CAPÍTULO 4 #3
Colin se coloca detrás de mí, aplastándome con su cuerpo.
—No me lleves la contraria, Emma.
Yo sujeto algunos vestidos con fuerza mientras suelto un jadeo al escucharlo susurrar contra mi oído.
—Podría castigarte como la otra vez.
—Me gustó el castigo, pero no me gustó cómo terminó.
Él se ríe.
—¿Te tocaste? ¿Tuviste un orgasmo?
Niego con la cabeza.
—Ni siquiera lo intenté. No hubiera sido lo mismo.
—Te quedaste con las ganas, entonces.
Muerde suavemente el lóbulo de mi oreja, provocando un estremecimiento en todo mi cuerpo.
—¿Y desde ese día no te has tocado ni una sola vez?
Niego con la cabeza.
—Eso me complace…
Gimo mientras me restriego contra su pene endurecido.
—Colin… te necesito tanto…
Él baja con una de sus manos por mi vientre y cuando está por llegar a mi vagina, las voces de las dependientes se escuchan cerca, por lo que nos separamos.
Elijo un lindo vestido ajustado en color negro, de hombros caídos y una abertura que deja a la vista una pierna hasta la altura del muslo.
—¡Ese vestido es glorioso! —exclama Dara detrás de nosotros.
Colin mira el vestido que elegí y luego me mira a los ojos. Yo arqueo una ceja y él suspira.
—Ese se te vería muy bonito.
Dara aplaude mientras salta y luego se lanza sobre mí y me abraza.
—¡Gracias, gracias!
Toma el vestido y se dirige a los vestidores. Yo miro a Colin con una sonrisa.
—Al menos el escote no es pronunciado y no deja a la vista su espalda.
Se nota el enojo en sus palabras.
—¿Qué hay de la pierna? —le pregunto con burla.
—Solo es una pierna…
Yo me río y él no puede evitar sonreír. Luego ambos regresamos al sofá a esperar a que Dara salga del vestidor.
Colin me mira.
—¿Vas a decirme qué te tenía tan molesta?
Yo suspiro.
—Foxy… me dijo que tú habías pagado por todos mis bailes, pero que nunca ibas al Venus, así que dijo que bailara para otros hombres si tú no ibas, para tener dinero extra.
La mirada de Colin se vuelve fría mientras mira hacia otro lado.
—¿Colin?
—Tu jefa me escuchará.
—No puedes decirle. Sabrá que te lo conté y sospechará de nosotros.
—No me importa.
—A mí sí me importa, Colin. Es mi trabajo.
Él suspira y asiente.
—Bien. Pero hablaré con ella de todas formas. Le haré saber lo que pasará si trata de jugar conmigo.
No me parece buena idea, pero sé que nada lo hará cambiar de opinión.
—De acuerdo, Colin…
Él suaviza su mirada y me acaricia una mejilla.
—Iré mañana a verte.
—Mañana es mi día libre.
Sonríe.
—Mejor aún. Pasa tu domingo conmigo.
—¿No tienes que trabajar?
Se encoge de hombros.
—No me vendría mal un día de descanso.
Señala el vestidor con lo que parece ser irritación y mucho cansancio.
—Mis padres se fueron de viaje por una semana y Dara se ha estado quedando en mi casa porque no le gusta quedarse sola en una casa llena de empleados que la consienten en todo.
Me río debido a su sarcasmo.
—Es una de las razones por las que no he podido estar pendiente de ti. Así que, como te dije, te lo recompensaré. Salgamos mañana.
—De acuerdo. ¿A dónde?
—¿Te gusta la pizza?
Asiento con la cabeza.
—Me encanta la pizza.
—Conozco una buena pizzería italiana. Podríamos ir ahí después de ir al cine.
Lo miro sorprendida.
—¿Al cine? Eso suena como una cita.
—¿Sería tan malo si lo fuera?
Mi corazón se acelera y trato de tranquilizarme y de ocultar mi emoción.
—No, pero dijiste que querías algo casual.
—Sí. Pero podemos hacer otras cosas además del sexo, si estás de acuerdo.
—Sí, por supuesto. Me encantaría tener una cita contigo.
—Pasaré por ti a la una de la tarde, ¿de acuerdo?
Asiento con la cabeza.
—Esperaré con ansias, Colin.
Él sonríe y me acaricia una mejilla antes de darme un corto y dulce beso en los labios. Yo correspondo su beso y, cuando nos apartamos, lo miro a los ojos y también sonrío.
—Yo también esperaré nuestra cita de mañana con muchas ansias.
Ante sus palabras, no puedo evitar sonrojarme. Es como si Colin siempre supiera qué decir o hacer para que mi estómago revolotee con miles de mariposas.
Justo cuando termina de hablar, Dara sale del vestidor.
—¡Es maravilloso! Este es mi vestido, lo siento en mis entrañas. ¡Les juro que no quiero ni quitármelo! ¡Desearía traerlo puesto todos los días de mi vida!
—No exageres —pide Colin.
—Se te ve espectacular, Dara —aseguro.
Dara gira de un lado para otro, encantada.
—Tengo que agradecértelo a ti, Emma. ¡Tú encontraste esta maravilla de vestido!
Le sonrío y luego Dara mira a Colin esperando su aprobación. Colin pone los ojos en blanco y suspira mientras asiente con la cabeza.
—Se te ve muy bien.
Dara grita, aplaude y da vueltas por el lugar, encantada con su vestido. Yo miro a Colin y le sonrío con ternura. Él suspira, niega con la cabeza y finalmente sonríe sin poder evitarlo.
Luego de eso, mira a Dara y frunce el ceño.
—Paguemos ese vestido y salgamos de este maldito lugar, por favor.
Dara asiente con la cabeza y se marcha al vestidor a cambiarse, mientras Colin paga por el vestido.
Cuando finalmente salimos de la tienda, me despido de los dos y me marcho a casa, deseosa de que sea mañana para tener una cita con Colin.