Lovely CAPÍTULO 5 #3
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CAPÍTULO 5 #3

Colin baja hasta mis pechos y atiende mis pezones, chupándolos y lamiéndolos con pasión.

—Eres perfecta, Emma…

Baja con sus besos hasta llegar a mi ombligo y lo lame.

—Dios, Colin…

Arrugo las sábanas con desesperación.

—Te necesito…

—Pronto.

Abre mis piernas y seguidamente lleva su lengua a mi clítoris. Yo suelto un sonoro gemido mientras me arqueo de placer al sentir su lengua estimulando mi clítoris.

—Colin…

Trato de halarlo hacia mí.

—Necesito que me cojas…

Pero él no obedece, continúa lamiendo y chupando mi clítoris hasta que logra hacerme explotar en un fuerte orgasmo que me hace estremecer.

Cuando me he recuperado un poco, Colin me mira a los ojos. Su mirada está oscura y llena de deseo. No sé cómo pasa, pero mi cuerpo se vuelve a encender casi de inmediato.

—Cógeme, maldición…

Él sonríe y sube sobre mi cuerpo. Me besa con pasión mientras se coloca entre mis piernas y, sin previo aviso, me penetra con fuerza. Yo me quedo sin aliento un par de segundos mientras Colin se mueve muy lento, acostumbrando mi cuerpo a su tamaño.

—Respira, dulzura.

—Colin… vas a volverme loca.

—Esa es la intención.

Y entonces comienza a moverse con ímpetu.

Colin besa mis labios, mi cuello y mis pezones mientras yo acaricio y araño su espalda y sus glúteos. Estamos excitados, llenos de deseo y de pasión.

Yo gimoteo descontroladamente mientras me arqueo bajo su cuerpo.

—Colin…

—Déjate ir, mi amor.

Me besa y casi de inmediato me vengo duro.

—¡Dios!

Gimo extasiada sin poder controlarlo mientras las olas de mi orgasmo me golpean con fuerza una y otra vez.

—Eso es, dulzura…

Colin gruñe y disfruta de mi orgasmo mientras me penetra duro.

Cuando está por llegar a su orgasmo, lo obligo a girar en la cama y lo monto con fuerza.

—Dios, nena…

Me mira excitado mientras sujeta mis caderas.

—Quiero que te vengas duro dentro de mí…

Subo y bajo con rapidez al mismo tiempo que meneo mis caderas para darle más placer. Colin suelta un gruñido y se viene con fuerza dentro de mí, llenándome de su semen.

Cuando se ha recuperado, me levanto con lentitud, dejándolo ver cómo su semen resbala de mi interior hasta caer sobre su cuerpo.

—Eres tan sexy…

Acaricia mis caderas con lentitud sin dejar de mirarme. Yo me inclino hacia él y lo beso en los labios.

—No tanto como tú.

Él sonríe y me acaricia la mejilla.

—Es la primera vez que no utilizo preservativo con una chica —me confiesa.

Mi corazón comienza a latir con fuerza. ¿Significa eso que soy especial? No quiero hacerme ilusiones, se supone que esto es algo casual, pero cada vez se me hace más difícil no involucrar mis sentimientos.

—¿De verdad?

Mi pregunta va acompañada de una estúpida sonrisa.

Él asiente con la cabeza.

—Bueno… yo tomo pastillas, así que si ya no quieres utilizarlos…

—¿Eso estaría bien para ti, Emma?

Yo asiento con la cabeza. Él sonríe.

—Entonces te tomaré la palabra.

Me besa y yo correspondo su beso.

Cuando nos apartamos, el miedo y la inseguridad se apoderan de mí.

Sonrío tímidamente, me levanto, voy por mis cosas tiradas en la sala de estar y me dirijo al cuarto de baño.

Cuando salgo, Colin está sentado a la orilla de la cama, cubriendo su miembro con las sábanas.

—¿Qué pasa, Emma?

Yo lo miro confundida mientras me encojo de hombros.

—Nada. ¿A qué te refieres?

—Te noto extraña.

Yo niego con la cabeza.

—Estoy perfectamente bien.

—Parece que tienes prisa por irte, pero ¿podrías esperar a que me duche?

Yo asiento, pero salgo de su dormitorio y lo espero sentada en un sofá en la sala de estar mientras mis sentimientos y pensamientos confusos me invaden.

Pocos minutos después, Colin sale de su dormitorio vistiendo solamente unos pantalones de chándal.

—Ahora sí.

Se coloca frente a mí.

—¿Qué te pasa, dulzura?

—No sé a qué te refieres, Colin.

—No me mientas. Si es porque no utilicé preservativo, yo… lo siento.

—Claro que no, te dije que no lo usaras si no querías. Eso no me molesta.

—¿Entonces?

Yo suspiro, me pongo de pie y camino hacia el ascensor, teniendo la enorme necesidad de escapar.

—Lo mejor es que me vaya, Colin. Buenas noches.

—No huyas, Emma —dice detrás de mí—. Nunca pensé que fueras una cobarde.

Me detengo frente al ascensor con el corazón casi saliéndose de mi pecho. Me giro y finalmente hablo con honestidad.

—Tengo miedo, Colin.

—¿De qué?

Hace su pregunta sin acercarse a mí, respetando la distancia entre los dos.

—De enamorarme de ti.

—Emma…

Lo detengo.

—Dijiste que querías algo casual porque era más fácil y yo acepté, pero… no sé… creo que he comenzado a desarrollar sentimientos por ti. Sentimientos que no deberían existir en una relación casual. Y lo siento, sé que al decirte esto arruinaré todo entre nosotros, pero debo ser honesta contigo.

Me doy la vuelta, pulso el botón del ascensor y las puertas se abren.

Mis ojos se han llenado de lágrimas y no quiero que Colin me vea así.

—Emma…

No me giro, no puedo hacerlo.

—Yo también tengo miedo, Emma.

Me quedo en shock al escuchar esas palabras. ¿Acaso Colin siente lo mismo por mí?

—Quédate… —susurra.

Pero cuando me doy la vuelta para mirarlo, las puertas del ascensor se cierran.