Lovely CAPÍTULO 9
65%

CAPÍTULO 9

Me quedo en shock al ver a Dara y al escuchar sus palabras. Las chicas vienen a mi lado y observan a Dara con curiosidad. Ella les sonríe.

—¡Wow! —exclama emocionada—. Todas son tan hermosas.

—¿Y tú quién eres? —le pregunta Candy.

—Soy Dara, la hermana de Colin.

Al escuchar aquel nombre, las chicas me miran con preocupación.

—Estoy bien —les digo antes de tomar a Dara de la mano para que entre—. ¿Cómo que te escapaste de tu casa?

—¿Se escapó de su casa? —preguntan las chicas al mismo tiempo.

Dara se sonroja.

—Bueno, estaba aburrida —comenta ella, observando el apartamento con adoración—. Este lugar es maravilloso. Quisiera vivir aquí con ustedes.

La miro molesta.

—Dara, por Dios… ¿Cómo que te escapaste?

Ella sonríe, pero su mirada se ve triste.

—Últimamente he estado muy sola. Quería pasar todo el día contigo y con tus amigas.

—¿Y tu familia lo sabe? —le pregunto.

Ella saca su celular y nos lo muestra. Tiene diez llamadas perdidas de su madre y cuatro de Colin.

—Estás en problemas —le dice Sugar—. Me encanta tu espíritu rebelde, pero tienes que decirles que estás aquí.

—No quiero hacerlo —dice Dara triste.

—Hazlo —le ordena Babydoll—. Diles que estás aquí y podrás quedarte todo el día.

Los ojos de Dara se llenan de luz y asiente.

—Llamaré a Colin —dice, mirándome de reojo.

Yo finjo que no me importa. Ella lo llama y pone el altavoz.

—¿Dónde estás? —le pregunta Colin con seriedad.

Yo me siento en el sofá al temer que mis piernas no me aguanten. Ha pasado mucho desde que lo escuché.

—Vine a casa de Emma y sus amigas —le responde Dara.

Colin se queda en silencio por un largo rato. Es evidente que le ha afectado saber que Dara está conmigo.

—¿Colin? —lo llama Dara.

—Regresa, sabes que te necesitamos aquí. Enviaré a Demian.

—¡No! —exclama Dara—. Me quedaré aquí. En la tarde regresaré a tu casa.

—¿Sola? —pregunta molesto.

Dara me mira. Espera que yo la lleve. Las chicas me miran preocupadas.

Yo suspiro y asiento. ¿Qué más puedo hacer? No puedo dejarla sola.

—Emma me llevará —dice Dara con alegría.

Colin vuelve a quedarse en silencio.

—Bien —responde finalmente antes de cortar la llamada.

—¡Listo! —exclama Dara emocionada.

—¿Y qué quieres hacer? —le pregunto.

—No lo sé… —responde avergonzada.

—Vamos por un helado y después al parque a ver hombres —propone Sugar.

—Te apoyo —dice Candy antes de que ambas se vayan a cambiar por algo más fresco.

—Si no queda de otra —dice Babydoll, dirigiéndose a su dormitorio.

—Ven —le digo a Dara—. Te daré ropa más cómoda.

Trae un ostentoso y elegante vestido.

—¿De dónde vienes tan elegante?

Entramos a mi dormitorio y nos dirigimos al vestidor.

—He tenido que acompañar a Colin a la compañía.

Se escucha cansada.

—Mis últimas clases de la secundaria tuve que tomarlas en línea.

Yo asiento, deseando preguntarle más, que me cuente de Colin, que me diga qué ha hecho durante estos cuatro meses… pero sé que eso no es sano para mí, así que me quedo callada mientras le ofrezco un short de mezclilla azul y una blusa de tirantes en color negro.

—Espero que te quede, es lo más pequeño que tengo.

Ella se desnuda frente a mí sin ningún pudor y se pone la ropa. Le queda perfecta.

—¿Cuánto calzas?

—Siete.

—Qué suerte, calzamos del mismo número.

Le doy unos tenis parecidos a los míos y ella se los pone con emoción.

Siento a Dara frente a mi tocador y le recojo el cabello en una cola de caballo.

—¿Lo extrañas? —me pregunta mirándome a través del espejo.

—Sí —respondo sin mirarla.

—¿Listas? —pregunta Sugar entrando al dormitorio.

Yo asiento y todas salimos de casa a disfrutar de un soleado domingo.

Pasamos el día comiendo helado, caminando por el parque, charlando y riendo.

Me alegra ver a Dara feliz; sé que lleva una vida difícil y solitaria con su familia.

Cuando comienza a oscurecer, regresamos al apartamento y las chicas se preparan para marcharse al Venus.

—Ojalá algún día pueda ir con ustedes —dice Dara—. Me encantaría conocer el Venus y aprender a bailar.

—Bueno, a bailar te dije que te enseñaría, eso lo podemos hacer en cualquier momento. Pero para el Venus, deberás esperar a ser mayor.

—Hasta pronto, Dara —le dice Babydoll.

—Ven a visitarnos pronto —comenta Sugar.

—Y no te metas en problemas —finaliza Candy antes de que las tres se marchen.

—¡Las adoro! —asegura Dara.

Yo sonrío mientras llamo un taxi.

—Cámbiate, no sé qué pensará tu familia si te ve con mi ropa puesta. Ya llamé al taxi.

Dara entra a mi dormitorio y sale poco después con su ropa puesta. Yo me pongo un cárdigan, luego salimos del apartamento, subimos al taxi y le doy la dirección del edificio de Colin al taxista. Este conduce rápido y en poco tiempo se detiene en el estacionamiento.

Dara me mira.

—¿Me acompañas arriba?

—No puedo quedarme, Dara.

—Está bien. Solo quiero mostrarte algo.

—¿Él está?

Dara niega con la cabeza.

Lo medito por largos segundos; sé que no debo, pero la triste mirada de Dara me hace acceder.

Me bajo del taxi y la sigo al ascensor, donde ella pasa su tarjeta magnética por el lector y presiona el botón del piso de Colin.

Cuando llegamos, observo el lugar, recordando los momentos que compartí con él.

—Ven —dice Dara, tomando mi mano y llevándome a lo que parece ser la oficina de Colin—. El fin de semana que fuimos a casa de la abuela para su cumpleaños, había varios fotógrafos. Tomaban fotografías de todos y guardé unas para ti.

Ella busca en unos cajones mientras yo observo la estancia. Todo está perfectamente organizado. Me acerco a su escritorio, observando el portarretrato que tiene con una foto familiar donde están sus padres, sus abuelos, Dara y él. Todos se ven muy felices.

Bajo el portarretrato, veo una pequeña foto polaroid boca abajo. La tomo con curiosidad y, al darle la vuelta, nos veo a ambos. La foto fue tomada la noche de la fiesta en la playa. Colin y yo bailamos alegremente mientras nos miramos a los ojos.

¿Por qué tiene esta foto? De pronto me siento mal, ya no quiero estar aquí.

—Lo siento, Dara. Debo irme.

—¡Emma!

Me marcho rápidamente hacia el ascensor, el cual llega enseguida. Entro y solo cuando las puertas se han cerrado me siento tranquila.

Cuando el ascensor llega al estacionamiento y las puertas se abren, me encuentro con Colin. Sé que no debería, pero me permito observarlo. Se ve cansado y… triste. Él me mira en silencio, sin moverse de donde está.

Cuando algunas personas esperan detrás de Colin para entrar al ascensor, bajo la mirada y salgo. Todos entran y yo me doy la vuelta, pero él ya no me está mirando. Sus ojos están fijos en su celular.

—¿Sube, señorita? —me pregunta un hombre en el ascensor.

Entonces Colin levanta la mirada y me observa de nuevo. Mi corazón duele demasiado, por lo que decido que ya es suficiente dolor por hoy.

—No —susurro antes de darme la vuelta y marcharme.

Ni siquiera busco un taxi. Camino hasta llegar a casa, permitiendo que el viento me golpee y me recuerde la realidad.

Dos días después, a las dos de la mañana, mi celular comienza a sonar. Aun dormida, tomo el teléfono y contesto.

—Emma… —dice una voz sollozante.

Me espabilo y miro la pantalla del celular. Es Dara.

—¿Dara? ¿Qué pasa?

—Mi papá, Emma… está muriendo. ¿Puedes venir al hospital? Me gustaría que me acompañaras.

Me quedo en shock por unos segundos y después asiento.

—Por supuesto. Envíame la dirección, voy para allá.

Me levanto y me cambio por un suéter holgado en color café, con las faldas del suéter dentro de unos jeans negros y unos botines del mismo color.

Peino rápidamente mi cabello, guardo un poco de dinero en una de las bolsas de mi pantalón y, cuando Dara me envía la dirección, llamo un taxi y me marcho.

Cuando llego al hospital, tres guardaespaldas me impiden entrar a la zona donde tienen a Theodore.

—Déjenla pasar —dice Demian detrás de ellos—. La señorita Dara la espera.

Los hombres se hacen a un lado y me dejan pasar.

—¿Qué pasó, Demian?

—El señor llevaba mal desde hace mucho tiempo. Su cáncer siguió avanzando los últimos meses. No hay nada que hacer por él.

Me siento abrumada por tanta información, pero sigo a Demian sin dudar hasta la habitación donde tienen a Theodore.

—La señorita Dara está despidiéndose de su padre. Él también quiere verla a usted.

—¿A mí? —pregunto sorprendida.

—Cuando la señorita Dara le dijo a su padre que usted vendría, él dijo que quería verla.

Lejos de la puerta, veo a Colin consolando a su madre, quien llora desesperadamente. Él me mira. Se ve tan triste… Quisiera ir a abrazarlo, pero no sé si sea algo que él quiera.

Demian abre la puerta y yo entro. Me acerco a Dara, quien llora en los brazos de su padre.

—Dara —la llamo.

Ella me mira y se echa a llorar con más fuerza entre mis brazos.

—Emma… —dice Theodore en la camilla.

Hay un montón de máquinas y aparatos a su alrededor.

—Qué bueno verte.

Extiende su mano con dificultad y yo la tomo.

—Es bueno verlo de nuevo, señor Larson.

Él sonríe y acaricia mi mano.

—Theodore, llámame Theodore.

—Theodore.

Sonríe complacido.

—¿Puedo pedirte algo?

Yo asiento sin soltar su mano y sin dejar de abrazar a Dara.

—¿Podrías cuidar a mis muchachos? Dara es una niña solitaria, sé que tu compañía le hará bien.

—Por supuesto.

—Y Colin… Dios… está perdido sin ti. Sé que mi enfermedad lo ha puesto muy mal, pero perderte a ti lo ha destrozado. Por favor, Emma, perdónalo y cuida de su corazón.

Una lágrima resbala por mi mejilla.

—¿Lo harás?

Asiento con la cabeza.

—Lo haré.

—Entonces ya estoy tranquilo.

Le da un suave apretón a mi mano y después la suelta.

En ese momento, la puerta se abre y entran Simone, la abuela y Colin. Johnson me pide con la mirada que lo acompañe. Trato de que Dara me suelte, pero ella no lo hace. Colin la obliga a soltarme y ella lo abraza a él con fuerza.

Yo salgo de la habitación para darle privacidad a la familia y me quedo con Johnson y Demian afuera en una esquina.

—Él se veía bien —comento en voz baja.

Johnson niega con la cabeza.

—No lo estaba. El doctor ya le había dicho hace varios meses que no había nada más que hacer.