar inmediatamente.

—Lovely, querida, ¿te enteraste de la muerte del padre de Colin Larson? La noticia está en todos los periódicos, medios digitales y hasta en la televisión. Al parecer tenía cáncer de estómago. Lo ocultaron todo hasta el último minuto. ¿Lo puedes creer? Nadie sabía que llevaba semanas hospitalizado.

Ni siquiera me deja responderle. Sigue parloteando rápidamente.

—Es necesario que vayas al velorio esta noche y que las demás joyas te acompañen. No vengan a trabajar y quédense la mayor parte del tiempo. Colin Larson fue nuestro cliente por mucho tiempo y esa es la mejor muestra de gratitud por parte del Venus. Tal vez eso lo atraiga de nuevo.

Corta la llamada sin esperar a que yo responda nada. Me quedo viendo el celular con enojo.

—¿Qué dijo? —pregunta Sugar.

—Me dijo que no fuéramos a trabajar hoy. Que vayamos todas al velorio. Dijo que no había mejor muestra de gratitud con un cliente que enviar a las joyas y que tal vez así Colin regrese como cliente.

Las chicas me miran entre molestas e indignadas.

—Definitivamente, Foxy no tiene corazón —asegura Candy.

—Solo ve por su propio beneficio —agrega Sugar.

—Eso no es algo nuevo —comenta Babydoll—. Al menos podremos acompañarte esta noche.

—Gracias, chicas. Aprecio mucho que vayan conmigo.

Las chicas y yo subimos al auto conducido por Boris. Foxy envió incluso a Boris para que nos acompañe esta noche. Él está muy elegante, vestido con un traje a la medida en color negro. Nosotras llevamos vestidos y zapatos de tacón de aguja, también en negro.

Cuando llegamos al enorme portón de la imponente mansión de los Larson, un hombre de seguridad se acerca a nuestro auto. Al decirle mi nombre, nos deja entrar.

El personal del valet abre nuestras puertas y se lleva el auto para estacionarlo con los demás. Las puertas de la elegante mansión están abiertas para que todos entren y salgan libremente. Una empleada nos guía hasta el enorme salón donde se está llevando a cabo el velorio.

Montones de personas se mantienen dispersas en pequeños grupos. Algunos están sentados, otros de pie tomando algo o conversando. En el centro del salón se encuentra el elegante ataúd negro con detalles dorados, rodeado de arreglos florales.

La mujer que nos guio hasta el salón recibe el arreglo floral que compramos y lo coloca con los demás. La abuela y Simone permanecen junto al ataúd, limpiándose de vez en cuando alguna lágrima. Dara está sentada sola en una esquina y Colin se mantiene de espaldas mirando por una ventana.

—¿Qué hacemos? —pregunta Sugar—. ¿A quién le damos primero las condolencias?

En ese momento, Dara nos mira y su mirada se ilumina un poco. Se levanta de la silla y corre hacia nosotras. Nos abraza con fuerza mientras entre todas la acariciamos y la consolamos.

—Dara, él es Boris. Un amigo y compañero de trabajo —le digo.

—Siento mucho su pérdida, señorita.

—Gracias, Boris —dice Dara, abrazándolo con fuerza.

Él le palmea suavemente la espalda antes de que ella se aparte.

—Gracias a todos por venir. Al menos ya no me sentiré tan sola. Desde que regresamos del hospital, mi madre y la abuela se la pasan llorando juntas y Colin va de aquí para allá sin decir nada.

—Bueno, ya estamos aquí para hacerte compañía —le asegura Babydoll.

Las chicas me señalan con la mirada a Colin antes de irse con Dara a conversar a una mesa. Boris las sigue.

Respirando profundamente, doy un paso hacia donde está Colin, pero Shannon y su grupo de amigos se atraviesan en mi camino.

—¿Qué haces aquí? —me pregunta ofendida—. Solo la familia debería estar aquí.

—En ese caso, tú no estarías aquí —le digo.

Ella me mira con odio y se marcha seguida de su grupo de esclavos.

—Emma —me llama la abuela.

En lugar de seguir hacia donde está Colin, me acerco al ataúd y abrazo a la abuela.

—Lo siento mucho, abuela.

Ella me abraza y asiente.

—Es difícil tener que vivir esto dos veces, ¿sabes?

Lo dice por su difunto esposo. Yo asiento y la vuelvo a abrazar. Simone mira fijamente el rostro de su esposo. Yo miro a Theodore. Le han puesto un elegante traje negro. Su rostro se ve en paz e incluso tiene una pequeña sonrisa.

—Señora Simone —la llamo.

Ella me mira.

—Lo siento mucho.

Le doy un suave apretón a su mano y ella hace lo mismo.

—Gracias, Emma —susurra antes de soltarme y regresar la mirada a su esposo.

—Ve con Colin —me pide la abuela—. Veo que Dara está acompañada y yo cuidaré de Simone. Acompaña a Colin, ¿sí?

Asiento con la cabeza y me acerco a Colin. Coloco una mano sobre su espalda y él me mira. Sus ojos están rojos. Se nota que ha llorado mucho.

—Lo siento mucho, Colin.

Él asiente y se deja abrazar.

—Tus amigas están aquí —me dice cuando dejamos de abrazarnos, mirando en su dirección.

—Sí, Dara les cayó muy bien. Les alegra acompañarla.

Asiente con la cabeza.