CAPÍTULO 5
Me miro en el espejo y dejo salir un suspiro. Me cambié como cinco veces y al final me he quedado con un atuendo casual que consiste en una blusa de manga corta, unos jeans ajustados, una chaqueta y unos tenis.
—No sé por qué estoy tan nerviosa…
Me perfumo y pongo desodorante mientras trato de tranquilizarme. Me aseguro por tercera vez de que mi cabello recogido en una cola de caballo alta no se haya despeinado y reviso por décima vez mi maquillaje.
—¡Ya basta, ya basta!
Respiro profundamente y salgo de mi habitación.
—Uy, qué guapa —dice Candy desde el sofá, observándome con aprobación.
Yo sonrío y doy una vuelta.
—¿Está bien esto para ir al cine?
Ella asiente.
—Estás perfecta, nena.
—¡Gracias! —le digo, intentando calmar mis nervios.
Luego miro a mi alrededor.
—¿Y las demás dónde están?
—Salieron —me dice.
Asiento con la cabeza.
—¿Y tú? ¿No sales, Candy?
—Oh, no… prefiero quedarme en casa.
En ese momento, la puerta suena y yo me pongo de pie.
—Debe de ser Colin.
—Que te diviertas, Lovely.
Asiento y me despido con la mano antes de abrir la puerta y salir, encontrando a Colin recostado a la pared.
—Hola —me saluda él.
—Hola, Colin.
—Te ves hermosa.
Me roba un beso y yo sonrío. Lo miro de pies a cabeza, observando su casual atuendo de camisa, chaqueta, jeans y botas con cordones, todo en tonos oscuros.
—Tú te ves muy guapo.
Él sonríe, toma mi mano y entramos al ascensor.
Cuando llegamos afuera de mi edificio, Colin me guía a un costoso auto deportivo. Él abre la puerta y yo subo, sorprendida por el vehículo.
—¿Qué película vamos a ver? —le pregunto cuando él sube al auto.
—Una de zombies.
—¡Me encanta!
Él sonríe y pone el auto en marcha. Escucho el sonido del motor y lo miro.
—¿Esto es seguro?
Él no dice nada, solo sonríe coquetamente.
Observo la película de terror con emoción mientras como palomitas de maíz. Colin, a mi lado, me mira a mí en lugar de ver la película.
—Te pierdes la mejor parte, Colin.
—Tú eres más interesante.
—¿Qué te parece interesante de mí?
Espero a que responda mientras observo cómo los zombies de la película se comen a un hombre.
—Eres segura de ti misma, eres divertida, confiable, sencilla y muy sexy.
Lo miro con el corazón acelerado y sonrío.
—Es lo más romántico que me han dicho durante una película de zombies.
Colin se ríe y yo sonrío. Hubiera querido decirle lo mismo, pero me da miedo involucrarme de más y enamorarme de él. No sería una buena idea.
Nos quedamos en silencio un par de segundos. Yo recorro la sala de cine con la mirada. Es inusual que haya pocas personas un domingo, pero en esta ocasión ha sido una suerte, pues Colin y yo podemos hablar cómodamente sin tener que susurrar.
—Sabes —dice de pronto, con la mirada fija en la película—. Solía ir al cine todos los domingos con mi abuelo y mi padre.
—¿De verdad?
Lo miro atenta, con la cabeza recostada en el respaldo de mi asiento.
—Era como un ritual.
Su sonrisa se agranda y sus ojos brillan con añoranza.
—Nos levantábamos temprano, desayunábamos huevos con tocino y jugo de naranja, nos duchábamos y después íbamos al cine a ver cualquier película que estuviera en estreno.
Se queda en silencio unos segundos. Parece que sus recuerdos lo han invadido.
—Cuando Dara nació, la traíamos para que fuera acostumbrándose a nuestros domingos de cine. Por desgracia, mi abuelo enfermó cuando Dara apenas tenía cuatro años. Murió pocos meses después y nuestros domingos de cine se acabaron.
—Lo siento mucho, Colin. Debes de extrañarlo mucho.
Él asiente con la cabeza.
—Le detectaron cáncer de estómago demasiado tarde. No vivió mucho.
Lo miro con tristeza.
—Debió ser muy duro para todos.
—Lo fue. Lo peor de todo es que a mi padre se le detectó el mismo cáncer hace unos meses.
Lo miro sorprendida.
—Por suerte se detectó a tiempo, pero ya no es el mismo.
Se queda en silencio un par de segundos y luego vuelve a hablar.
—Mi bisabuelo murió del mismo tipo de cáncer. Es muy probable que yo…
Lo tomo de la mano y le doy un apretón.
—No pienses esas cosas. No sabemos lo que pasará mañana. Hoy podemos temer enfermarnos y mañana un auto puede matarnos. No es justo vivir con miedos.
Me mira a los ojos. Hay temor en ellos.
—Debes vivir feliz y plenamente cada día. Haz que valga la pena y no pienses en el mañana, no sabemos lo que nos deparará el destino.
—Gracias por tus palabras, Emma.
Le da un suave beso a mi mano y yo le acaricio la mejilla suavemente antes de que Colin se incline hacia mí y me bese con dulzura en los labios.
Cuando la película termina, Colin me lleva a La Pizzería Di Carlo, la que en el camino me dijo que era su pizzería favorita desde que era niño.
Cuando entramos, me encuentro con un agradable y sencillo lugar con un estilo rústico.
Un hombre sale de lo que parece ser la cocina y, en cuanto ve a Colin, sonríe alegremente y se acerca a nosotros.
—¡Colin! ¡Benvenuto!
—¡Carlo!
Colin sonríe y le da un abrazo. Ambos empiezan a hablar en un perfecto italiano.
Carlo es un hombre alto y fornido, tiene el cabello canoso y una enorme sonrisa contagiosa. Ambos me vuelven a ver y Carlo comienza a decirle a Colin un montón de cosas mientras ambos ríen.
—Carlo, questa è la mia amica Emma.
Carlo toma mi mano y la besa con adoración.
—Bella Emma.
Colin me mira y sonríe.
—Emma, él es Carlo, propietario de la pizzería y viejo amigo de la familia.
—No soy tan viejo —responde Carlo con su notable acento italiano.
Yo sonrío.
—Mucho gusto, Carlo.
—Colin, tienes que decirme de dónde has sacado a esta bella ragazza. Quiero una igual para mí.
Yo me sonrojo mientras Colin sonríe y le palmea suavemente un hombro a Carlo.
—Lo siento, Carlo. No hay otra como Emma.
—Aquí huele a amore —murmura Carlo.
—A mí me huele a pizza quemada —dice Colin en broma.
—¡Mai!
El grito en italiano de Carlo sorprende a los clientes, quienes lo miran mientras él sale corriendo hacia la cocina.
Yo sonrío.
—Eres malo, Colin.
Él también sonríe. Luego toma mi mano y me guía a una mesa con vista al parque.
Ambos tomamos los pequeños menús que están en la mesa y los leemos rápidamente.
—¿Qué pizza te gustaría, Emma?
—Bueno…
—¡Pero qué maravillosa coincidencia! —exclama una voz a lo lejos.
Colin me mira y suspira con pesar antes de que ambos dirijamos nuestras miradas hacia la puerta de la entrada, donde está Dara con un hombre y una mujer de mediana edad.
Ambos tienen el cabello castaño, ella más claro que él, y los dos tienen los ojos de color verde.
Mi corazón se acelera al darme cuenta de que son los padres de Colin y Dara.
Dara corre hacia nosotros y me abraza con fuerza.
—Cuñadita.
—Dara…
Colin la mira con enojo, pero ella lo ignora.
—Mamá, papá, vengan, sentémonos aquí con la novia de Colin.
Él se lleva una mano al rostro con exasperación mientras yo me quedo muda.
—Dara, no hagas escándalos —dice la elegante señora acercándose con su esposo a nuestra mesa—. Hijo…
Ella lo mira con tristeza.
—Ni siquiera fuiste a visitarnos cuando regresamos a casa.
—Lo siento, madre, estaba ocupado.
Ella me mira con frialdad.
—Sí, ya veo.
—No empieces, Simone —le dice el hombre, mirándome con una tierna sonrisa mientras me tiende una mano.
—Theodore Larson.
Su nombre suena tan imponente como el de Colin. Tomo su mano y lo saludo con timidez.
—Mucho gusto, señor Larson. Soy Emma Cassidy.
—El gusto es mío, muchacha. Llámame Theodore.
Ni loca lo llamaré por su nombre; si lo hago, es probable que su esposa me despelleje viva.
—Ya que estamos aquí, sentémonos juntos —propone Dara.
Como el asiento es circular, Dara me empuja para sentarse a mi lado, Colin se mueve hasta quedar a mi otro lado y sus padres se sientan junto a él.
—Bueno, ¿ya ordenaron? —pregunta el señor Larson.
—¿Puedes comer pizza? —le pregunta Colin preocupado.
Theodore lo mira con calidez y sonríe.
—Puedo comer todo lo que quiera, hijo.
—¿Qué significa eso? —pregunta Colin.
—Después hablaremos del tema —dice su madre con frialdad.
En ese momento, Carlo sale de la cocina y, en cuanto ve a los padres de Colin, los tres se ponen a charlar animadamente.
Colin mira a Dara con recelo.
—Explícame por qué “coincidimos” aquí.
Dara se sonroja.
—Bueno… puede que accidentalmente yo haya escuchado su conversación en la tienda de vestidos. A lo mejor revisé qué tiquetes compraste para el cine y puede que supiera que esta es tu pizzería favorita, así que tal vez calculé el tiempo para encontrarnos.
Colin suelta una maldición. De pronto se ve agotado.
—¿Por qué hiciste eso, Dara? —le pregunto.
—Quería verte de nuevo, Emma. Yo… la verdad es que no tengo amigas. Todas piensan que soy una estirada por llevar el apellido Larson, así que ni siquiera me dan la oportunidad de demostrarles que soy una buena persona. Tú me caíste muy bien y pensé que podríamos ser amigas.
Colin niega con la cabeza.
—No debiste revisar mis cosas.
—¿Por qué? —pregunta Dara con burla—. ¿Escondes cochinadas?
Yo no puedo evitar sonreír discretamente ante el comentario.
—No está bien lo que hiciste, Dara —continúa Colin—. Te prohibiré la entrada a mi casa.
—¿Qué? —grita molesta—. ¡No seas ridículo!
—¡Dara! —la reprenden sus padres.
—Respeta a tu hermano —le ordena su madre.
Dara suspira.
—Bien, lo siento.
Se escucha molesta.
—Claro que seré tu amiga —le susurro a Dara para que nadie nos escuche.
—¿De verdad? —me pregunta ella en el mismo tono.
—Sí, pero debes prometerme que no revisarás las cosas de tu hermano. Son su privacidad.
Dara se sonroja y asiente.
—Lo prometo.
—Bien. Dame tu celular.
Ella lo saca de su elegante y moderna bolsa de mano. Yo guardo mi número en sus contactos y se lo entrego.
—Siempre que quieras hablar o que te sientas sola, llámame. Podremos hablar o salir a divertirnos.
—Gracias, Emma.
Me abraza con fuerza. Colin y sus padres nos miran mientras Carlo se marcha para enviar a un mesero.
Su madre la reprende con la mirada.
—Dara, no abraces a extraños.
—Emma es mi amiga, no es ninguna extraña.
Yo le rodeo los hombros con un brazo y asiento.
—Somos muy buenas amigas.
Miro a Colin, quien niega con la cabeza, pero finalmente sonríe.