Lovely CAPÍTULO 3 #3
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CAPÍTULO 3 #3

Boris asiente.

—Sin comida y sin tienda. Mi cuadrilla se molestó mucho esa noche. Tuvimos que dormir a la intemperie, con lluvia y muertos de hambre.

—No puede ser… —murmura Babydoll entre risas.

—En realidad no fue mi culpa, la tienda era de mala calidad, por eso se incendió tan rápido; si no, estoy seguro de que habría podido apagar el fuego sin problema.

Ni Boris se cree sus palabras. Todos nos reímos a carcajadas. Boris estuvo en el ejército y, aunque hay mucho de lo que no puede hablar, siempre tiene alguna historia divertida para contarnos.

—¿Cómo está tu madre? —le pregunto cuando ya nos hemos repuesto. Él sonríe.

—Está muy bien, afortunadamente.

—¿Todavía te presiona para que te cases? —le pregunta Sugar con picardía.

—¿Es una propuesta? —le pregunta él, inclinándose hacia ella.

Sugar se sonroja y se ríe.

—Cálmate o no respondo.

Boris ríe ante las palabras de Sugar y le despeina el cabello con cariño. Nos trata como si fuéramos sus hermanas menores, aunque disfruta molestarnos.

—Insiste en que no piensa morirse hasta verme en el altar —cuenta Boris—. Yo, en el altar. Cómo no…

—Nunca digas nunca, Boris —dice Candy—. Cuando llegue la indicada, caerás rendido a sus pies.

Boris sonríe.

—Estoy muy cerca de los cuarenta. Creo que ya pasó mi tiempo.

—La edad solo es un número, Boris. Lo importante es cómo te sientas y qué quieras. Te mereces ser feliz y eso es lo único que debe importar.

Boris sonríe agradecido ante mi comentario y asiente con la cabeza.

Continuamos desayunando entre agradables pláticas y risas hasta que el desayuno se acaba y Boris se levanta para marcharse.

—El desayuno estuvo delicioso, muchas gracias.

—Sabes que eres bienvenido aquí —le dice Babydoll—. Ven cuando quieras.

Sugar lo abraza de la cintura y lo mira con tristeza.

—No te vayas. Me gusta el olor de hombre en nuestra casa.

Boris le acaricia la espalda y sonríe.

—La próxima vez yo las invitaré a desayunar a mi casa —asegura él.

—Siempre y cuando no incendies la casa —comenta Sugar.

Boris sonríe y niega con la cabeza.

—Les prometo que no me acercaré a la cocina.

—Estaremos encantadas de ir a tu casa —asegura Babydoll.

—Además, hace mucho no charlamos con tu madre —finaliza Candy.

Boris asiente, le da a Sugar un beso en la frente y extiende los brazos para que nos acerquemos. Candy, Babydoll y yo nos acercamos y nos damos un abrazo grupal, aplastando a Sugar.

—¡Jesucristo! —exclama ella—. ¡Me van a hacer tortilla!

Todos nos reímos y luego nos separamos. Boris se despide y se marcha.

—Muy bien —dice Babydoll—. Yo recogeré los platos.

—Yo te ayudo —le digo.

—Entonces yo los lavaré —dice Candy.

—Y yo los secaré y los guardaré —finaliza Sugar.

Siempre hemos sido muy responsables con el orden y limpieza de los lugares que compartimos, como la sala de estar, el comedor, la cocina y demás. Realizamos nuestros deberes con rapidez y gran habilidad, haciendo incluso un poco de limpieza general en el comedor, la cocina y la sala de estar.

Justo cuando terminamos, unos golpecitos suenan en la puerta. Todas miramos la puerta con curiosidad y luego nos miramos entre nosotras un poco confundidas. Nunca tenemos visitas, a no ser que nosotras mismas invitemos a alguien, y eso no pasa mucho.

—¿Esperamos a alguien más? —pregunta Sugar.

Nos miramos un par de segundos y luego todas negamos con la cabeza.

—A lo mejor es Boris. Tal vez se le quedó algo —comenta Candy.

—Abre tú, Lovely —me pide Babydoll mientras ella termina de acomodar las sillas del comedor.

—¿Boris? —digo mientras me acerco a la puerta a abrir con una enorme sonrisa—. ¿Se te olvidó algo?

En cuanto abro la puerta, me encuentro con la verde y profunda mirada de Colin. Mi sonrisa se borra y en cambio es reemplazada por un gesto de sorpresa.

—Colin…

Se ve guapísimo con su elegante traje en color gris.

—Hola, Emma.

Recorre mi cuerpo con su mirada, notando que está cubierto con nada más que un short y un crop top de manga corta en tonos rosados. Su presencia y su seguridad me dejan, como en muchas ocasiones, congelada sin saber qué hacer o qué decir.

No sé si saludarlo, si invitarlo a entrar o si preguntarle qué hace aquí sin haberme avisado nada. Tampoco sé qué pensarán o harán las chicas cuando vean a Colin aquí.

—¿Quién es Boris y por qué estaba en tu casa?

Su pregunta, acompañada de su mirada llena de enojo, me saca de mis pensamientos. El nerviosismo me invade. De pronto, me siento como una niña regañada que hizo algo mal. Mis manos comienzan a sudar mientras Colin se mantiene ahí, tranquilo y molesto, esperando a que yo responda su pregunta.

Desearía huir, cerrarle la puerta en la cara, correr a mi habitación y ocultarme bajo las sábanas de mi cama.

¿Pero qué sentido tendría? Lo poco que conozco a Colin es más que suficiente para saber que derribaría cualquier puerta con tal de obtener una respuesta a la pregunta que ha hecho y que yo aún no he respondido.

Suelta un suspiro y luego enarca una ceja.

Dios santo… ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Cómo es que llegué a esta situación?