Lovely CAPÍTULO 2 #3
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CAPÍTULO 2 #3

—Un poco, sí. Mi madre es una mujer muy controladora, mi padre está muy concentrado en los negocios, de mi hermana ya te hablé y mi abuela… bueno, ella sigue viva porque su propósito es verme casado con por lo menos siete hijos.

Lo miro sorprendida.

—¿Tantos hijos?

Él se ríe, se nota que quiere mucho a su abuela.

—Es el sueño de mi abuela.

—¿También es tu sueño?

—Por supuesto que no. Pienso que un hijo es suficiente, pero no es que piense mucho en esas cosas. No está en mis planes casarme pronto.

Poco después, el mesero regresa con el plato fuerte y se lleva los platos de la ensalada, no sin antes mirarme de reojo.

—Voy a hacer que lo despidan —asegura Colin cuando nos quedamos solos.

Yo solo me río.

—¿Y tú? ¿Tienes familia?

—Bueno, nunca conocí a mis padres. Eran drogadictos y murieron debido a eso. Mi abuela materna fue quien me crio, murió hace tres años. No tengo familia de sangre, pero tengo tres amigas y compañeras de trabajo que se convirtieron en mis hermanas.

—¿Las que vi el otro día en tu camerino?

Yo asiento.

—Babydoll, Candy y Sugar.

—¿Se llaman por sus nombres artísticos? —pregunta con curiosidad.

—Sí, es más fácil. Si nos llamáramos por nuestros nombres reales, podríamos decirlos mientras estamos en el trabajo y sería un problema. Cuando salimos de compras o a algún lugar y nos llamamos por esos nombres, a las personas solo les parece que nos pusimos apodos cariñosos.

—¿Vives con ellas?

Asiento con la cabeza.

—Nos compramos un apartamento hace algunos años. Es grande y cómodo. Cada una tiene su propia habitación, así que vivimos muy tranquilas.

—¿Y cuánto tienes de trabajar como bailarina exótica?

No puedo evitar mirarlo con agradecimiento. Para muchos, ser bailarina de barra es un trabajo de baja calidad o de prostitutas, pero en realidad es un arte que merece ser apreciado. Agradezco que Colin lo llame así.

—Hace cuatro años. Mi abuela y yo vivíamos bien gracias a la pensión que ella recibía. Yo todavía estaba estudiando mi carrera de publicidad, pero tenía una beca, así que no había gastos de más.

Suspiro con pesar.

—De pronto, mi abuela comenzó a enfermarse. Necesitaba medicamentos, citas médicas, mejor alimentación… en fin, muchas cosas y no había suficiente dinero, así que busqué un empleo que me permitiera estudiar durante el día además de acompañar a mi abuela y así poder trabajar en la noche.

Los recuerdos de mi abuela me invaden y sonrío con tristeza.

—Encontré el Venus Pole Dance por pura casualidad y Foxy me aceptó de inmediato. De pequeña había estado en una academia de baile, así que era muy flexible y sabía moverme. Aprendí a bailar en la barra, me entrené y así comencé.

—¿Tu abuela qué pensaba de esto?

—Estaba encantada —le digo sonriendo—. Decía que su nieta era una bailarina impresionante.

Bajo la mirada a mi plato casi vacío y suspiro de nuevo.

—Pude darle todo lo que necesitó, pero su cuerpo ya estaba débil. Murió un año después de que entré a trabajar.

Colin toma mi mano y la acaricia suavemente, dándome apoyo. Yo le correspondo la caricia de la misma forma y sonrío.

—Estoy seguro de que tu abuela está muy orgullosa de ti.

—Gracias, Colin.

Él me libera y llama al mesero con la mano para que retire los platos y traiga el postre.

—Si estudiaste publicidad, ¿por qué no te dedicas a eso? —me pregunta luego de que el mesero deja el postre y se marcha.

—Bueno, los puestos que me ofrecían no eran en publicidad o la paga era muy mala.

De pronto, me sentí demasiado cómoda trabajando en el Venus.

La paga es muy buena y el trabajo me gusta, así que simplemente me quedé ahí.

Supongo que algún día lo dejaré y buscaré un trabajo en lo que me especialicé, pero no creo que eso pase pronto.

Meto una cucharada de crème brûlée en mi boca y Colin lleva sus dedos a mis labios, limpiando los restos de aquel delicioso postre.

—Me alegra que sigas trabajando ahí. Gracias a eso te pude conocer.

Mi corazón se acelera ante la ardiente mirada que Colin lanza hacia mí. Es evidente que se ha contenido durante toda la cena.

—El postre está delicioso —digo, intentando cambiar de tema.

—No lo sé… —comenta mientras mira mi cuerpo—. Aún no lo he probado.

—Colin…

Él me detiene llamando al mesero para que traiga la cuenta.

El mesero se acerca presuroso con la cuenta y Colin le entrega su tarjeta sin dejar de mirarme. El mesero se marcha con la tarjeta y regresa poco después con la factura.

Colin guarda la tarjeta y le deja algunos billetes de propina al mesero. Luego, se pone de pie y me ofrece la mano.

—Vamos, Emma.

Yo acepto su mano sin poder ni querer negarme y él me conduce afuera, donde su impresionante auto nos espera con su fornido chofer al lado.

—A casa, Johnson —dice Colin.

El fortachón hombre asiente con la cabeza mientras nos abre la puerta de los asientos traseros.

Colin me ayuda a subir y después se sienta a mi lado, donde coloca una mano sobre una de mis piernas, acariciándola lentamente.

—Prepárate, Emma —susurra en mi oído.

Yo trago con fuerza mientras el chofer comienza a conducir, llevándome a lo que muy seguramente será mi perdición.