Lovely CAPÍTULO 7 #3
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CAPÍTULO 7 #3

—¿No tienes dignidad, Shannon? —le escupe Dara—. ¡Deja en paz a mi hermano! ¡Él es muy feliz con Emma!

—¡Es una puta! —insiste Shannon.

Si Candy, Sugar y Babydoll estuvieran aquí, ya la habrían puesto en su lugar. Así que es mi obligación hacerlo.

—Soy una bailarina de barra —digo con tranquilidad—. Me pagan por bailar, no por tener sexo. Es un trabajo honesto y muy común, por cierto. No te permito que me llames puta y, si vuelves a hacerlo, te juro que no respondo.

Shannon me mira con odio mientras sus padres tratan de tranquilizarla.

—¡Por Dios! —exclama la abuela—. Es mi cumpleaños. No entiendo por qué siempre tienes que ser el centro de atención —le dice a Shannon—. Y todo esto es tu culpa, Simone.

—¿Mía? —dice ella confundida—. ¿Por qué?

—¡Por invitarla, mujer! —le grita Theodore.

—¿Quién más le iba a hablar del trabajo de Emma? —dice Dara—. Eres muy mala, mamá. La invitaste con todas las malas intenciones. Está bien si no quieres a Emma, pero ¿qué hay de Colin? ¿Se te olvida todo el daño que esta zorra le hizo? ¿Se te olvidó que eso también fue en parte tu culpa?

El lugar se queda de nuevo en silencio. Dara, en mis brazos, cierra las manos en puños. Yo la miro orgullosa, es solo una adolescente, pero sabe sacar las garras cuando debe defender a los suyos.

—Te prohíbo… —comienza Simone.

—¡Cállate! —le grita la abuela—. Mi nietita no ha dicho más que la verdad.

Simone se molesta y se marcha.

—Escúchame bien, Shannon, no te echo de mi propiedad porque tengo modales, pero si sigues colmando mi paciencia, no me quedará de otra más que mandarte al diablo.

—¡Es una injusticia! —exclama el padre de Shannon.

—Y esta es mi casa. Yo pongo las reglas y digo lo que se hace y lo que no —asegura la abuela—. Si quieren seguir aquí, se comportarán o me veré en la obligación de echarlos y negarles mi apoyo.

Aquello pareció asustar a los padres de Shannon, por lo que bajaron la cabeza y asintieron.

—Vámonos —nos dice Colin a Dara y a mí.

—¡Colin! —grita Shannon con su chillante voz—. ¡No puedes dejarme por esa puta!

Trato de controlarme, pero no puedo. Libero a Dara de mis brazos y, acercándome a Shannon, le doy un fuerte golpe en la cara con el puño de mi mano derecha. Ella queda tan aturdida que cae en la piscina. Sus padres se lanzan para sacarla del agua mientras ella grita y llora.

La abuela abraza a Dara y se la lleva mientras las dos sonríen ampliamente por el golpe que le di a Shannon.

Colin toma mi mano y hala de mí para que nos marchemos. Tomo rápidamente mi vestido y lo sigo por un solitario sendero hasta llegar a las aguas termales.

Besa la mano con la que golpeé a Shannon y me mira.

—¿Estás bien?

—Lo estoy, Colin. Soy una chica ruda.

Él sonríe.

—Lo sé, Emma.

Su mirada se ve triste.

—¿Tú estás bien?

Él entra a las aguas termales, sentándose en una grada dentro del agua. Yo entro y me siento junto a él, disfrutando del agua caliente.

—En realidad no estoy bien. Pensaba que este viaje iba a ser divertido para nosotros. Sabía que Dara estaría feliz contigo y quería que la abuela la pasara bien en su cumpleaños. En lugar de eso… bueno, ya sabes.

—Bueno, aún queda mucho por festejar. Aún podemos divertirnos, aún puedo pasar mucho tiempo con Dara y aún podemos hacer que tu abuela la pase muy bien.

Me mira incrédulo.

—¿Con Shannon aquí?

—Claro que sí. Lo único que debemos hacer es ignorarla y estar pendientes solo de nosotros.

Sonríe.

—¿Crees que podamos?

Yo me pongo de pie delante de él y me quito el sostén. Él mira mis pechos con deseo mientras se pone de pie.

—Yo creo que sí.

Lo abrazo por el cuello y froto mis pezones contra su pecho.

—Me encantas, Emma.

Me quita el panty y yo me deshago de su pantaloneta y lo guío hasta lo más profundo del agua, besándolo con pasión.

—Tú también me encantas.

Colin me levanta y yo le rodeo la cadera con mis piernas.

—Cógeme duro, Colin —susurro contra sus labios—. Olvídate de todo, solo piensa en esto.

Casi al instante, Colin me penetra con fuerza. Yo gimo entre placer y dolor mientras él se pierde en mi cuerpo, mis besos y mis caricias.

—No me dejes, Emma —susurra contra mi cuello, bajando con sus besos hasta mis pezones, sin dejar de penetrarme rudamente una y otra vez.

Yo gimo, dejando caer la cabeza hacia atrás y sin preocuparme de si alguien nos descubre cogiendo en el agua.

—No me dejes —repite.

—No lo haré.

Lo tomo del rostro y lo beso con pasión, sintiendo cómo el orgasmo me golpea con fuerza.

Colin me abraza con ímpetu mientras gruñe, disfrutando de su propio clímax.

Cuando los espasmos de placer desaparecen, nos miramos a los ojos y sonreímos como dos tontos enamorados.

De pronto, las estúpidas mariposas vuelven a revolotear de forma descontrolada en mi estómago, provocándome un enorme y profundo temor.

Estoy perdidamente enamorada de Colin; es ilógico que trate de negarlo o de ignorarlo cuando mis sentimientos solo crecen más y más.

Lo que más me aterra es no saber qué pasará cuando se lo diga, si es que me atrevo a decírselo.

¿Me aceptará o levantará nuevamente sus muros?