Lovely CAPÍTULO 8 #2
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CAPÍTULO 8 #2

Los demás invitados se van uniendo al baile hasta que el lugar termina lleno de personas que bailan y ríen.

Colin me toma de la cintura mientras yo rodeo su cuello con mis brazos.

Bailamos con movimientos sensuales llenos de sabor. Me sonríe y yo le sonrío.

—Bailas muy bien —le digo.

—¿Sorprendida?

Asiento con la cabeza antes de que él me haga girar un par de veces.

—¿Te divertiste con Dara?

Asiento de nuevo.

—Fue una tarde maravillosa. Pero casi me desmayo cuando una leona y sus cachorros pasaron frente a mí.

—Dios santo, sabía que Dara te pondría en peligro.

Me río y niego con la cabeza.

—Es una chica maravillosa. Me alegra que nos estemos haciendo amigas.

Sonríe y me da un suave beso en los labios.

—Colin… hay algo de lo que quiero hablar contigo.

Me da la vuelta y coloca sus labios sobre mi cuello.

—No vas a dejarme, ¿cierto?

Me río.

—Claro que no, nunca lo haría.

Me gira de nuevo y me mira a los ojos.

—¿De qué se trata?

Lo miro y me pongo nerviosa, pero decido ser firme y honesta.

—Sobre mis sentimientos… sobre lo que verdaderamente siento por ti.

Deja de bailar y me mira por largos segundos.

—Emma…

—Colin, estar contigo es maravilloso. Eres un hombre increíble.

Sujeta mis manos con demasiada fuerza y no sé si es porque tiene miedo de que vaya a dejarlo o de que le diga que lo amo.

—Espera, Emma, creo que una conversación tan seria no deberíamos tenerla aquí con tantas personas a nuestro alrededor. Regresemos al dormitorio.

Asiento con la cabeza mientras él me guía a un carrito de golf.

En cuanto subimos y él comienza a conducir, los dos nos mantenemos en completo silencio.

Siento cómo el miedo y los nervios me invaden, pero decido no echarme para atrás; es importante que le diga a Colin lo que siento, aun cuando me muera de miedo por perderlo.

En cuanto llegamos al dormitorio, nos sentamos en un sofá frente a la cama, junto a una ventana que nos muestra la hermosa vista de la propiedad.

—De acuerdo, Emma… puedes hablar.

—Colin, como te dije, eres un hombre maravilloso. Eres encantador, atento, complaciente y tienes un enorme y hermoso corazón.

Guardo silencio unos segundos tratando de llenarme de coraje para mis próximas palabras.

—Te amo, Colin. Yo… te amo.

Él no dice nada. Su mirada permanece fija en el suelo y sus manos sujetan con demasiada fuerza sus rodillas.

—Sentí que era importante y necesario poder decirte lo que sentía… para… para poder avanzar y que tal vez nuestra relación pudiera crecer mucho más.

—Emma, yo…

Le cuesta hablar; es evidente que está perdido en un laberinto de pensamientos y emociones que no sabe descifrar.

—¿No sientes lo mismo por mí?

Mi pregunta sale en un murmullo. Estoy a punto de llorar, pero trato de contenerme.

Él frunce el ceño, respira profundamente y luego suelta un quejido.

Siento cómo se rompe mi corazón.

—Lo siento, Emma, yo…

—Soy yo quien lo siente, Colin. Nunca debí decírtelo.

Comienzo a sollozar sin poder evitarlo, por lo que me levanto y corro hacia el baño, donde me encierro y me permito llorar.

—Emma, abre la puerta, por favor.

—Esto no está bien, Colin.

—Emma…

En un momento de rabia, limpio mis lágrimas y abro la puerta.

—Supongo que aquí termina todo para nosotros.

Su mirada se llena de dolor.

—Entiendo que no me ames, entiendo que no puedas corresponderme, pero también espero que entiendas que no puedo continuar con esto. No puedo, no después de haberte dicho que te amaba y haber recibido solo el silencio.

—Lo entiendo, Emma. Lo siento.

Me río mientras las lágrimas bajan por mis mejillas.

—Pretendía pedirte durante este viaje que no fueras más al Venus. Había querido decírtelo desde hace algún tiempo, pero no había tenido la oportunidad de hacerlo.

—¿Por qué? —pregunta en un murmullo, sin mirarme a los ojos.

—Porque quería que cuando saliéramos yo no tuviera miedo de encontrarme a Foxy o a alguien del trabajo. Quería que fuéramos una pareja normal y que tú no tuvieras que pagar para verme. Tontamente pensé que… que nuestra relación era algo real.

—Claro que es real.

—¡Mentiroso!

—Emma…

—¿Sabes qué? Todo esto fue un error. Nunca debí aceptar mantener algo contigo, nunca debí venir aquí, nunca debí enamorarme de ti. Nunca… ¡Nunca debí conocerte!

Me mira a los ojos con tristeza.

—No hablas en serio.

Por supuesto que no hablo en serio…

Sin decir nada, cierro la puerta del cuarto de baño y decido no salir en un buen rato.

Me desmaquillo, lavo mi rostro, cepillo mis dientes, peino mi cabello y me cambio por un pijama de satén en color vino, compuesto por un short y una blusa de tirantes.

Cuando finalmente me he tranquilizado un poco, salgo del cuarto de baño, dándome cuenta de que estoy completamente sola. Colin se ha ido.

No me extraña que se haya marchado y, la verdad, ni siquiera me importa. Prefiero estar sola.

Subo a la cama y me acuesto.

Las lágrimas me invaden de nuevo. Me acurruco entre las sábanas y abrazo la almohada de Colin, llenándome de su aroma por última vez.

—Todo se terminó.

Me levanto deliberadamente tarde al día siguiente.

Con gusto me marcharía de inmediato del lugar, pero no puedo hacerle ese desplante a la abuela, por lo que decido, con gran dificultad, asistir a la fiesta de cumpleaños y esperar a que Colin decida enviarme a casa.

Me ducho y me visto con una blusa estampada de mangas largas y escote en V, con las faldas dentro de unos jeans azules de tiro alto y unas sandalias de tacón cuadrado en color beige.

Me maquillo de forma muy natural, pero me aseguro de cubrir las ojeras causadas por casi no haber dormido anoche, cepillo mi cabello dejándolo suelto y me perfumo.

En cuanto salgo de la habitación, me encuentro con Dara. Ella no dice nada, solo me abraza y yo correspondo su abrazo, luchando enormemente por no llorar.

—Lo siento, Emma. Colin es un idiota.

No sé cómo se enteró de lo que pasó, pues Colin no parece ser alguien abierto a hablar de sus asuntos personales. Pero prefiero no darle importancia, ya que no tengo ánimos de indagar.

—Gracias, Dara.

—Te acompañaré toda la tarde. No estarás sola.

Asiento con la cabeza mientras le doy un suave apretón a su mano en agradecimiento.

El resto del día pasa tormentosamente lento. Finjo una sonrisa en todo momento mientras se celebra el cumpleaños de la abuela. La comida es deliciosa, pero apenas le doy un bocado.

Cuando el mariachi llega, canto el cumpleaños con todos mientras aplaudo y finjo que no me siento vacía y rota por dentro.

Durante la entrega de regalos, me acerco a la abuela y le entrego mi obsequio con una enorme y falsa sonrisa. Ella abre el regalo y me agradece encantada por el perfume que le obsequié.

En ningún momento busco a Colin, pero siento en todo momento su mirada sobre mí.

Cuando la fiesta termina, me dirijo al dormitorio a empacar todas mis cosas, notando que Colin ya ha sacado sus maletas.

Johnson toca la puerta poco después para decirme que es momento de irnos.

Él toma mi maleta y se la lleva mientras yo me despido de todos antes de subir al auto con Colin.

—¡Los veré pronto! —grita la abuela.

Mi corazón se resquebraja un poco más.

Guardo silencio en todo momento mientras fijo mi mirada en la ventana. Y aunque deseo girar la cabeza y mirar a Colin, me obligo a no hacerlo y ser fuerte.

En cuanto llegamos al edificio en el que vivo, me bajo del auto y ayudo a Johnson a bajar mi maleta.

—Señorita… —murmura él.

Niego con la cabeza antes de mirarlo y sonreírle.

—Gracias por todo.

En cuanto doy un paso hacia adelante, noto a Colin frente a mí.

Levanto la cabeza y lo miro a los ojos.

Se ve devastado, pero yo lo estoy aún más. Trato de sonreírle, pero no puedo, por lo que simplemente paso a su lado y entro al edificio.

Cuando abro la puerta del apartamento, las chicas están sentadas a la mesa conversando amenamente. Me miran sorprendidas por mi aspecto.

—Todo se terminó —digo en un murmullo antes de echarme a llorar.