CAPÍTULO 5 #2
—Bien —dice Theodore—. ¿Qué pizza ordenaremos?
—Pepperoni —propone Dara.
—¿Te gusta el pepperoni? —me pregunta Colin.
Yo asiento con la cabeza.
Cuando el mesero se acerca, Colin pide una pizza grande con pepperoni y gaseosas para todos.
—Bueno, Emma… —comienza Simone cuando ya nos han traído la comida—. ¿Tienes familia?
Aquí viene el interrogatorio.
—No. Mis padres murieron muy jóvenes. Me crio mi abuela, pero lamentablemente falleció hace algunos años.
—Lo siento mucho —dice Theodore.
—Gracias.
—¿Y a qué te dedicas? —continúa Simone.
Yo miro a Colin, no sé si a él le moleste que hable de mi trabajo. Él simplemente sonríe.
—Adelante, dulzura.
Le sonrío de vuelta y hablo con toda la seguridad.
—Soy bailarina de barra.
—Wow —murmura Dara—. ¿De verdad? ¿Haces trucos en el tubo y todo eso?
—¿Y tú cómo sabes lo que hace? —le pregunta su madre.
—Ay, mamá. Hoy en día, las que practican pole dance son muy populares.
Simone la mira con enojo.
—Pero no muy respetables. ¿Así fue como la conociste?
Colin asiente.
—Entré al local en el que trabaja por casualidad. Ella estaba bailando y quedé hechizado.
—Ten cuidado, hijo —le dice su padre—. Esa mirada que tienes fue la que yo tuve cuando conocí a tu madre.
Él se ríe mientras Colin sonríe.
—¿Cuándo es la boda? —pregunta Dara embobada.
Yo me sonrojo.
—¡No exageres, Dara! —exclama su madre—.
Colin tiene dinero y tiene las posibilidades de casarse por amor con quien quiera, pero…
no puedo permitir que mi hijo se case con…
pues con una bailarina de barra. ¿Qué dirían los demás?
Está bien si quieren divertirse, pero espero que esto no pase a más, Colin. No te lo permito.
Theodore niega con la cabeza.
—Deja de decir esas cosas, mi amor. Todo trabajo es respetable.
Colin la mira con frialdad.
—Muchas gracias por la opinión que no te pedí, madre. Pero debo recordarte que es mi vida, no tuya. No puedes prohibirme nada. Además, el trabajo de Emma es un arte, no hay nada de vergüenza en lo que hace, así que te pido que te reserves tus palabras.
Simone parece que quiere explotar, pero al final simplemente asiente con la cabeza.
—Como quieras, hijo.
Yo simplemente sonrío. Nada de lo que ella o cualquier otra persona diga sobre mi trabajo o sobre mí podrá afectarme. Sé lo que soy y lo que valgo.
—Pronto será el cumpleaños de la abuela —comenta Dara para cambiar de tema—. Deberías ir, Emma.
—Oh, no podría…
—Es una estupenda idea —asegura Theodore—. Mi madre estará encantada de conocerte.
—Padre… —comienza Colin.
—No —lo detiene él—. No aceptaré un no por respuesta. Debes llevarla, hijo. Tu abuela estará encantada de conocer a tu novia.
Dara nos mira con malicia.
—Oh, sí que lo estará…
Yo la miro entre confundida y asustada. ¿Qué se traerá entre manos?
Cuando terminamos de comer, todos salimos de la pizzería y nos despedimos.
—Adiós, hijo —dice Simone, dándole un pequeño beso a Colin en la mejilla—. Espero que vengas a vernos pronto.
Se aleja de nosotros y sube a un elegante auto sin ni siquiera mirarme.
—Emma —dice Theodore—. Ha sido un gusto conocerte.
—El gusto ha sido todo mío, señor Larson.
Y lo digo con honestidad. El señor Larson es una persona agradable y muy amistosa, todo lo contrario de su esposa.
—Espero verlos a los dos en el cumpleaños de mi madre.
Se despide de su hijo con un abrazo y sube al auto.
—Adiós, Emma —dice Dara con exagerada tristeza—. Espero verte muy pronto.
Me abraza y yo le correspondo mientras sonrío.
—También yo, Dara.
—Adiós, hermanito.
Pasa de lejos sin despedirse de Colin.
—No creas que hemos terminado nuestra conversación.
Ella sube velozmente al auto y, cuando todos se marchan, Colin me mira.
—Lo siento, Emma. Sé que mi familia es agotadora.
Yo sonrío y lo tomo de la mano.
—Me parecieron encantadores.
—¿Hasta mi madre? —pregunta con burla.
—Bueno… —murmuro sin convicción.
Colin le da un suave apretón a mi mano y ambos nos reímos.
—Lo siento, Colin.
—No te disculpes, mi madre es una mujer muy difícil.
Yo sonrío y asiento.
—¿Vamos a mi casa?
Acaricia con los dedos la palma de mi mano. Mi piel se eriza mientras sus ojos se oscurecen.
—Claro…
Subimos a su auto y Colin me lleva a su casa. Ni siquiera hemos salido del ascensor cuando comenzamos a besarnos con pasión.
Caminamos por la sala de estar sin soltarnos mientras nos desnudamos con rapidez, dejando un camino de prendas en el suelo.
Cuando llegamos a la cama, ya estamos completamente desnudos. Colin me empuja para que caiga sentada en la cama. Quedo a la altura de su pene y, sorprendiéndolo, lo tomo con una mano y lo introduzco en mi boca.
—Ah… mierda, Emma…
Chupo su pene con deseo mientras lo siento crecer todavía más. Él acaricia mi cabello mientras observa con adoración cómo su pene se pierde dentro de mi boca.
—Sigue así, dulzura… no pares…
Está a punto de venirse.
Araño suavemente sus glúteos y lo chupo con más ímpetu, provocando que Colin se estremezca y suelte una maldición antes de venirse muy duro en mi boca. Trago todo su semen y lamo un par de veces su pene antes de que él me tome del rostro y comience a besarme nuevamente.
Se inclina hasta quedar acostado sobre mí y baja con sus labios por mi cuello, lamiendo, besando y mordisqueando suavemente mi piel. Me arqueo bajo su peso mientras acaricio y araño suavemente su espalda.