Lovely CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

—Sí, sí. Solo son cuentas. El señor Larson ha venido mucho últimamente.

Yo asiento sin decir nada.

—Hoy me ha dicho algo espléndido.

—¿De verdad?

Trato enormemente de no evidenciar mi interés.

—Te quiere todo este fin de semana, desde viernes hasta domingo.

Al parecer, va a alguna reunión familiar y quiere que lo acompañes.

Pagará muchísimo, así que le dije que sí.

Después de todo, tus bailes privados son de él y tus presentaciones en la tarima las pueden hacer otras chicas.

No serán tan buenas como tú, pero así les daré la oportunidad de demostrar si han mejorado.

—De acuerdo.

No sé qué planea Colin, pero confiaré en él y, de paso, aprovecharé este fin de semana para hablar con él sobre esta situación.

—¡Excelente!

Parece complacida con el hecho de que no he puesto ningún “pero”.

—Entonces, el viernes no vengas. Te irás con él en la tarde y regresarás el domingo en la noche, así que al Venus regresarías el lunes.

—Muy bien.

Me pongo de pie, me despido de ella y me marcho.

Regreso al camerino, pues ya realicé mi baile en la tarima y, si Colin no viene para alguno de mis bailes privados, no tengo nada que hacer. Es probable que en cualquier momento Darling me diga que puedo irme a casa.

En ese momento, mi celular comienza a sonar. Veo la pantalla y leo el nombre de Colin. Respondo y espero a que hable.

—Siento haberme ido. Tuve que resolver unos asuntos de trabajo.

—Está bien, no te preocupes.

Guardo silencio unos segundos y luego hablo de nuevo.

—Foxy me llamó a su oficina. Me dijo lo de este fin de semana.

—Quería hablarlo primero contigo, pero ya que tu jefa se acercó a mi mesa, quise decírselo de inmediato.

—¿Y cuál es esa reunión familiar?

—No sé si recuerdas que mi padre te invitó al cumpleaños de mi abuela. Ha estado insistiendo para que vayas. Quiere que la abuela te conozca.

Me sonrojo y me pongo nerviosa.

—De acuerdo…

—Le dije que te preguntaría si querías ir. No pienso presionarte. Entiendo que mi familia es muy difícil de tratar. Si no quieres ir, puedes tomarte esos días para descansar; igual le pagaré a tu jefa.

—Iré.

—¿Segura?

—Sí. De todas formas, hay un tema del que quiero que hablemos, así que dejémoslo para el fin de semana. Será más tranquilo y cómodo.

—De acuerdo.

Continuamos platicando un poco más y luego nos despedimos. Yo me quedo pensativa y asustada. ¿Y si Colin no acepta alejarse del Venus? ¿Qué haré si se niega a tener una relación normal?

—¿Segura que no te falta nada? —me pregunta Babydoll entrando a mi habitación.

—Eso creo. Guardé todo.

Reviso la maleta por tercera vez.

—Parece que sí —asiente Candy, saliendo de mi vestidor con Sugar.

—Todas tus prendas elegantes ya están en la maleta —asegura Sugar.

—No te pongas nerviosa —me pide Babydoll—. Eres una mujer atractiva, exitosa, segura de sí misma y con el suficiente dinero para pagarte tus gustos. No permitas que nadie trate de hacerte sentir menos.

Asiento con la cabeza.

—No se te olvide hablar con Colin —me recuerda Sugar.

—Sí —asiente Candy—. Es importante que regreses con las cosas claras y resueltas.

—Lo haré, chicas. Se los prometo.

Las tres se acercan a mí y me abrazan.

—Te vamos a extrañar —asegura Sugar.

—Yo también las voy a extrañar.

—Llámanos o envíanos mensajes en todo momento para saber cómo estás —me pide Babydoll.

—Y tráenos regalos —me dice Candy.

Todas nos reímos.

—Esa debería ser mi frase —dice Sugar.

—Yo también quiero regalos —asegura Babydoll.

Nos volvemos a reír y seguimos platicando por un rato más.

A las cinco de la tarde ya estoy lista.

Colin me había dicho que por la noche iba a haber una cena, así que me puse un atuendo que consiste en un vestido ajustado, largo hasta las pantorrillas, en color oro rosa, con los hombros descubiertos, mangas largas ajustadas hasta los codos y una abertura que muestra un poco mi pierna izquierda.

Combiné el vestido con unas sandalias de tacón de aguja, accesorios y una bolsa de mano, todo en color plateado.

Me maquillé de forma sutil y arreglé mi cabello en ondas sueltas.

Me estoy perfumando cuando escucho el timbre de la puerta. Sugar abre mi puerta con rapidez.

—Ya llegó —me dice en un susurro—. ¡Te ves regia!

—Gracias.

La miro con cariño antes de tomar mi maleta de viaje y mi bolsa de mano.

Cuando llego a la puerta, Colin está charlando alegremente con Candy y Babydoll. Él viste un elegante traje a la medida en color azul marino. En cuanto me ve, su mirada se ilumina.

—Estás bellísima.

Se acerca a mí y me besa suavemente en los labios.

—Tú estás muy guapo.

—Devuélvenosla sana y salva —le pide Candy.

—Lo prometo. La cuidaré.

—Bien, entonces, ¡diviértanse! —dice Sugar con alegría.

Yo miro a las chicas y sonrío antes de abrazarlas. Ellas corresponden mi abrazo.

—Manténganse en contacto —les pido—. Necesito saber que están bien.

—Lo haremos —asegura Babydoll.

Colin toma mi maleta y salimos del apartamento hacia el elegante auto conducido por Johnson, quien también se ha vestido muy elegante.

—Buenas tardes, señorita Cassidy.

Se asegura de saludarme antes de abrir la cajuela del auto para guardar mi maleta.

—Buenas tardes, Johnson. Qué guapo te ves.

Él se sonroja y sonríe.

—Muchas gracias, usted se ve encantadora.

Le sonrío antes de que Colin me ayude a subir al auto.

—Directo a casa de la abuela, Johnson.

Él asiente antes de subir al auto y comenzar el viaje.

—El viaje es de una hora. Espero que no te aburras.

—¿Contigo? Nunca.

Él sonríe y toma mi mano mientras Johnson conduce con buena música de fondo.

Una hora después, Johnson se detiene frente a un enorme portón vigilado por dos guardaespaldas.

Ellos se acercan y, después de reconocer a Johnson, abren el portón hacia una hermosa propiedad rústica llena de árboles y flores.

—Wow, qué bonito.

—La abuela ama la naturaleza. Se mudó a esta propiedad algunos años después de que murió el abuelo. Dice que vivir aquí le da paz.

—Entiendo por qué lo dice. Es un lugar maravilloso.

Escucho encantada el sonido de las hojas de los árboles y el canto de las aves.

La propiedad está llena de luces colgantes, por lo que todo puede verse perfectamente a pesar de que ya está un poco oscuro.

Johnson se detiene en la entrada de la casa y, de inmediato, varios empleados se acercan para abrirnos la puerta del auto y llevarse las maletas.

—Guarda el auto y ven a cenar con nosotros.

Johnson asiente ante las palabras de Colin y se marcha.

Colin toma mi mano y me guía adentro.

El lugar mantiene el mismo estilo rústico con toques elegantes.

El enorme salón está lleno de personas elegantes que platican mientras beben champán en finas copas.

—¡Cuñadita! —grita Dara a lo lejos.

Ella se acerca presurosa hacia nosotros, levantando la falda de chifón de su hermoso vestido rojo vino.

—¡Estás gloriosa con ese vestido!

—Tú estás preciosa, Dara.

Le sonrío alegremente.

—Hermanito, la abuela te está buscando. Quiere conocer a tu bomboncito.

Colin toma una copa de champán que le ofrece un mesero y se la bebe de un trago.

—No creo que eso te sirva de algo —le dice Dara con burla.

—Tienes razón. Necesito un whisky.

—¿Por qué?

Ante mi pregunta, Dara me mira y sonríe con malicia.

—Oh, ya lo verás.

—¡Colin! —grita una señora acercándose con elegancia hacia nosotros.

—Muy bien, Emma —murmura Colin—. Prepárate. Si quieres irte, solo tienes que decírmelo.

La elegante señora abraza a Colin y después lo revisa de pies a cabeza.

—Mira nada más —dice ella con alegría—. Eres idéntico a tu abuelo cuando lo conocí. Estás tan guapo.

—Tú estás bellísima, abuela.

—Al menos viniste a verme antes de que me muera. ¡Ya nunca me visitas!

Se muestra indignada.

—Sabes que me ocupo de los negocios de la familia. No tengo mucho tiempo libre.

—Bueno, parece que sí tuviste tiempo para conseguir a una muchacha tan encantadora.

Me mira de pies a cabeza.

—Eres una mujer bellísima.

Yo me sonrojo.

—Muchas gracias.

—Abuela, ella es Emma Cassidy. Es…

—Es la novia de Colin, abuela —lo interrumpe Dara.

—Sí, sí, ya me di cuenta —asiente la señora.

—Emma, ella es mi abuela Bianca.

—Es un gusto conocerla.

Le tiendo la mano, pero ella me abraza en su lugar.

—El gusto es mío, muchacha. Te ordeno que me tutees y me llames abuela.

—Yo…

—Lo exijo —reitera.

—De acuerdo, abuela.

—Excelente muchacha, Colin. Es ideal para darme bisnietos.

—Abuela… —comienza Colin.

—No es para nada como la otra. Interesada, fría y calculadora. No entiendo por qué tu madre la invitó a mi cumpleaños.

Siento a Colin tensarse a mi lado.

—¿A qué te refieres, abuela?

Su pregunta sale en un murmullo.

—¿Tú qué crees? —dice Dara.

Señala detrás de nosotros.

Colin y yo nos giramos, encontrándonos con una hermosa y despampanante rubia de ojos claros.

—Hola, Colin —lo saluda ella mirándome con desdén—. Veo que finalmente me superaste.