CAPÍTULO 3 #2
—Bueno, descubrí que ella nunca me había querido.
Al igual que mi madre, ella solo quería estar conmigo por el dinero.
Así que terminé la relación. Después de eso, solo tuve parejas casuales sin compromisos.
Era más fácil saber que solo nos veríamos para coger y que no habría sentimientos de por medio.
—Eso es un poco frío, Colin.
Él amasa mis pechos y luego baja con una mano hasta mi vagina.
—Es lo que tú y yo mantendremos hasta que queramos, Emma. ¿Te parece que es algo frío?
Pellizca suavemente mi clítoris, sacándome un gemido mientras me sujeto con fuerza de los lados de la tina.
—Bueno… yo…
Vuelve a pellizcar mi clítoris, dejándome sin palabras.
—Dios…
—¿Alguna vez has cogido en el agua?
Niego con la cabeza mientras mis caderas comienzan a moverse involuntariamente contra su mano.
—Date la vuelta y móntame, Emma. Date placer conmigo.
Me doy vuelta en la tina y me siento a horcajadas sobre sus piernas. Su pene duro toca peligrosamente mi entrada, provocando que me arquee.
—Hazlo tú, Emma —dice mirándome a los ojos—. Cógeme tú a mí.
Hay algo muy erótico en sus palabras. Quizás el hecho de tener el control o el poder hacerlo mío.
Acaricio su rostro, bajando lentamente mis manos por su cuello y su pecho.
Lo beso en los labios con pasión y deseo mientras tomo su pene con una mano y lo acaricio de arriba hacia abajo hasta escucharlo jadear contra mi boca.
Coloco su pene en mi entrada y me dejo caer lenta y dolorosamente mientras lo miro a los ojos. Aquello es tan íntimo, tan caliente… me excito de inmediato, comenzando a montarlo lentamente al principio, moviéndome de arriba hacia abajo y de adelante hacia atrás.
Colin mantiene su mirada en mí, observando el movimiento de mi cuerpo y las expresiones de placer en mi rostro.
—Eres tan sexy, Emma.
Yo lo beso de nuevo mientras tomo sus manos y las llevo a mis pechos para que los amase y atienda mis pezones.
—Tus pezones son tan sensibles…
Baja con su boca por mi cuello hasta llegar a un pezón y chuparlo sonoramente antes de morderlo con suavidad. Gimo con fuerza mientras mis caderas aumentan los movimientos, montándolo más duro y más intenso.
—Sigue moviéndote así, nena.
—Dios, Colin… estoy tan cerca…
El agua comienza a agitarse hasta salirse de la tina debido a mis fuertes movimientos. Siento cómo el agua caliente choca contra mi piel, erizándola y provocando más placer.
—Hazlo, dulzura… vente duro para mí.
Sus palabras detonan un duro orgasmo que me golpea con fuerza, haciéndome gritar y contraerme.
—Mierda… —gruñe él, viniéndose poco después y alargando mi propio orgasmo con sus duras embestidas.
Caigo sin fuerza sobre el pecho de Colin, hundiendo mi rostro en su cuello mientras él me sujeta y acaricia suavemente.
Luego de aquel ardiente sexo, Colin y yo lavamos nuestros cuerpos entre besos y caricias.
Colin me pone los zapatos de tacón luego de besar mis pies y me entrega mi bolsa de mano.
—Johnson te espera en el estacionamiento.
Me ayuda a levantarme del sofá, me toma de la cintura y me besa.
—De acuerdo.
Me libera, me toma de la mano y me lleva al ascensor, donde toca el botón para el estacionamiento subterráneo y esperamos a que las puertas se abran.
Yo lo miro de reojo mientras esperamos. Solo trae puestos unos pantalones de chándal en color negro. Se ve muy ardiente.
—Si sigues mirándome así, no te dejaré ir.
Yo aparto la mirada mientras sonrío.
—¿Volveremos a vernos? —le pregunto.
—Por supuesto. Aún no he tenido suficiente de ti.
—Tampoco yo.
Él me mira y sonríe de forma muy sexy.
—Te llamaré, dulzura.
En ese momento, las puertas del ascensor se abren. Yo entro y me giro para mirarlo.
—Espero que lo hagas pronto, Colin. Si no, tendré que hacerlo yo.
—Eso me encantaría.
Yo sonrío.
—Soñaré contigo esta noche… estoy segura de que en mis sueños me cogerás igual de bien.
Su mirada se oscurece y, justo cuando está por entrar al ascensor, las puertas se cierran.
En cuanto abro la puerta, las chicas se levantan del sofá y se acercan a mí presurosas.
—¿Cómo te fue? —me pregunta Candy preocupada.
—Darling nos contó lo de tu trabajo de esta noche —comenta Sugar.
—¿Por qué no nos contaste? —me pregunta ahora Babydoll.
—Pensé que estarían dormidas…
Observo el reloj que cuelga en una pared y las miro sorprendida.
—Chicas… son las tres de la madrugada.
—¡Habla! —me gritan las tres al mismo tiempo.
Me llevan al sofá y nos sentamos.
—¿Quién es el tipo? —pregunta Babydoll.
—¿Lo hemos visto en el Venus? —pregunta Candy.
—¿Está bueno? —pregunta Sugar.
—Sí, sí y sí.
—¡¿QUÉ?! —me gritan.
—Está buenísimo…
Dejo que los recuerdos me invadan mientras suspiro encantada.
—Espera, espera, espera —dice Sugar poniéndose de pie—. Yo conozco esa mirada.
Candy, Babydoll y yo la miramos a la espera de que hable.
—Mírenla, chicas, tiene ese brillito en los ojos que dice “me cogieron bien”.
—Mierda, es verdad —asiente Candy con picardía mientras Sugar vuelve a sentarse.
—¿Permitiste que tu cliente te cogiera? —me pregunta Babydoll sorprendida.
—Yo diría que fue algo recíproco.
Suelto una risita mientras me ruborizo.
—A ver, Lovely. Explícanos TODO —ordena Sugar.
Les cuento a las chicas sobre Colin, sobre cómo lo conocí, quién es él, el deseo y la atracción que sentía cada vez que nos veíamos. Les hablo también sobre nuestro encuentro en el camerino y en el salón privado y, por último, les cuento sobre su propuesta de mantener algo casual.
—Así que es aquel ardiente hombre que vimos en el camerino —comenta Sugar.
—¿Qué hay de Foxy? —pregunta Candy.
—Bueno, ella piensa que solo voy a acompañar a Colin y a bailar para él.
—Eso no tiene sentido —comenta Babydoll—. Somos bailarinas de barra, no acompañantes.
Yo me encojo de hombros.
—En cuanto ella supo quién era él, estuvo decidida a darle lo que quisiera con tal de obtener dinero. Ya saben cómo es.
—Qué perra —murmura Sugar—. De lo que es capaz por dinero…
—Les juro que nunca había hecho esto antes, chicas. Colin… él es… no sé, diferente. Me gusta mucho.
—Bueno… —dice Candy—. No veo que esto le haga daño a nadie, así que haz lo que creas mejor. Sabes que siempre te apoyaremos.
—Pero no vayas a involucrar tus sentimientos —me recuerda Sugar.
—Es verdad —asiente Babydoll—. Después de todo, él te propuso algo casual, no bajarte la luna y las estrellas ni profesar su amor por ti.
—No lo haré. Sé que esto es algo meramente carnal y así lo mantendré.
Ni siquiera yo me creí esas palabras cuando las pronuncié. Era demasiado fácil llegar a enamorarse de Colin.
—¿Por qué no nos contaste nada? —pregunta Sugar ofendida.
—Pensaba hacerlo mañana. No quería contarles si al final no pasaba nada entre nosotros. Era preocuparlas sin razón.
—De ahora en adelante, nos contarás todo —ordena Candy—. Somos hermanas, una familia. Debemos apoyarnos y no ocultarnos cosas.
—De acuerdo.
Todas nos abrazamos mientras reímos.
—Bueno —dice Babydoll mientras todas nos levantamos del sofá—. Es hora de ir a descansar.
—Mañana vendrá Boris.
Se los menciono antes de que cada una entre a su habitación.
—Lo invité a desayunar. Se veía muy estresado por el trabajo.
—Ya oyeron —dice Sugar—. Lleven esos traseros a la cama que mañana viene un HOMbrE a nuestra casa.
Todas nos reímos y nos vamos a acostar.
Ya con mi pijama y sin una gota de maquillaje en mi rostro, me acuesto en la cama con un suspiro de satisfacción y me cubro con las sábanas mientras busco una posición cómoda.
Cuando estoy por quedarme dormida, mi celular suena con un mensaje. Tomo el celular y lo leo.
Colin
También soñaré contigo.
3:43 a.m.
Sonrío como una tonta adolescente enamorada mientras le respondo.
Emma
No esperaba menos.
3:44 a.m.
Colin
Buenas noches, dulzura. Descansa.
3:46 a.m.
Emma
Tú también, buenas noches.
3:47 a.m.
Después de eso, dejo el celular en mi mesita de noche y me quedo dormida casi de inmediato, soñando toda la noche con los apasionados besos, las sensuales caricias y las ardientes palabras de Colin, deseando repetir ese sueño todas las noches.
La mañana siguiente, nos encontramos sentadas a la mesa con Boris disfrutando de un delicioso desayuno que consta de huevos revueltos, tocino, pan tostado, fruta, café y jugo de naranja.
—¿De verdad incendiaste la tienda de campaña? —le pregunta Candy a Boris mientras todos nos reímos.
—No sabía que el hornillo estuviera tan cerca de la tienda. El fuego simplemente comenzó a expandirse. Todos corrían como locos —asegura Boris.
Nos reímos sin poder creerlo.
—¿Entonces se quedaron sin comer esa noche? —le pregunta Sugar.