Lovely CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Toco una y otra vez el botón, aunque sé que no puedo subir sin la tarjeta magnética. Mis manos tiemblan de desesperación. De pronto, el ascensor desciende y, cuando las puertas se abren, me encuentro con Colin frente a mí.

Me ofrece una mano.

—Quédate —dice de nuevo.

Tomo su mano y entro al ascensor. Colin desliza su tarjeta magnética en el lector, pulsa su piso y subimos en silencio.

En cuanto llegamos, Colin me lleva al sofá y ambos nos sentamos.

—Colin…

—No…

Me detiene.

—Deja que yo hable, por favor.

Asiento con la cabeza y espero.

—Emma, yo también tengo miedo. No puedo negar que siento algo especial por ti.

Pero es algo que no quiero tomar a la ligera.

Ya sabes lo que pasó con… bueno, ya sabes.

Desde entonces me volví muy inseguro. No confío en nadie y mucho menos en lo que me dicen, porque sé que en cualquier momento pueden mentirme.

—Colin, lo que te dije es verdad.

—Ese es el asunto, Emma.

Parece sorprendido.

—Yo… te creo, quiero creerte, y eso es algo nuevo para mí.

Le doy un suave apretón a su mano.

—Lo siento —le digo.

—¿Por qué?

—Por complicar las cosas.

Él niega con la cabeza.

—No lo has hecho, te lo prometo.

—Pero los sentimientos no quedan bien en una relación casual.

Él me mira a los ojos y sonríe.

—Entonces supongo que nuestra relación tiene que cambiar a algo más.

Mi corazón se agita emocionado.

—¿De verdad?

Hay inseguridad en mi pregunta.

—Sí, pero poco a poco. Creo que ninguno de los dos está acostumbrado a esto.

Asiento con la cabeza.

—¿Te quedarías esta noche?

—Sí.

—Vamos.

En silencio, lo sigo hasta la habitación. Allí me deshago de las tenis, la chaqueta, el pantalón y la cola de caballo, dejando que mi cabello caiga suelto por debajo de mi busto.

Nos metemos a la cama y nos acostamos de lado, quedando frente a frente. Colin acaricia mi cintura y mi espalda, mientras yo acaricio su rostro.

No sé cuánto tiempo pasa hasta que finalmente nos quedamos dormidos, pero estoy segura de que este momento tan especial se quedará grabado en mi mente y en mi corazón para siempre.

La mañana siguiente me despierto pensando que todo ha sido un sueño, pero ver a Colin a mi lado me demuestra lo contrario.

Acomodo un rebelde mechón de su cabello y entonces él abre los ojos.

—Buenos días, dulzura.

Se acerca a mí y me da un tierno beso en los labios.

—Buenos días, cariño.

Lo miro tímida, avergonzándome de inmediato por haberlo llamado así. Nunca lo había hecho. Su mirada se ilumina y me besa de nuevo.

—Desearía quedarme todo el día contigo en la cama —murmura contra mis labios—, pero debo ir a trabajar.

Lo beso tiernamente y asiento.

—Entiendo. Yo debo ir a casa.

Colin me besa una vez más, se levanta de la cama y se dirige al cuarto de baño. Yo me pongo mi ropa y arreglo la cama antes de salir del dormitorio.

Tomo mi celular y casi me voy de bruces. ¡Apenas son las cinco de la mañana y yo estoy despierta y fuera de la cama!

—¿Tienes hambre? —pregunta Colin saliendo del dormitorio.

—No, yo no…

Mis palabras mueren cuando me doy la vuelta y veo a Colin con un elegante traje a la medida en color vino.

—Wow, estás guapísimo.

Él sonríe.

—Gracias, dulzura. Hoy tengo una reunión importante. Debo verme bien.

—Pues te aseguro que nadie va a apartar la mirada de ti…

Camino alrededor de él y le doy una suave nalgada. Él se ríe y me atrapa entre sus brazos.

—¿Entonces no tienes hambre? —pregunta de nuevo.

Yo niego con la cabeza.

—Es demasiado temprano para mí. Ni siquiera sé cómo estoy levantada a esta hora.

Colin sonríe y asiente con la cabeza.

—Entonces vamos, Johnson nos espera abajo para llevarte a tu casa.

Guardo mi celular y lo sigo al ascensor.

En lo que bajamos, varias mujeres y hombres suben al ascensor; ellas lo miran con interés y ellos con envidia. Yo sonrío disimuladamente mientras me cruzo de brazos, recostada en una esquina.

Entonces, Colin se acerca a mí y me rodea los hombros con un brazo. Yo le rodeo la cintura con mis brazos y lo miro.

—Sí que madrugan en este edificio —murmuro sorprendida al ver el ascensor casi lleno para cuando llegamos al estacionamiento.

—La mayoría trabaja en oficinas o muy lejos —me cuenta sin mucho interés.

—¿Y tú los conoces a todos?

Él niega.

—A ninguno.

Nos acercamos a Johnson, quien abre la puerta de los asientos traseros para que entremos.

—Buenos días, señor Larson, señorita Cassidy.

—Buenos días, Johnson —saluda Colin.

—Buenos días —le digo yo, sonriendo con alegría mientras subimos al auto.

—Primero vamos a dejar a Emma en su casa y después, directo a la oficina.

—Sí, señor.

Johnson cierra la puerta y sube al auto para conducir hasta mi casa.

—¿Cuánto tiempo llevas viviendo en el edificio, Colin?

—Desde que me independicé. Eso fue a los veinte años. Así que han pasado diez años.

—¿Tienes diez años viviendo ahí y no conoces a nadie?

No puedo evitar sorprenderme. Él se encoge de hombros.

—No paso mucho tiempo en casa.

Esa es su escueta respuesta.

—Creo que no eres bueno para relacionarte con los demás.

Él sonríe.

—Me llevo muy bien con Johnson y Edith.

—¿Quién es Edith? —lo miro con curiosidad.

—Es quien me ayuda limpiando mi casa.

Sonrío.

—Es probable que no tengas amigos, ¿verdad?

—Oh, claro que los tengo.

—¿Cuántos?

—Tres.

—Johnson, ¿es cierto?

Este sonríe y asiente sin apartar la mirada del camino.

—Por supuesto, señorita. Se reúnen muy a menudo.

Miro de Johnson a Colin.

—Vaya… interesante.

—No soy tan solitario.

Sonrío de nuevo y lo miro.

—Claro que no. Menos ahora que me tienes a mí.

Él toma mi mano y le da un suave beso.

—Tienes razón, dulzura.

Continuamos platicando hasta que el elegante auto se detiene frente a mi edificio.

—Te llamaré —dice Colin antes de que Johnson abra la puerta.

—Eso espero.

Le doy un beso y bajo del auto.

—Hasta pronto, Johnson.

Él responde mi despedida y yo entro al edificio.

Cuando entro al apartamento, todo está en completo silencio. Las chicas aún duermen, así que entro silenciosa a mi dormitorio, me pongo ropa cómoda y me acuesto a dormir con una gran sonrisa en mi rostro. No sé qué vaya a suceder entre Colin y yo, pero estoy feliz y emocionada.

—¡Vamos! ¡Quiero escucharlos!

Sonrío ante el grito de Cowboy al público.

—¡Todos conmigo! ¡Lovely, Lovely, Lovely!

El público acompaña a Cowboy gritando mi nombre una y otra vez.

Finalmente, subo a la tarima vistiendo un bonito y sexy leotardo en color vino, decorado con pedrería costosa, y unos bellísimos zapatos de stripper en color negro.

—¡Miren nada más la belleza que ha bajado del cielo!

Cowboy me toma de una mano para que yo dé una vuelta. Todos gritan, silban y aplauden.

—Dinos, muñequita, ¿qué baile has preparado para hoy?

Me acerca el micrófono a los labios y yo sonrío.

—Uno especial y…

Todos se quedan en silencio a la espera de que hable.

—Y muy sensual.

Todos gritan y aplauden mientras yo recorro el lugar con la mirada. En la zona VIP me encuentro con la verde mirada de Colin y sonrío. Él me mira con deseo mientras le da un trago a su bebida. Yo sonrío y aparto la mirada.

Han pasado algunos días desde que hablamos sobre tener “algo más”.

Desde entonces, nos hemos comunicado mucho por teléfono y Colin ha venido más seguido al Venus.

Esto último no sé si será porque quiere verme o porque quiere que Foxy lo vea y así no siga con la estúpida idea de dar mis bailes privados ya pagados a otros hombres solo porque él no viene.

—¡No nos hagas esperar más! —exclama Cowboy.

Se aleja de la tarima mientras las luces se apagan y yo me posiciono junto a la barra.

Cuando la sensual música comienza a sonar, doy inicio a mi presentación, realizando sensuales y habilidosos movimientos, girando en la barra una y otra vez.

De pronto, veo a Foxy acercarse a la mesa de Colin. Eso me pone un poco nerviosa, pero no puedo distraerme de mi presentación.

Doy algunos giros más en la barra hasta caer en el suelo con un split, para seguidamente realizar algunos pasos de baile muy sensuales.

Veo a Foxy sentarse y conversar con Colin. Ambos me miran al mismo tiempo y yo aparto la mirada mientras finjo que no los he visto. Sonrío al público y los animo a aplaudir.

Justo antes de terminar mi baile, veo a Foxy levantarse y marcharse a su oficina.

—¡Lovely, Foxy te necesita en su oficina! —dice Darling por el altavoz que está en el camerino que comparto con las chicas.

Ellas me miran curiosas.

—¿Ahora qué te pedirá? —pregunta Babydoll, molesta.

—Probablemente que se mude con Colin —dice Candy con burla.

—O que se case con él —bromea Sugar.

—Solo me están poniendo más nerviosa, chicas.

—¿Te da miedo que descubra lo que Colin y tú tienen? —me pregunta Babydoll.

Asiento con la cabeza.

—Pues dile a Foxy que ya no quieres hacer más esto —sugiere Sugar.

—Y dile a Colin que no venga más al Venus, que corte lazos con Foxy —me dice Candy.

—Solo así podrás tener una relación normal y sin que vivas con miedo a tener problemas con Foxy o a que te despida —concluye Babydoll.

—Lo sé, chicas. Sé que tienen razón, pero primero debo hablar con Colin sobre esto.

—Entonces hazlo —me ordena Babydoll.

—Si no acepta, no es el hombre para ti —comenta Candy, terminando de colocarse unos accesorios en el cabello.

—Es verdad —asiente Sugar—. Él debe pensar en tu bienestar y en lo que es mejor para los dos. Si no lo entiende, mándalo al diablo.

Sonrío y asiento. Ojalá fuera así de fácil.

—De acuerdo, chicas, gracias.

Ellas asienten mientras terminan de prepararse.

Salgo del camerino y subo las escaleras hacia la oficina de Foxy. En mi camino, busco a Colin con la mirada, pero ya no está. Toco la puerta suavemente y después entro.

—¿Me necesitabas? —le pregunto a Foxy.

Ella asiente y me señala una silla para que me siente.

—Tus presentaciones han mejorado muchísimo.

Su mirada está fija en un montón de papeles que tiene en su escritorio.

—Trabajo mucho para hacer bailes variados y sensuales.

Ella asiente con la cabeza.

—Se nota.

—¿Está todo bien?

Trato de observar los papeles, pero ella los recoge rápidamente y los guarda en un cajón.