Lovely CAPÍTULO 8 #3
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CAPÍTULO 8 #3

Las tres se acercan a mí y me abrazan mientras tratan de consolarme.

Con gran dificultad les cuento todo lo que pasó, lo difícil que fue para mí y todo el dolor que sentí.

Ellas tratan de animarme, pero es imposible; aun así, no me dejan sola y me dan su apoyo hasta que llega la noche y decido irme a dormir.

Dando vueltas en la cama sin poder dormir y, en un impulso, le envío un último mensaje a Colin.

Emma

Siento mucho haber involucrado mis sentimientos. Sé que solo querías divertirte y tener algo casual, pero se me hizo imposible no enamorarme de un hombre tan especial como tú. Espero que seas muy feliz. Adiós, Colin.

11:34 p.m.

El lunes, llego al Venus con las chicas y, de inmediato, Foxy me manda a llamar. Las chicas me ven con preocupación, pero yo las tranquilizo, pues sé que Colin no diría nada sobre lo nuestro.

—Bienvenida, Lovely —me dice Foxy cuando entro a su oficina—. El señor Larson llamó esta mañana para cancelar tus bailes. ¿Qué pasó? Se veía muy contento contigo.

Me encojo de hombros, fingiendo que no me importa, mientras tomo asiento.

—No lo sé, supongo que se aburrió. Tarde o temprano iba a pasar.

Foxy suspira con pesar y asiente.

—Tienes razón. Al menos pagó por estos días que lo acompañaste y no quiso que le devolviera el dinero de tus bailes que quedan del mes. Me dijo que te diera el dinero a ti por haber sido una buena chica.

Aquello solo me hiere más.

—No lo quiero, Foxy. Sabes que no recibo dinero que no me haya ganado. Puedes hacer lo que quieras con él.

Foxy sonríe emocionada.

—Muy bien. Pero es una lástima que se nos vaya el señor Larson. Le ofrecí a otras chicas, pero dijo que no le interesaba. Es probable que ya no regrese al Venus.

Se queda en silencio unos segundos y después suspira con tristeza, como si hubiera perdido algo demasiado valioso.

—En fin, a partir de hoy tus bailes vuelven a estar disponibles.

Yo asiento y, luego de platicar un poco más, me despido de ella y me marcho a trabajar.

Los días se convierten en semanas y las semanas en meses. Trato de mantenerme ocupada la mayor parte del día. Me levanto tarde, entreno sola y con las chicas, creando bailes espectaculares que cada vez llaman más la atención de los clientes.

Mis bailes privados de cada mes se reservan por distintos clientes que quedan complacidos con mis presentaciones.

Mis ratos libres los ocupo ordenando mi dormitorio, la casa y saliendo con las chicas de compras.

Solo durante las noches me permito pensar en Colin, en si estará bien, si se sentirá solo, si pensará en mí, si me extraña…

De vez en cuando hablo con Dara, pero ella inteligentemente no menciona a Colin, y se lo agradezco.

Y así, sin darme cuenta, cuatro meses pasan desde la última vez que vi a Colin.

El domingo me despierto más tarde de lo habitual, ya que es mi día libre y no tengo mucho que hacer.

Me levanto, abro las cortinas y las ventanas de mi dormitorio para que se ventile un poco, ordeno mi cama y uno que otro desorden en el piso o en mi vestidor, y decido bañarme y arreglarme.

Me pongo un crop top de tirantes en color rosa, un short de tiro alto de mezclilla en color celeste y unos tenis bajos. Cepillo mi larga cabellera y la dejo suelta, me maquillo un poco, me perfumo como de costumbre y salgo de mi dormitorio.

Las chicas ya están desayunando huevos con tocino y jugo de naranja mientras platican entre risas y bromas que llenan nuestro hogar de vida y alegría. Sonrío ampliamente sin poder evitarlo mientras me acerco a ellas.

—¡Qué guapa! —exclama Sugar con aprobación.

Yo le sonrío.

—¿Vas a salir? —me pregunta Babydoll.

Todos estos meses han estado muy pendientes de mí y de mi estado de ánimo.

—No. Es domingo y además mi día libre, quise arreglarme un poco.

—Me parece muy bien —asegura Candy.

—Como te ves refleja cómo te sientes, y yo espero que te sientas de maravilla, nena, porque te ves espectacular.

Las palabras de Sugar me hacen sonreír.

—Gracias, me siento muy bien —aseguro antes de ir por un plato con huevos revueltos y tocino.

Me siento junto a las chicas y desayunamos entre agradables pláticas.

Estar con mis chicas me hace feliz; valoro muchísimo todo el apoyo que me han dado durante estos cuatro meses. Son la familia que nunca tuve y que siempre necesité. Doy gracias al universo por ponerlas en mi camino y en mi vida.

Mientras desayunamos, Sugar y Candy cuentan divertidas anécdotas del trabajo mientras Babydoll las reprende y yo me río.

En este momento siento que mi vida ha vuelto a la normalidad, que todo es perfecto y que mi corazón se siente tranquilo, por lo que doy gracias en silencio.

Cuando terminamos de desayunar, recogemos los platos y limpiamos un poco la casa. Ya que somos tan ordenadas, no tardamos mucho en terminar y dejar nuestro hogar reluciente.

Estoy acomodando los cojines del sofá cuando el timbre de la puerta suena.

Por alguna extraña razón, mi corazón se acelera. Trato de tranquilizarme mientras hago a un lado mis pensamientos.

—¿Esperan a alguien? —les pregunto a las chicas.

—¡No! —gritan desde diferentes lugares.

Me acerco a la puerta y la abro.

—Hola, cuñadita —dice Dara alegremente—. ¡Adivina quién se escapó de la casa!