Lovely CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

El auto se detiene en el enorme estacionamiento subterráneo del edificio en el que vive Colin. Bajamos del vehículo y Colin mira a su chofer, quien se acerca para recibir órdenes.

—Te llamaré más tarde para que la lleves a su casa.

Johnson asiente con la cabeza.

—Como ordene, señor.

Hace una pequeña reverencia antes de subir de nuevo al auto y marcharse.

—Vamos.

Colin me toma de la mano y me dirige al ascensor. Ahí desliza una tarjeta magnética en el lector; de inmediato, el botón del último piso se ilumina y él lo presiona justo antes de que las puertas se cierren.

—¿Vives en el último piso?

Él asiente como si fuera algo muy normal.

—¿En el penthouse?

Asiente de nuevo.

—Qué predecible de un multimillonario.

Sonríe mientras acaricia mi espalda con una mano.

—Me gusta la privacidad… y la buena vista.

Lo último lo murmura contra mi cuello, provocando que su cálido aliento acaricie mi piel, enviando escalofríos a todo mi cuerpo.

—Allá arriba nadie nos escuchará.

Lo miro a través de los espejos de las puertas. Él se coloca detrás de mí y acaricia sensualmente una de mis piernas. Su mano sigue subiendo hasta ocultarse bajo mi vestido y justo cuando está por llegar a mi panty, las puertas del ascensor se abren.

—Llegamos.

Se aparta de mí como si nada hubiera pasado y entra a su inmensa guarida. Yo entro con cautela observando el lugar. El penthouse tiene un concepto abierto, todos los muebles y las decoraciones son elegantes y masculinas.

—Este lugar es enorme —comento con asombro—. ¿No te sientes solo?

—No ahora que tú estás aquí.

Se quita el saco y la corbata. Se sienta en un sofá y me mira de pies a cabeza.

—¿Vas a quedarte ahí, dulzura?

Su pregunta suena burlona. Piensa que le temo.

Dejo mi bolsa en una mesa, me quito los zapatos de tacón y camino hacia él.

—Pon algo de música —le pido—. Quiero bailar para ti.

Él toma un pequeño control de una mesita al lado del sofá y oprime un botón. Inmediatamente, una canción sensual y rítmica comienza a sonar en toda la estancia.

Muevo mis caderas al ritmo de la música mientras acaricio mi cuerpo con las manos. Colin se acomoda en el sofá sin perder uno solo de mis movimientos.

Yo me giro, dándole la espalda y me inclino hacia adelante hasta tocar mis pies, permitiéndole ver el inicio de mis glúteos. Lo escucho maldecir y sonrío mientras subo lentamente, acariciando mis piernas hasta levantar un poco mi vestido.

Luego de eso, me doy la vuelta y lo sorprendo subiendo a horcajadas sobre sus piernas. Muevo mis caderas haciendo fricción entre su ya duro pene y mi dolorido clítoris.

Llevo las manos a mi cabello sin dejar de moverme y entonces siento sus manos sobre mí. Acaricia mis piernas y sube hasta mis glúteos, donde los oprime con fuerza. Luego sube las manos por mi espalda y la araña suavemente antes de llevar sus manos a mis pechos y amasarlos.

Mis pezones se endurecen, sobresaliendo de la tela del vestido. Colin lleva sus labios a uno de mis pezones y lo chupa, humedeciendo esa zona del vestido.

—Colin… —jadeo mirándolo—. Necesito sentirte.

Él coloca su mano en mi cuello y hala de mí para besarme. El beso es apasionado y duro mientras yo sigo moviendo mis caderas.

—Levanta los brazos.

Obedezco su orden mientras Colin toma los bordes del vestido, subiéndolo lentamente por mi cuerpo hasta quitármelo y dejarme nada más con mi panty.

Colin observa mis pechos con deseo y yo me arqueo, acercándolos más a su rostro. Él me mira a los ojos mientras lleva sus manos a mis pezones y comienza a pellizcarlos suavemente.

—Tienes unos pechos increíbles, nena.

Para este momento, mi panty ya se encuentra completamente empapada de lo excitada que estoy.

—Chúpame los pezones, por favor…

Él acerca su boca a uno de mis pezones y lo lame lenta y dolorosamente. Suelto un gemido mientras me sujeto con fuerza de sus hombros.

—Dios, Colin… por favor…

Finalmente se apiada de mí y se mete un pezón a la boca, chupándolo y lamiéndolo hasta dejarlo duro y erecto. Cuando está conforme, pasa al otro pezón y lo atiende de la misma forma.

Lo tomo del rostro cuando siento que ya no puedo más y lo beso con pasión, introduciendo mi lengua dentro de su boca, excitándolo mucho más.

Llevo mis manos a su camisa y comienzo a desabotonársela hasta que finalmente se la quito. Observo su pecho y brazos marcados y lo acaricio con deseo.

Colin lleva una mano hasta mi panty y acaricia mi clítoris con sus dedos.

—Estás tan mojada…

—Cógeme, por favor —le suplico—. Te quiero dentro de mí.

Él me ayuda a levantarme y luego se pone de pie.

—Vamos a la cama.

Me toma de la mano y me guía por un pasillo hasta una puerta. Entramos a la que imagino es su habitación, pero ni siquiera presto atención al lugar. Colin me acerca a la cama y se arrodilla frente a mí, luego me quita el panty y observa con deleite mi vagina completamente depilada.

—Acuéstate.

Yo me siento en la cama y me dejo caer hacia atrás. Colin abre mis piernas y besa el interior de mis muslos, enviando descargas de placer por todo mi cuerpo.

—Tu clítoris está tan hinchado… mírate, dulzura, estás tan mojada…

Un fuerte gemido sale de mi boca cuando siento su lengua en mi clítoris. Arrugo las sábanas al estrujarlas entre mis dedos mientras siento a Colin lamer de abajo hacia arriba, deteniéndose en mi clítoris para estimularlo con la punta de la lengua y chuparlo.

—Voy a venirme si no te detienes… —suelto entre gemidos.

Colin me mira, relame sus labios y sonríe. Luego, se pone de pie y comienza a quitarse el cinturón sin dejar de mirarme.

—Eres preciosa.

Pronuncia esas palabras mientras se deshace del resto de su ropa y zapatos, mostrándome su imponente pene erecto. Está tan duro…

—Lo quiero en mi boca —susurro.

Él sonríe mientras se coloca un condón, luego se acomoda entre mis piernas comenzando a hacer fricción entre mi clítoris y su pene.

—Después… tenemos mucho tiempo.

Yo gimo cuando lo siento acercarse a mi entrada.

—Voy a cogerte duro, Emma…

—Sí… por favor…

Se inclina hasta que nuestros rostros están a escasos centímetros mientras yo rodeo su cadera con mis piernas. Colin me besa y entonces se introduce de golpe dentro de mí. Me sujeto con fuerza de sus hombros mientras dejo caer la cabeza hacia atrás.

—Mierda… qué apretada…

Suelta un gruñido excitado, saliendo completamente de mi interior para penetrarme nuevamente con fuerza. Llevo mis manos a su espalda y lo araño al sentir otro golpe más. Me volverá loca.

Colin me besa en los labios y luego baja por mi cuello hasta llegar a mis pechos, sin dejar de moverse dentro y fuera de mí. Me arqueo y dejo que mis caderas lo reciban con deseo, gimiendo y jadeando con cada embestida.

—Estoy tan cerca… —susurro excitada.

—No te contengas, dulzura…

Abrazo a Colin con fuerza al sentir cómo sus caderas se mueven con más velocidad, haciéndome ver estrellas mientras escucho el sonido que produce nuestra piel al chocar.

Esto es tan duro, tan intenso… siento mi piel erizarse mientras un fuerte orgasmo me golpea con fuerza, enviándome a volar muy alto.

—Dios… ¡Me vengo!

Gimo sonoramente mientras Colin continúa moviéndose con fuerza. Me contraigo alrededor de su pene con fuerza, provocando que él gruña, viniéndose unos segundos después. Colin me mira a los ojos con pasión y me besa, mordiendo suavemente mi labio inferior mientras recuperamos poco a poco el aliento.

—¿Estás bien? —me pregunta.

Asiento con la cabeza, tratando de controlar los últimos espasmos de placer que me golpean, haciéndome gimotear suavemente. Él sonríe y, después de salir de mi interior, se levanta de la cama y se dirige a lo que supongo es el baño.

Me levanto de la cama con las piernas un poco temblorosas y me sujeto del respaldar de la cama para no ir a dar al suelo.

—Mierda…

Escucho la risilla de Colin desde el baño y lo maldigo. Cuando finalmente siento que puedo mantenerme en pie, camino hasta donde está él.

—¿Hace cuánto no cogías, Emma?

Colin está de pie frente a la tina de baño que está llenándose de agua caliente. Él se gira un poco hacia mí, mostrándome su pene ya sin condón, completamente duro de nuevo.

—No lo recuerdo —respondo a su pregunta—. No es que haya salido mucho. Ni siquiera he tenido novio.

—¿Nunca?

Niego con la cabeza.

—Siempre estuve pendiente de mi abuela, así que no tuve mucho tiempo para salir con chicos.

Lo observo cerrar la llave de la tina y, seguidamente, echar jabón líquido, provocando que el agua se llene de espuma y burbujas.

—Cuando ella murió, me centré en el trabajo. Tuve muy pocas experiencias sexuales. La mayoría de las veces eran decepcionantes, aunque yo no tuviera experiencia. Siempre fue mejor ir a casa y darme placer yo misma.

Él me mira y sonríe. Luego toma un condón de un cajón y se lo pone rápidamente.

—¿Cómo te das placer? —pregunta acercándose a mí.

—Tengo mis juguetitos.

Sonríe mientras recoge mi cabello en un moño alto y lo sujeta con una liga negra.

—Tendrás que mostrármelos después.

Toma mi mano y me guía a la enorme tina. Entramos y nos acomodamos, quedando yo sentada sobre sus piernas con mi espalda contra su pecho.

—Tú obviamente has tenido muchas parejas, ¿cierto?

—¿Por qué crees eso?

—Bueno, sabes hacer moños y tienes ligas para el cabello en tu casa. No me extrañaría que tuvieras ropa de mujer para tus citas casuales.

Lo siento sonreír contra mi cuello antes de besarlo.

—Sé hacer moños porque siempre era yo quien peinaba a mi hermana cuando estaba pequeña. Además, hay ligas para el cabello en mi casa porque ella siempre deja sus cosas aquí cuando se queda. Probablemente sí haya algo de su ropa en algún vestidor.

Me avergüenzo de inmediato mientras mis mejillas se enrojecen. Gracias al cielo que no puede verme la cara.

—Solo tuve una novia.

Me cuenta esto mientras pasa sus manos llenas de jabón por todo mi cuerpo.

—La quise. El problema era que mi madre estaba obsesionada con que me casara algún día con ella solo porque era de una familia igual de adinerada que la nuestra, así que se entrometía más de la cuenta en nuestra relación.

—¿Y qué pasó?